30/12/2011

Viéndola con un poco de perspectiva una vez está terminada, la lista de mejores discos estatales de este año nos ha quedado bastante bien compensada. […]

Viéndola con un poco de perspectiva una vez está terminada, la lista de mejores discos estatales de este año nos ha quedado bastante bien compensada. Hay, pues, un poco de todo; o eso creemos, al menos. 2011 ha sido, como viene siendo habitualmente últimamente, un buen año para la cosecha local, con esperadísimos segundos discos que cumplían las expectativas, sonados retornos y hasta nuevos signos de proyección en el exterior (¡que alguien descubra Mendetz a los ingleses!). Sea como sea, hemos tenido que escoger y estos son los 25 discos estatales con los que nos quedamos en este año al que solo le quedan dos días ya. Tienen una lista de Spotify con todos los discos uno tras otro (por si alguien tiene 14 horas libres seguidas), y… bueno, ya está. Que es tarde, todavía nos queda la lista de discos internacionales, y en el fondo solo mirarán las primeras posiciones, ¿no? Pues a ver qué les parece.

 

25. The New Raemon – Libre Asociación (BCore)

Cansado de la sonoridad pop de sus dos primeros discos, Ramón Rodríguez apuesta por teñir de oscuridad las composiciones de Libre asociación. En ocasiones recuerda a los extintos Madee, y tiene momentos álgidos como la descomunal ‘Llenos de gracia‘. En general, muy notable.

24. Senior i el Cor Brutal – Gran (La Casa Calba)

El segundo disco del valencio Miguel Ángel Landete es todo un compendio de folk americano en su sentido más amplio… cantado desde Valencia. Inmenso y épico en ‘Gran‘ y ‘La sort adormida‘, susurrado y frágil en ‘El bon any‘ y ‘Tots els ianquis que vull‘, prácticamente las doce canciones del disco dan en el clavo. Si fuera norteamericano tendría a medio mundo a sus pies.

23. Anímic – Hannah (BCore Discos)

Con Hannah, Anímic han querido despojarse de su lado más místico y optar por una cierta sencillez, siempre dentro de sus límites habituales. Es así como Hannah nos habla más de cerca, de tú a tú, con los elementos justos e imprescindibles (el juego de voces, las cuerdas,…) y consigue emocionarnos de manera más directa y menos rebuscada. Nos gusta.

22. La Estrella de David – Maracaibo (Canada)

Para muchos, David Rodríguez es uno de los genios incomprendidos que tenemos por aquí. Maracaibo es, sin embargo, un gran paso que deje de serlo (de incomprendido). Canciones de pop lo-fi con voz a lo Joe Crepúsculo y J (de Los Planetas), una lírica desconcertante y un sentido de la melodía por encima de lo normal.

21. Reina Republicana – Reina Republicana (Limbo Starr)

Los últimos compases del año nos han traído el debut del grupo liderado por Israel Medina (ex-Half Foot Outside), un tratado de pop vital y diverso, a ratos inocente, a ratos bailable, a ratos contundente. Diez canciones pequeñas que en conjunto contribuyen a formar un debut realmente disfrutable.

 

20. Manel – 10 milles per veure una bona armadura (Warner)

No hay estribillos, y hay más instrumentos que nunca. Esa es probablemente la mejor descripción del segundo disco de Manel. Los catalanes, en su esperadísimo segundo trabajo, se dedican a jugar con la instrumentación, a prescindir de las repeticiones, y a pesar de todo consiguen facturar joyas de pop estratosférico como ‘Benvolgut‘, ‘El gran salt‘, ‘Boomerang‘ o ‘El Miquel i l’Olga tornen‘. Apuesta arriesgada, y victoria merecida.

19. Odio París – Odio París (El Genio Equivocado)

Con el debut de Odio París nos pasa algo similar a The Pains of Being Pure at Heart (a los que, por cierto, Odio París deben mucho) o Yuck: no inventan nada, pero es innegable que lo hacen muy bien. Y como tiene mérito eso de hacerlo tan bien, y tiene mérito contar con canciones tan redondas como ‘Don de Traci‘, ‘Cuando nadie pone un disco‘ o ‘Uno de noviembre‘ en un debut, pues nos han cautivado. Y aquí están.

18. Russian Red – Fuerteventura (Sony)

Querido lector que crees que este es el disco del año y que no lo reconocemos porque somos unos indies baratos: no. Lo sentimos, pero Fuerteventura no es perfecto, no es sublime, no acierta siempre (la propia ‘Fuerteventura‘). Querido lector que piensas que este disco debería ser quemado en la plaza pública y que lo metemos para provocar o porque cedemos al mainstream: no. Lo sentimos, pero Lourdes Hernández nos ha callado la boca a los que augurábamos un bluf. Fuerteventura, con su pompa y su bombo, es un disco amable, bonito y sencillo. Perfecto para un domingo en bata. No sólo la impecable ‘The Sun, The Trees‘ convence: ‘Everyday Everynight‘ suena a clásico instantáneo, ‘My Love is Gone ‘ es una delicia y ‘Brave Soldier‘ otra. No pedimos más. Eso sí, RuRe, ‘I Hate You But I Love You‘ es un tostonaco.

17. Lisabö – Animalia Lotsatuen Putzua (Bide Huts)

Añadido de última hora en la lista (porque su disco acaba de publicarse), los vascos Lisabö mantienen intacta su apuesta cuatro años después del fenomenal Ezlekuak: esto es, post-hardcore con mala leche en la línea de Fugazi o los primeros Standstill. Rabia, contención, exploración, explosión. Para oídos entrenados.

16. Maria Coma – Magnòlia (Amniòtic Records)

Maria Coma ha usado su segundo disco para desprenderse del cierto aire ingenuo que algunos le colgaron por un par de canciones de su primer disco. En Magnòlia, ha querido explotar todas las texturas que su pop basado en el piano puede generar, y con la ayuda del inefable Pau Vallvé a la producción ha logrado vestir canciones poderosas pero delicadas, difíciles pero epatantes. Bravo.

15. Sr. Chinarro – Presidente (Mushroom Pillow)

Ya no es una excepción: Antonio Luque está en un constante estado de gracia. El que podría ser el último disco de Luque firmado como Sr. Chinarro es otro tratado, como los tres anteriores, de joyas pop redondas, de letras incisivas pero cercanas (‘Una llamada a la acción‘, ‘Vacaciones en el mar‘, ‘San Bordondón‘), de felicidad con algunos claroscuros. Sr. Chinarro, presidente ya.

14. Lüger – Concrete Light (Marxophone)

A lo tonto, en un par de años y con un par de discos estos chavales de Madrid se han consolidado como una de las bandas más interesantes del panorama nacional. Lüger han sido capaces de enajenarnos en esa composición como nacida de las entrañas del infierno que es ‘Draculas Chauffeur Want’s More‘, sí, pero también de hipnotizarnos con ‘Belldrumer Motherficker‘, que abre la edición física de este Concrete Light. Son sólo siete canciones, sí, pero dejan muchos momentazos: el bajo de ‘Hot Stuff‘ no se lo ocurre a un mindundi y hay que tenerlos bien puestos para atreverse con una composición como ‘Zwischenspiel/Quidquid latet apparebit‘, con sitar y mantra. Aquí hay muchísimo más que rock. Si su disco de 2012 continúa la progresión ascendente… ojo.

13. Za! – Megaflow (Acuarela)

¿Qué decir de Za? Salvajadas musicales con mucho más sentido del que podríamos pensar en un principio. Improvisación. Locura. Experimentación. Ruido. Entrega. Voces, guitarra y batería. Para vivirlos al 100% hay que experimentarlos en directo, pero como antesala, o a falta de alguno de sus inconmensurables conciertos, está Megaflow.

12. Bedroom – El fum blanc (Foehn Records)

Los Bedroom de Albert Aromir son todavía el secreto mejor guardado del pop más delicado cantado en catalán. Y las diez canciones de El fum blanc nos dividen al respecto: por un lado sentimos la necesidad de que más gente escuchen estas obras de orfebrería poética, y por el otro nos encanta esa sensación de misterio, de secreto a voces que desprenden las canciones de Aromir. Pueden escuchar esta maravilla, pero no se lo digan a nadie…

11. Bigott – The Orinal Soundtrack (Grabaciones en el mar)

Con permiso de Joan Colomo, Bigott es posiblemente el músico más versátil del año. En este brillante The Orinal Soundtrack se atreve con la música de baile (descomunal ‘Cannibal Dinner‘), con los aires tropicales (‘Turkey Moon‘) e incluso con las delicadas baladas adornadas con voces angelicales (‘Bar Bacharach‘), siempre con resultados increíbles y con una coherencia de disco inaudita. Qué tío.

 

10. Mendetz – Silly Symphonies (Music Bus)

Mendetz dejan atrás el perfeccionismo casi enfermizo de Souvenir y por fin se sueltan. Con todo lo que han aprendido, con todo el bagaje musical que manejan, y con todo lo que podrían ser, es lo mejor que podrían haber hecho. No hay más que escuchar hits inmediatos como esa ‘Plasticine‘ que tanto nos gusta, como ‘Hap Your Clands‘ o ‘Phantoteque‘ para determinar que por fin Mendetz han hecho el disco que tenían dentro. Silly Symphonies tiene espacio para momentos divertidos como los de ‘Escalera‘ o ‘Spam‘, e incluso para la primera balada del grupo, de glorioso nombre además: ‘Laudrup‘. En conjunto, un disco disfrutable de principio a fin y que no debería quedarse dentro de nuestras fronteras.

9. Disco Las Palmeras! – Nihil Obstat (Matapadre)

Pese a que no hay noise puro en este disco, ni tampoco un nihilismo sin fondo en las letras, es pulsarel play y quedarse sobrecogido en el acto por las guitarras cavernosas, las baterías marciales y la mala leche vertida en las once canciones de este álbum. Disco Las Palmeras! nunca proclamarían Eskorbuto al Parlamento, pero sí que nos interpelan directamente sobre nuestra sumisión hacia los poderes más tradicionales: “¿Por qué hacéis caso a los idiotas?”. En este año tan políticamente sangrante, donde las calles tardan en arder, hace falta una banda sonora que transmita la rabia, y aunque Nihil Obstat no es bandera de nada, calma –un poco- el hambre incendiaria. Chicos trabajadores (desecharon decenas de canciones para su debut) se han bautizado con un álbum notable. Si pulen algo más las voces y las guitarras, llegarán sin problemas al sobresaliente, sin salirse del mundo imperfecto y sucio en el que merecen estar.

8. Nudozurdo – Tara Motor Hembra (Everlasting Records)

Leo Mateos es un personaje interesante. Altísimo, delgado y con pintas de modelo desnutrido tiene una de las plumas más agresivas de un país, este, que presume de tener unas cuantas. Las canciones de Tara Motor Hembra rezuman una pasta oscura y espesa.«Todas las heridas que me han hecho / viendo siempre como sangran para dentro / para dentro…», canta en ‘No me toquéis‘ antes de que la canción se adentre en un pasaje instrumental hilado por una guitarra dolida que parece, justo, desangrarse. Todo lo que me salen de los dedos son referencias al mal rollo, al rencor, a la rabia y a una violencia poco o nada disimulada. Pero es que, además de ‘Prometo hacerte daño‘, ‘Prueba/error‘, o ‘Golden Gotelé‘, la segunda mitad del álbum deja piezas como la enorme ‘Laser Love‘, otra vez con esa voz que aquí suena como desde una catedral vacía, con esa utilización impecable del bucle, de la distorsión… «Sólo tú estás dentro / has devorado el dolor de mi pecho / sólo tú estás cerca / siento el calor en mis venas». Agárrate.

7. Fernando Alfaro – La vida es extraña y rara (Marxophone)

Y el sudor se convirtió en agua bendita. Uno atiende a la humedad lasciva e insoportable de ‘Fuerte!’ o ‘Mi hermano carnal’, de los Surfin’ Bichos de 1992, y lo compara con el sepelio elegante de ‘Extintor de incfiernos‘  del Fernando Alfaro de 2011, y no puede pasar por alto el cambio cualitativo. Coño, es que han pasado veinte años. Entre medias, muchos proyectos musicales (todos ellos brillantes) y experiencias varias. Ya no hay ademanes canallas, sólo amagos de la muerte, por aquí y por allá. No somos jóvenes musculados, sino maduros peinando canas y calvas, tímidos ante el público. Fernando Alfaro, ni Chucho ni Alienistas ni gaitas: sólo él, solo ante el peligro. Por fin. Su estreno en Marxophone no pudo ser más redondo. Desde la portada, con un caricaturesco Fernando precipitándose a un vacío incierto hasta el estribillo de ‘Un viaje largo’, donde nos volvemos a reconciliar con lo-que-sea. Todo es extraño y raro, y cantar sobre ello no resuelve ni ayuda: tan sólo distrae pero, joder, ya es bastante.

6. Christina Rosenvinge – La joven Dolores (Warner)

Ni rupturas formales, ni influencias electrónicas o tropicales: el último disco de Christina Rosenvinge es, simplemente, otro paso. Sin más ni mangas, siguiendo la senda marcada por Tu labio superior, esa maravilla de 2008. Hubo quien pensaba que aquel disco hablaba del inicio de una relación y el que nos ocupa, de una ruptura. Para quien le guste calentar auriculares rastreando dobles y triples lecturas, está bien como teoría. Pero la realidad es implacable: sin hacer guiños a nadie, Christina sigue amparándose en la soledad, la violencia, las obsesiones de siempre, los símbolos y los mitos. Todo ello envuelto en un pop de algodón, pero con puñales escondidos en cada pliegue. El juego es muy entretenido, aunque a nadie curtido le puede sorprender: Christina Rosenvingesiempre fue así de revoltosa, incluso en los mejores tiempos de la radiofórmula. Producción exquisita, abanderados (Benjamin Biolay, Georgia Hubley, Steve Shelley) de lujo.

5. Nacho Umbert – No os creáis ni la mitad (Acuarela)

Cuando las historias salen solas, ¿para qué esperar? Es lo que ha debido de pensar Nacho Umbert, que apenas un año después de volver al mundo de la música con el susurrado Ay…, renueva su asociación con Refree para brindarnos No os creáis ni la mitad, un segundo disco continuísta respecto al primero que sigue constando de bonitas historias contadas de tú a tú con una delicadeza extrema. La dulzura que desprenden estas diez canciones compuestas por Nacho Umbert y vestidas por Refree nos llevan a empatizar con cualquiera de los personajes que pululan por ellas, desde la chica espectacular al Sr. Esteve a ese superhéroe que algún día fue Superman. La joya de la corona es esa ‘No os creáis ni la mitad‘ que sirve de enlace entre el primer y el segundo disco, en un ejercicio deslumbrante de autorreferencia sincera. Bravo, Nacho.

4. Antònia Font – Lamparetes (Robot Innocent)

Cinco años hemos tenido que esperar para tener entre manos un nuevo disco de los mallorquines Antònia Font. Pero cualquier espera es válida si el resultado supone una joya como este Lamparetes, disco en el que por fin Antònia Font se abalanzan hacia el pop, en un ejercicio de concreción y ganas de gustar que no veíamos en ellos desde aquel lejano Alegria. Las coordenadas siguen siendo las habituales (pop mediterráneo, letras surrealistas,…) pero esta vez las maravillas se cuentan con las dos manos: ‘Me sobren paraules‘ es un hit sin paliativos, ‘Abraham Lincoln‘, ‘Es far de Ses Salines‘ o ‘Es canons de Navarone‘ actualizan su versatilidad en las distancias cortas, y luego cuentan con el mejor trío de canciones que hemos escuchado este año: ‘Clint Eastwood‘, ‘Icebergs i gèsiers‘ y ‘Calgary 88‘, del tirón, con su vaivén inicial, su crecida épica y la culminación con la preciosa historia de amor entre los gimnastas. Sencillamente redondo.

3. Joan Colomo – Producto Interior Bruto Vol. 1 (BCore Disc)

Vale, nos cae muy bien Joan Colomo, pero tan injusto sería ponerle aquí arriba por colegueo como no hacerlo para que no se nos acuse de tal. Al final, hablan sus temas, y la verdad es que lo hacen bastante claro. ‘Pirotecnia barata‘ se coló en nuestra lista de canciones por infecciosa y necesaria, pero es que todo este Producto Interior Bruto vol. 1 lo es. Hay que urgar en la producción nacional para encontrar perlas como ‘Màgic‘, una canción de menos de 2 minutos que es un tratado de la simplicidad, lleno de eso, de magia. Parece que al tipo no le cuesta nada, las canciones se desarrollan sin esfuerzo, evolucionan como si esa fuese su única forma posible, todo cuesta abajo. Entre el castellano y el catalán, Colomo canta como sin tomarse en serio, como si lo hiciese para niños, con canciones como juguetes con las que hace lo que le da la gana. Si de pronto quiere meter un piano latino (‘A Contrapel‘) lo mete; si quiere hacer una canción trotona sobre ir al Alcampo, la hace; que de pronto quiere darle una bofetadita a la industria musical citando a la FNAC, el Corte Inglés y a los Beach Boys, adelante. Libertad pura y dura. Eso sí, no se confundan, Colomo no es una coñá: ‘Hort Mort‘ no lo es, y el trasfondo que hay en todas y cada una de sus canciones tampoco. Esto va muy en serio.

2. El Columpio Asesino – Diamantes (Mushroom Pillow)

En sus discos anteriores, El Columpio Asesino habían pecado de ser algo inaccesibles y demasiado oscuros. Y cuando eso pasa, salvo contadas excepciones, la evolución natural es apostar por hacer más accesibles las canciones a cada disco. En ese sentido, Diamantes de El Columpio Asesino está en el punto justo, tiene el equilibrio perfecto entre una sonoridad oscura y un poco tarada (sintetizadores lánguidos, bajos crujientes, letras retorcidas) y el acierto de estribillos como los de ‘Toro‘ y ‘Diamantes‘ o la docilidad de ‘Dime que nunca lo has pensado‘. Diamantes podría ser el sucesor honorífico de Año santo de Triángulo de Amor Bizarro el pasado año (‘On The Floor‘, de hecho, es muy TAB), con la diferencia de que compensa la explosión de distorsión con temas más reposados que recuperan el espíritu de bandas míticas como Chucho o Mercromina. Mención aparte a ‘Toro‘, el hit indiscutible del año, y a atreverse a llamar ‘MGMT‘ y ‘MDMA‘ a dos canciones del disco. Esta última, por cierto, cierra brillantemente el álbum en un mar de psicodelia electrónica altamente… sugestiva. Y supone un cierre brillante para un disco que derrocha la mala leche justa, que se deja querer pero cuando quiere joderte lo hace.

1. Manos de Topo – Escapar con el anticiclón (Sones)

Cada vez hay menos razones para sostener esa teoría de que a Manos de Topo «o los amas o los odias«. Cada vez es más difícil no amarlos, cada vez cuesta más resistirse a sus joyas de pop deforme, que han ido limando públicamente a lo largo de sus tres discos. El tercero, Escapar con el anticiclón, es algo así como su disco definitivo, o al menos el que está más cerca de su trabajo ideal: dejan atrás la sonoridad de juguete y el amateurismo gracias a la acertadísima producción de Ramón Rodríguez (hay ecos de Madee en las guitarras de ‘Mentirosa‘, por ejemplo, y los medios tiempos ‘Haz tu magia‘ o ‘Maquillarse un antifaz‘ podrían ser canciones de Love of Lesbian si no tuvieran el toque diferencial de Manos de Topo), y sin embargo conservan esa lírica mordaz cada vez más depurada, amén de la capacidad de facturar canciones de pop en mayúsculas sin apenas fisuras (‘Tus siete diferencias‘, ‘Tragedia en el servicio de señoras‘,…). También conservan, claro, su rasgo diferencial: la afectada voz de Miguel Ángel Blanca, algo menos estridente en este disco; ese arma de doble filo que todavía aleja a oyentes pero que al mismo tiempo convierte a Manos de Topo en el grupo más especial que tenemos por aquí. Acertadísimo que hayan optado por depurar el aspecto instrumental y de composición y hayan seguido fieles a su identidad, lo que les ha llevado a Escapar con el anticiclón. Su obra maestra particular.

Publicidad
Publicidad