06/12/2011

Cuesta algo entender la espectacular acogida que ha tenido el segundo largo de los norteamericanos Real Estate. Un catálogo de canciones de pop de manual […]

Cuesta algo entender la espectacular acogida que ha tenido el segundo largo de los norteamericanos Real Estate. Un catálogo de canciones de pop de manual que exigen cierta implicación para evitar quedar relegadas al cajón de sastre. Así que una vez hecho un primer guiño de complicidad y con un tardío invierno asediando Madrid, la Sala Sol es el oasis donde resguardarse del frío y comprobar si el quinteto de Nueva Jersey puede impregnar algo de calidez a un repertorio tan preciosista como aséptico, de la mano de Heineken Music Selector.

El aperitivo lo ponen dos jóvenes imberbes que juegan sus bazas sobre cajas de ritmos y sintetizadores, y tan solo alguna guitarra como concesión a la cultura analógica. Beat Connection se avistan rápidamente como deudores de Cut Copy o Neon Indian, electrónica simpática que echa de menos una formación más amplia que rehuya del exceso de cacharros. El cierre lo hacen con la reseñable ‘In The Water‘, que evoca a un inmaduro ‘Stay Close‘ de Delorean.

Con la sala aún con espacios y con alguna celebridad entre el público, como la ínclita Lourdes Hernández (Russian Red), aparecen encamisados los cinco miembros de Real Estate. Pese al escepticismo inicial, la primera, ‘Beach Comber‘, sirve sobre todo para comprender, aunque no necesariamente para compartir, el embeleso con el que algunos reciben a la banda. Porque es cierto que las canciones de Days son mejores que lo que pueden parecer en un primer momento. Desde luego, no van a optar a banda más salvaje del  momento. Para evitarlo ya pone todo su empeño Martin Courtney, una voz melosa al estilo de Ben Gibbard pero con una abnegada introversión que resulta exasperante.

También queda claro que manejan bien su repertorio dentro del limitado espectro emocional de sus canciones. Los momento más reflexivos de la instrumental ‘Kinder Blumen‘ se contraponen al contenido entusiasmo de ‘It´s real‘, en la que el público se incorpora a lo coros. También rescatan las mejores piezas de su primer LP homónimo de 2009, como ‘Fake  Blues‘. Un bloque central del concierto en el que destacan ‘Municipality‘, ‘Youger Than Yesterday‘ o la estupenda ‘Out of Tune‘.

Precisamente esta última sirve para demostrar sin ambages la predilección de la banda por los desarrollos instrumentales con predominio de las seis cuerdas. De ello es claro indicio el largo e hipnótico deceso de ‘All the Same‘, que desemboca en un primer adiós. La obligada vuelta corrobora las pocas aptitudes vocales del bajista Alex Bleeker en ‘Wonder Years‘ que, para hacer justicia, es el único miembro que supone un contrapunto al marcado estereotipo del resto de la banda y que intenta aliviar el tedio producido por Martin Courtney.  El concierto de una hora casi exacta fue muy correcto tanto en la selección de temas como en la acústica. Y quizá sea ese el mayor problema de todos. Un exceso de compostura que podría presidir un auditorio repleto de corbatas y zapatos italianos.

Texto: Carlos Marlasca 
Fotos: Dani Carretero para Heinekenpro.com

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