16/11/2011

Puede que, al fin y al cabo, no haya sido mala idea haber esperado dos semanas para escribir la crónica del concierto de The Antlers […]

Puede que, al fin y al cabo, no haya sido mala idea haber esperado dos semanas para escribir la crónica del concierto de The Antlers en Barcelona. En caliente, las cosas se ven de manera más pasional (para bien o para mal), y uno pudo quedarse, como sucedió en Madrid, con la sensación de que los de Brooklyn estuvieron algo fríos y desganados. No fue el caso de Barcelona, donde la banda salió a por todas con un Peter Silberman pletórico y el descubrimiento del nuevo guitarrista en directo, Timothy Mislock. Pero sí que se notó cierta uniformidad a la hora de afrontar las canciones en vivo, tanto del reciente Burst Apart como del inolvidable Hospice. Una uniformidad buscada, pretendida, intuyo que persiguiendo una coherencia total que hiciera casar las nuevas canciones –más explosivas, musicales y recargadas– con las antiguas –más emocionales, incisivas y, claro, pasionales–. Un esfuerzo extra, en definitiva, que la mayoría de grupos no hacen, pero que ya sabíamos del cierto, después de verlos en el apabullante concierto del Primavera Sound 2010, que The Antlers sí hacían.

Eso, sin embargo, dio como resultado situaciones extrañas. Porque los que veníamos con el recuerdo de aquel concierto en el escenario Pitchfork, aquella exhibición poderosa, épica y hasta excesiva de The Antlers, vimos cómo las canciones de Hospice, que aquel día sonaron reinventadas en clave apoteósica, perdían gran parte de esa fuerza en pos del concierto global en la era Burst Apart. Sucedió con ‘Kettering‘, disparada como segunda canción del concierto tras la inaugural y lánguida ‘Parentheses‘ (otra apuesta clara que parecía indicar que querían que el concierto fuera in crescendo constantemente). Sucedió en la descomunal ‘Atrophy‘, que recargaron más que en disco pero aún así no terminó de explotar. Y sucedió con ‘Sylvia‘, que pese a cerrar el concierto no tuvo esa intensidad que en su día nos dejó con la boca abierta.

La única que se ‘salvó’ de esa reconversión fue ‘Bear‘, escogida sabiamente como contrapunto íntimo de la velada, y que nos dio pie a pensar que The Antlers podrían jugar más con ese don del que gozan, que les permite tanto sonar emocionalmente intensos como salvajemente estruendosos, sin apenas cambiar de canción. El final de ‘Bear‘, sin duda una de las canciones estrella de la noche, fue colosal, alargado con capas de distorsión y esos momentos de ruido en los que The Antlers parecen sentirse también cómodos. Y fue un final perfecto para una canción cuya sencillez habíamos disfrutado enormemente, en plena mitad del setlist. Una calma en medio de la tempestad que The Antlers podrían explotar más.

El resto del concierto fue prácticamente perfecto. Resulta evidente que las nuevas canciones fueron compuestas como grupo y pensadas para el directo, y para constatarlo tuvimos unas ‘No Widows‘, ‘I Don’t Want Love‘ y ‘French Exit‘ (que, además, tocaron seguidas) que recrearon a la perfección cuando quisieron. Porque ya se sabe que The Antlers son amigos de las reinterpretaciones, y en ‘Every Night My Teeth Are Falling Out‘, por ejemplo, retuercen el ritmo de batería y juegan con la sinuosidad de la canción, para terminar rendidos a la explosión final. Algo similar a lo que hicieron con ‘Rolled Together‘, una pieza clave en el disco que en directo también colocan casi como interludio con un juego de coros preparado a la perfección.

Y luego está Peter Silberman. Él y sus contorneos constantes, él y su timidez encima del escenario –ya un poco mitigada a raíz del éxito vivido, pero todavía presente–. Él y su extraordinaria voz, capaz de clavar notas tan complicadas como las de ‘Hounds‘, tema en el que dio una exhibición vocal que en realidad se alargó durante todo el concierto. Queda claro que, aunque Burst Apart haya sido cosa de tres (Michael Lerner y Barcy Cicci le siguen fiel y atentamente), él sigue siendo quien dirige el grupo, y que The Antlers es en gran medida el propio Silberman. Por eso, creo, se sumó al paseo entre el público con el que el nuevo guitarrista sorprendió en el –también explosivo– final de la esperanzadora ‘Putting The Dog To Sleep‘.

Y no, no hubo ‘Two‘. De hecho, la historia curiosa con ‘Two‘ –más allá de que no entendemos en absoluto que no la toquen, pero eso es una opinión personal– es que no forma parte del setlist habitual de esta nueva gira… pero que la tocaron el día antes en Madrid. ¿Por qué? Al parecer, Silberman contó que el día anterior en Lisboa una chica les había dicho que le había sabido muy mal que no la hubieran tocado, así que como favor o redención o no sabemos qué, la tocaron para los madrileños. No así en Barcelona, donde el bis fue para la preciosa ‘Corsicana‘ (una grata sorpresa porque es una de mis favoritas) y para una ‘Sylvia‘ con baterías medio tribales que concluyó un concierto que, visto en perspectiva, fue prácticamente redondo, y que fue solo empañado ligeramente por el recuerdo excesivamente emocionado del concierto del Primavera Sound 2010. Y hoy, dos semanas después, resulta esperanzador comprobar que un grupo que en su día nos llegó tan adentro, sea capaz de seguir haciéndolo aunque sea por caminos distintos. Así que sí, quizá sí que ha sido mejor esperar dos semanas para hacer la crónica del concierto de The Antlers.

 

Fotos: la de la portada es de Daniel Boluda en Madrid, y las otras dos de Steven Be en Barcelona.

 

Setlist de The Antlers en BeCool (05/11/11)

‘Parentheses’

‘Kettering’

‘No Widows’

‘I Don’t Want Love’

‘French Exit’

‘Atrophy’

‘Rolled Together’

‘Every Night My Teeth Are Falling Out’

‘Bear’

‘Hounds’

‘Putting The Dog To Sleep’

 

‘Corsicana’

‘Sylvia’

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