08/02/2012

No sabemos vosotros, pero por aquí no recordamos un hype más exagerado que el de Lizzy Grant, aka Lana del Rey. Un fenómeno al que […]

No sabemos vosotros, pero por aquí no recordamos un hype más exagerado que el de Lizzy Grant, aka Lana del Rey. Un fenómeno al que nosotros mismos contribuimos en su día azuzados por esa belleza lujuriosa que recorre ‘Video Games‘. Quizás las que vinieron después, ‘Blue Jeans‘ y ‘Born To Die‘, no alcanzaron ese nivel de magia, aunque eran, y son, lo suficientemente buenas como para que la esperanza de un disco sobresaliente se mantuviese casi intacta. ‘Blue Jeans‘ de hecho dejaba entrever cosas muy interesantes: la guitarra vaquera, la métrica cerradísima («you fit me better than my favorite sweater»), arreglos medidos, coros perfectos, esa flauta tan acertadamente fuera de sitio… Calidad, vamos. Todas estas canciones, salvo ‘Video Games‘, caminaban no obstante en el filo de la navaja: a un lado, ese mundo de hi-fi colindante con el hip hop, con producciones ampulosas, glamour y sensualidad con mensaje; al otro, la vulgaridad, el todo a 100, el producto en su peor acepción posible. El peligro estaba ahí, aunque las mencionadas caían, y caen, totalmente en el primer lado. Juntas con ‘Video Games‘ forman un inicio de álbum que no por conocido deja de ser menos admirable. Lo que haría de Born To Die el LP que todos queríamos o disco que muchos temían, era el resto. Y el resultado es… sí, regular.

Lo es porque, en ese resto, encontrar algo equiparable a las mencionadas es complicado. Al disco se le empiezan a ver las costuras en la tercera escucha: estribillos que entran en masa en el minuto uno o alrededores, gritos sampleados, chicos malos, coches caros, vestidos cortos, yeahs y colchones orquestales presentes por contrato, sumen o resten, cuenten o no, como el ingrediente secreto de la fórmula. Las cuerdas, como todo, cuando se usan bien funcionan. Hay algunos ejemplos. ‘Blue Jeans‘ es uno, claro. ‘Million Dolar Man‘, en la que Lana se pone el traje de noche y afina los graves, sensual y llena, en uno de los pocos momentos de verdadera brillantez que presenta la segunda mitad del disco, es otro. Cabría rescatar también ese exceso total que es ‘National Anthem‘, que por alguna razón, por lo menos en las primeras escuchas, no repele a pesar de su brillantina. No pregunten. Eso sí, mejor no prestale demasiada atención lírica. Por supuesto: estribillo en el 1:00, grititos sampleados y sinfónica prêt a porter. Lana vuelve a ponerse solemne en ‘Radio‘, otra canción de diseño a la que es complicado no caer rendido de primeras, pero a la que tampoco es conveniente buscarle más capas de las que tiene. Verso, pre-estribillo, estribillo. Vuelta a lo mismo, pero doblado y con violines. Bueno, va, no sé. Lo mismo le pasa a ‘Dark Paradise‘, redondita, fácil, pegadiza, agradable… pero más bien llena de nada.

Llegando en la recta final del álbum, cuando el enésimo estribillo entra cuando se le espera, cuando la canción ni rompe ni entra en coma, cuando vuelve el vestuario, el amor eterno, la espera desconsolada, cuando todo vuelve a desarrollarse en esa suerte de intensidad media, ahiphopada y sugerente, en la que Lana ejerce de aspirante a novia Tipo Que Papá No Aprobaría –y aunque lo que se escuche no sea malo-, uno se cansa. Se aburre. Es la sensación de estar ante decenas de intentos de llegar al mismo sitio, la de ver cortos con títulos distintos pero que cuentan la misma historia con los mismos recursos, una y otra vez. Y uno se pregunta: ¿Qué hay aquí de nuevo? ¿Qué diferencia en lo esencial a la mayoría de estos temas de cualquier nueva pseudodiva vendida través de campañas de márketing menos eficaces que esta?

Cuesta creer como alguien que es capaz de dar tan en el clavo con una letra como la de esa balada postmoderna (amor y videojuegos, joder) que es ‘Video Games‘, puede caer en tantos tópicos como los que contiene ‘Summertime Sadness‘. Una canción en la que, a pesar de todo, se salva. Ella resulta creíble y vuelve a explotar ese lado oscuro tan magnético. Entre tanto exceso de producción, la voz de Grant aparece sin mácula a lo largo de todo el disco, saltando entres esos graves de fumadora divorciada y esos agudos felinos que no sabemos describir. Especialmente desnuda y sensual se muestra en este tema, que sería más grande si no estuviese tan vacío. Y es que estas dos canciones explican bien la decepción que nos recorre. Los caminos inexplorados terminan el ‘Video Games‘, eso es así. Esa es, de hecho, la clave.

El álbum, en suma, tiene momentos soberbios, la mayoría anticipados, y pasajes sorprendentemente anodinos. Momentos audaces, simples pero inteligentes, y momentos vulgares, en la música y en las letras, como una película de sobremesa sobre niños huérfanos. Canciones notables y sobresalientes, ya reseñadas, y artefactos como ‘Carmen‘, que no hay por donde coger (por no hablar de la ‘Lolita‘ de la versión extendida, un bochorno). Fácil de escuchar, fácil de distrutar a píldoras y probablemente fácil de olvidar en poco tiempo. Por descontado, no es un álbum a la altura del hype, aunque siendo este tan grande, esperarlo era ingenuo. Tan ingenuo como inevitable.

Al fin y al cabo, lo que ha trascendido y trascenderá a este Born To Die es el fenómeno que le ha sucedido y precedido: el auge y la caída de una estrella en menos de medio año. De la revelación de 2011 y gran esperanza para 2012 a sonora decepción y desencanto de la comunidad alternativa. Lo de Lana del Rey ha sido una versión acelerada de cómo se crea y se destruye una estrella: ella, sus managers, Internet o quien fuera supieron manejar bien el misterio del hype, desgranaron con precisión esas primeras canciones que capturaron a tantos e hicieron crecer el interés de muchísimos más. A partir de ahí, sin embargo, la cosa se fue de madre, y Lana del Rey estaba apareciendo en portadas de revistas y acaparando esperanzas cuando prácticamente no había demostrado nada. De ahí que, de tan alto que estaba el listón, cualquier movimiento fuera mirado con lupa, de ahí que una mala actuación en Saturday Night Live (un sitio al que, para empezar, no debería ni haber ido) fuera criticada como nunca, de ahí que haya cancelado sus actuaciones en el SXSW y retrasado su gira australiana. No sabemos si Lizzy acabará por cumplir su propio pronóstico de que quizá no haga más discos, pero es muy probable que haya sido víctima de su propio éxito. Y en solo seis meses.

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