20/11/2011

«Ahora lo mejor que puedes esperar es que te coja Subterfuge y te lo roben todo». Ir de cañas por Madrid es la mejor manera […]

«Ahora lo mejor que puedes esperar es que te coja Subterfuge y te lo roben todo». Ir de cañas por Madrid es la mejor manera de analizar las particularidades de la fauna humana que habita tan demente ciudad. Un buen contexto para despotricar contra las multis, reconocer el amor de madre y admitir que son malos tiempos para la lírica y, ya que estamos, que La Movida no fue tan buena idea. ¿Dónde se cuecen estas conversaciones? Fácil: en una de las infinitas tascas que florecen en las inmediaciones de Plaza de España. Allí se observa una peculiar escena. El lugar parece bastante castizo. En la barra, pinchos de tortilla. Mesas de madera oscura. Barriles vacíos de cerveza que hacen las veces de asiento. Un puñado de parroquianos, de entre 40 y 60, degustando sus dobles, y a mi izquierda un hombre le enseña al barman unos discos. “Mira, éste es fantástico”. En mi cabeza flotaban cientos de posibles, pero jamás hubiera pensado que podría ser el Let’s get out of this country, de Camera Obscura. Fíjate tú. La conversación pinta interesante, y justo entonces aparecen por la puerta Edu García (guitarra y efectos, primero por la derecha en la foto de arriba) y Mario Zamora (teclado y sintetizadores, segundo por la derecha), de Lüger. Para los despistados: grupazo nacional, de canciones orgánicas. Aquí su bandcamp para más información.

Después de saludar al camarero (“es colega, tiene un poster nuestro en la puerta”), buscamos un sitio para sentarnos y empezar la entrevista. Les pregunto por qué han elegido ese lugar para charlar:

Mario: El tabernero es un buen amigo, además es coleccionista de discos. Radio City está aquí al lado, mucha gente compra discos allí y se viene aquí a tomar unas cañas y hablar de música.

Edu: Eso, el que tiene dinero para comprar discos.

Mario: El que no tiene dinero para discos viene aquí y se emborracha. Y luego dice que no tiene dinero para comprar discos.

Así son Lüger: relajados y con humor. La compañía perfecta para irse de cañas. Aunque no todo es tan amable como la hora del vermut. Edu: “Madrid te ataca. Si no viviéramos en Madrid no haríamos esta música tan esquizofrénica”. Esquizofrénica como en ‘Dracula’s Chauffeur Wants More’, uno de los temas de su último disco, Concrete Light: teclados espídicos, explosiones de guitarra. Muy peliculero todo.

http://www.youtube.com/watch?v=VLpxJhhox3s

Precisamente el cine deja su particular huella en la forma que tiene Lüger de hacer música. Edu: “Mi madre siempre lo dice, que lo que hacemos es música para pelis”. Mario: “Mi madre también, ella dice que las canciones más ambientales que tenemos son muy de banda sonora”.

¿La opinión de vuestras madres es importante a la hora de sacar adelante canciones?

Mario: La opinión de una madre es importante para todo.

Edu: A la mía le enseño las entrevistas y los vídeos de Youtube. Me echa broncas cuando digo algo que no debía. Es como un manager al que no se le hace caso.

Mario: La mía viene a conciertos, aunque no aguanta la música y luego dice que es bastante ratonera.

Aceptamos ‘ratonera’ como la mejor definición, signifique lo que signifique. Sintetizadores pinkfloydianos, sítares, Dráculas y monos en las letras… y se llaman como un arma del ejército alemán, fetiche de miles de pelis bélicas. Esto sólo es una parte: también han girado por los principales festivales nacionales, y han sacado dos discos. Dato importante, empezaron en 2009: “Nunca hemos estado más de un mes sin tocar desde que empezamos, eso no te da tiempo a pensar cosas nuevas, ni a pensar en general. Necesitamos un parón. Llevamos todo, aparte de la música: promo, distribución… las canciones no suponen ni el 10% de nuestro tiempo”.

Pero así sabéis dónde queréis llegar. No le rendís cuentas a nadie.

E: Claro, pero a veces nos gustaría tener a alguien que se ocupe de la gestión para poder ensayar más tiempo.

¿Lüger tendría lugar fuera de la autoedición?

E: Este último lo hemos autoeditado a medias con Marxophoneque son nuestra agencia de contratación. Cumplen con su papel, aunque queremos controlar ciertas cosas de nuestro trabajo. Por un lado está la parte artística, y por otra está lo que funciona para la gente.

M: Hemos tocado techo, este año hemos estado en muchísimos sitios: Primavera Sound, El Día de la Música, Sonorama… ahora nos toca pensar si tiramos por otro lado o qué hacemos. No creo que esto tenga más chicha en cuanto a promoción.

E: Teniendo en cuenta el tipo de grupo que somos, sabemos que no nos vamos a convertir en Vetusta Morla pasado mañana. Hay que ser realistas.

M: Alucinamos un poco con la repercusión que hemos tenido, dentro de nuestros límites. Bastante es que se hable de nosotros, haciendo este tipo de música. No hacemos nada rarísimo, pero para ser España es arriesgado.

Imaginad que algún día sois el grupo más conocido de España. ¿Os sentiríais cómodos?

M: No tiene que molar nada, lo único sería si la condición fuera seguir haciendo lo que queremos. Y tener mucho dinero.

E: Para comprar discos, venir aquí de cañas…

Vuestras canciones suenan muy orgánicas, como un extraño animal que se mueve y respira.

E: Nuestras canciones son muy simples, las tocaría un niño de cinco años. Lo que pasa es que mezclamos más instrumentos de los habituales. Técnicamente somos muy limitados. Menos es más siempre; si somos limitados, más; y si además somos cinco, más aún. Porque si no, se hace un batiburrillo.

M: Soy de los que creen que tener mucha técnica te termina por limitar. Estás juzgando en todo momento si lo que haces es académico o no, si los acordes son correctos según tal o cual escala… y ojo, que a mí me gustan Soft Machine y me escucho encantado su discografía.

E: Pero por cada Soft Machine hay cincuenta Pat Metheny o George Benson, que no hay quien se los fume. Hay mucho jazz-fusión chungo de ascensor por ahí.

¿Qué estilo jamás adaptaríais?

M: Precisamente el jazz, porque no lo sabemos tocar.

En otra entrevista comentáis que vuestra forma de tocar y grabar es muy democrática. Muchos dicen que vuestras influencias son psicodélicas o del krautrock, pero esa visión tan horizontal de la música, donde todos los instrumentos aportan lo mismo, es claramente jazzística…

E: Más que el jazz, el free jazz. Muchas veces en el jazz clásico es el piano o la trompeta quienes llevan la voz cantante. En el free jazz se ve más el rollo de “Todos a una, Fuenteovejuna”.

M: “O follamos todos o la puta al río”.

E: También, también, no quería ser soez.

M: El rollo democrático en nosotros viene porque llegamos al local de ensayo y no tenemos nada preparado desde casa. Se pone uno a tocar y el resto le sigue. Por eso es sencillo: si separas las partes y oyes la batería o la guitarra por separado ves que no estamos haciendo nada.

Vuestro directo es bastante fuerte a veces, y coquetea con el metal progresivo de grupos como Tool. ¿Es una influencia?

E: No.

M: Más cerca de Black Sabbath, quizá…

E: De pequeño escuchaba mucho metal, pero el rollo este más moderno… de Tool, hasta el Ænima. Después no hay quien se los trague. El Lateralus lo veo muy frío. Me pasa lo mismo con Nine Inch Nails. La idea no está mal, pero el sonido es tan perfecto y tan frío que pierde la gracia.

Dos discos en dos años. ¿Habrá tercero el año próximo?

E: Seguramente. Todo el mundo nos dice que es mala idea.

M: Si viviéramos de esto, sacaríamos tres discos al año.

E: No, al revés, si viviéramos de esto e hiciéramos caso a la gente que sabe del negocio…

M: Si tuviésemos la pasta suficiente para darnos el capricho de no tener que vivir de esto, habría tres discos al año. Al final sale el 10% de la música que pensamos. El problema es el tiempo.

Habéis hablado de la necesidad de crear un organismo como la SGAE pero que defienda el copyleft.

M: La Fundación Robo está haciendo historias, y luego David Aristegui está defendiendo el copyleft a través de nodo50.org. Trabaja con un pequeño manifiesto, una llamada a los artistas españoles a usar Creative Commons. Nosotros mismos difundimos nuestro trabajo a un precio libre, incluso gratis.

E: No vamos a ganar dinero haciendo esta música. Regalamos nuestro primer disco, y se agotó. Quinientas copias en vinilo. A las pruebas me remito. Funcionó a un nivel pequeñito, pero, por ejemplo, las multis no sacan muchas más copias en ese formato.

M: Es una tontería ver la piratería como un problema. Nuestros padres copiaban casetes para recomendarse música de Serrat o de Víctor Jara, y luego iban a los conciertos.

Estuvisteis en EEUU, en Francia… ¿veis mercado allí?

E: Sí, pero estás más en tensión.

M: Quince conciertos en veinte días, es demasiado.

E: Pero la gente se portó genial. Nos acogieron en su pequeño circuito de conciertos, dormíamos en su casa… hasta sonamos en WFMU. Flipante.

M: Las radios generalistas de aquí, e incluso las independientes, como Radio3, que de independiente tiene cero, están centradas en un estilo muy cerrado. En EEUU, en cambio, suena cualquier música.

E: Y luego a esa radio van Yo La Tengo o Sonic Youth a tocar por la cara, porque reconocen la labor que hace esa emisora y el valor cultural que tiene. Todo el mundo apoya: los oyentes con sus donaciones, los grupos, etc.

¿Qué le falta a este país para que pasen ese tipo de cosas?

M: No es que falte, lo que sobró fue el franquismo.

E: Y aquí todo el mundo va al negocio. En Madrid no hay salas que programen ellas mismas, salvo Gruta77, que va a su rollo. No hay nadie que se sienta orgulloso por traer grupos, sino que se sienten orgullosos porque se están forrando.

M: Aquí es un pillaje. Otra forma de hacer dinero. En EEUU se ve como otra forma de vida.

E: Luego hablan de los americanos como los más individualistas. Pero allí la misma gente del público te ofrece dormir en tu casa. Eso no pasa en España.

M: Volviendo al franquismo, durante esos años de cerrojo hubo mucha música que se hacía fuera de España, y que aquí no entró. La gente en Francia controla mejor de música, como lo de Chalon sur Saône, donde tocamos en un matadero antiguo cedido por el ayuntamiento a las asociaciones culturales.

E: Aquí eso se lo ceden a Red Bull, a Heineken… a gente que hace negocio, no cultura. Lo más parecido es la Tabacalera de Madrid.

Habrá quien piense que vuestro sonido pide lugares más adecuados para explotarlo al máximo, como auditorios, aunque vuestra actitud encaja mejor en las salas corrientes… ¿tenéis alguna preferencia?

M: En un teatro me fliparía.

E: A mí con niños, en un colegio.

M: Disfrazados de Reyes Magos, tocando la guitarra.

E: Son el público más auténtico. No saben quién eres, ni la música que haces, les da igual. Si les mola saltan, si no, llaman a su padre para que se vayan a casa. No hay trampa ni cartón.

Últimamente, parece que hay una mini-ola de grupos que, sin tener nada que les una, comparten cierto sonido perturbador (Ornamento y Delito, Odio París, Disco Las Palmeras!). ¿Es casualidad o no?

E: Conocemos a Disco Las Palmeras! y lo único en lo que coincidimos es en meter ruido. Venimos de sitios muy diferentes. No tenemos un pasado común, ni mucho menos.

M: Lo único común es que queremos hacer algo diferente. Hay grupos que no tienen dónde meterse, y terminan juntándose.

E: Con ellos tenemos una relación de hermanamiento. Una vez se nos jodió la furgoneta, y en lugar de cancelar el bolo con ellos, nos consiguieron otra furgoneta, nos la trajeron… se esforzaron. Nos tenemos cariño. En la forma de hacer las cosas vamos del mismo palo. Intentamos apoyarnos.

Si nos salimos de lo musical, hay quien puede ver en el momento actual un buen caldo de cultivo de músicas que transmitan rabia, como en su tiempo pasó con el punk…

M: No nos llama la música politizada de manera explícita. Nos gusta más el trasfondo, la mala leche.

E: Si viviéramos en el Puerto de Santa María haríamos una música más relajada y bonita. No es el caso.

¿Creéis que la música puede cambiar las cosas?

E: A la gente se la suda.

M: El rollo de hacer música diferente se seguirá manteniendo, pero va a ser más clandestino de lo que es. No va a afectar directamente a la sociedad. Los grupos en lugar de buscarse una discográfica se lo montarán por su cuenta, se currarán las portadas a mano, sacarán tiradas de 200 copias….

E: De todos los amigos que tengo metidos en discográficas, ninguno está contento. Todos están pidiéndonos consejos. Mantener una estructura grande donde hay que pagar a gente viviendo de la música no es factible en muchos casos. No es culpa de las discográficas, pero han vivido en un mundo donde esa industria no…

M: (Interrumpe) Con la Movida hubo un boom brutal, y vinieron aquí muchas filiales de las multis. Tenían un huevo de dinero que invirtieron en grupos de mierda que habían tocado dos veces. No digo que fueran buenos o malos, pero de pronto se vieron con un contrato multimillonario. Es curioso porque ahora hay mucho más talento y la gente está más formada, y no hay medios para difundir eso. Ojo, no estoy despreciando para nada la Movida. Derribos Arias eran maravillosos, estuvieron en el momento adecuado, sacaron un contrato para grabar tres discos y vivir guay. Era el todo vale.

E: Ahora lo mejor que puedes esperar es que te coja Subterfuge y te roben todo. Los sellos ahora se meten en temas de management y de contratación, porque vendiendo discos no hacen dinero. Pero seguro que hay otros peores. Las multis están perdidísimas, pasarán de vender música a aparatos que reproducen música. El mundo evoluciona, si no han sabido adaptarse es su problema. No vamos a parar la evolución para que ellos tengan su ranchito.

M: Ahora la gente se limita a sobrevivir. No busca vivir bien. En la música es igual. Sólo tenemos dos condiciones: pasarlo bien y no perder dinero.

Pensaba que las mujeres formarían parte de esa fórmula…

E: Las mujeres son lo mejor que hay, pero no tiene que ver con esto.

M: Volvemos a hablar de las madres. Tienen un peso importante. Hasta para opinar de las mujeres.

Entrevista – Álvaro Ramírez
Fotos – Mariano Regidor

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