11/01/2012

Durante las últimas horas apenas se habla de otra cosa: el cartel del Coachella 2012, posiblemente el mayor festival del mundo, el que abre oficialmente […]

Durante las últimas horas apenas se habla de otra cosa: el cartel del Coachella 2012, posiblemente el mayor festival del mundo, el que abre oficialmente la temporada veraniega (aunque se celebre en abril) y el que quiere tenerlo todo antes que nadie. Antes que nada, un apunte: qué potencia, como anuncio, dar el cartel entero de golpe, del primer al último grupo. De los cabezas de cartel a los que tocan a las 11 de la mañana a pleno sol. Qué potencia, y qué largo de asimilar; uno no para de sorprenderse ante los grupos que la letra pequeña le descubre cada vez que mira de nuevo el cartel (EMA, Givers, Destroyer, Real Estate, Metronomy, Wild Beasts… ¡y estos son los más pequeños!). Segundo apunte: qué pedazo de cartel. Los grandes cabezas aparte (Radiohead son casi un clásico, The Black Keys nos encantan pero tampoco entendemos que estén a ese tamaño, y Dr. Dre & Snoop Dogg nos quedan un poco lejos), la segunda y tercera línea del festival es descomunal. Como cada año, da la sensación de ser un cartel en el que no falta nadie: de Pulp a Bon Iver, The Shins, Arctic Monkeys, M83, Cat Power, M. Ward, Jeff Mangum, Feist, The Rapture, St. Vincent, The Vaccines, Justice, Florence & The Machine, The Weeknd, Beirut, Girl Talk,… Madre mía. Por supuesto, una persona no podría ni empezar a ver la mitad de todos estos grupos en solo tres días, pero en fin, eso no es lo de menos ahora. Sí tenemos en cuenta, sin embargo, el tono especial de las reuniones con las que el Coachella ha podido contar este año. Se han ido al terreno del post-hardcore de finales de los noventa con dos nombres absolutamente imprescindibles como son At The Drive-In (anterior grupo de los miembros de The Mars Volta) y los suecos Refused. Y, aunque también queden lejos de lo que solemos tratar aquí, nos hacen una ilusión tremendas (aunque no sabemos si habrá oportunidad de verles por aquí).

Sea como sea, más allá del anuncio y del cartel, hay otra novedad muy significativa para este año: el festival se celebrará a lo largo de dos fines de semana consecutivos (del 13 al 15 de abril, y del 20 al 22 de abril), con idéntico cartel en ambas fechas. Lo cual abre un nuevo capítulo en lo que a macrofestivales se refiere. Hasta ahora conocíamos la experiencia de los festivales de Reading y Leeds, que se celebran simultáneamente con el mismo cartel en ambas ciudades del Reino Unido (funcionamiento por el cual optó el desaparecido Summercase, pero entre Madrid y Barcelona), o la reciente aventura del Primavera Sound de crear una especie de hermano gemelo pequeño en Oporto (el Optimus Primavera Sound 2012, con un cartel similar pero algo menor una semana después de la edición de Barcelona). Pero esto es nuevo, porque es exactamente el mismo cartel y exactamente en el mismo lugar. Y por una parte por supuesto que dividirá la afluencia de gente entre los dos fines de semana (aunque habrá locos que repetirán, seguro), pero por otra también rompe totalmente la dinámica tradicional de las giras, que consiste en que los grupos pasan uno o dos días en cada lugar en el tocan y luego se van a la siguiente. Algunos lo aprovecharán para hacer una pequeña gira por el sur, y otros para descansar una semana, pero sin duda resulta curioso.

Está claro que algo así solo puede hacerlo un festival de la magnitud del Coachella, capaz de tener a Radiohead tocando dos viernes consecutivos en el mismo sitio. Y, lo que es más relevante, con un aforo que directamente doblará el del año pasado, no tenemos ninguna duda de que el Coachella 2012 colgará el sold out en pocas semanas, incluso días. Eso lo veremos a partir del próximo jueves 13 de enero, cuando los abonos se pongan a la venta (los más baratos cuestan 285$). Y así, mientras bajan las ventas de discos y cierran tiendas, casos como este (o el del Primavera Sound) certifican que el público está ahí y sigue creciendo (a veces a un ritmo que no conseguimos ni siquiera entender), puede que a expensas –aunque sea indirectamente– de las propias ventas de discos o de los pequeños conciertos en salas de las ciudades, que la mayoría reconocemos como el mejor sitio para ver a casi todas las bandas del mundo.

La duda es: ¿hasta dónde puede crecer esto?

Publicidad
Publicidad