25/10/2011

Hay que ver lo que son los prejuicios: embutido entre la gente, en una Joy Eslava a rebosar y con un calor del carajo, un […]

Hay que ver lo que son los prejuicios: embutido entre la gente, en una Joy Eslava a rebosar y con un calor del carajo, un servidor esperaba. Esperaba encontrarse con un concierto sosegado, emotivo pero alicaído, de uno de los mejores compositores del country alternativo de siempre. Algo en la línea de su celebérrimo I see a darkness (1999), pieza magna de su discografía, y del reciente Wolfroy goes to town (2011), en la calle desde este mismo mes. Sí, es verdad: la carrera de Bonnie es prolífica, y no es justo reducirla a sólo dos coordenadas de sonido grave, cadencia lenta y entonación disonante. También hay lugar para los sonidos más amables y luminosos, como los que se pueden rastrear en su muy recomendable EP Ask forgiveness (2007). Pero yo esperaba solemnidad y duelo. Y eso fue lo que no encontré.

Ante todo, Bonnie tiene un gran sentido del espectáculo, de la pantomima. Aparece en el escenario, escoltado por sus cuatro músicos (guitarra, contrabajo, teclados, coros; impecables todos), y al verle lo podríamos confundir con un director de circo del siglo XIX venido a menos: bigote de sheriff, traje arrugado, ademanes entre lo grandilocuente y lo histriónico. Y dos detalles: eyeliner y esmalte de uñas de color perla. El mismo, por cierto, que usaba la corista, Angel Olsen. ¿Quién se lo recomendó a quién?

Vamos a la música, que es de lo que se trata. Tras una intro country con olor a alfalfa (que luego retomarían en el bis, y que resultaría ser ‘Pack up your sorrows’, célebre canción compuesta por Richard Farina y versionada un millón de veces), la banda derramó sobre el público ‘Beast for thee’, una balada que ganaba en majestuosidad gracias a su potente línea de contrabajo. El ambiente remitía a pradera americana, pero también a bosque pegajoso y tenebroso. Sí, lo sé, tópicos. Alabados sean.

Sería fácil decir que las referencias a la música americana eran constantes, pero, joder, resulta que el grupo de Bonnie hace música americana: desde el piano ragtime de ‘Out of mind’, hasta la guitarra del formidable Emmett Kelly, que adornaba las canciones con todo tipo de recursos, bien arpegios al más puro estilo Peter Buck, bien solos que recordaban a Jerry García y a Neil Young. Antes de empezar ‘How About Thank You’, la tercera canción, a Kelly se le rompió una cuerda: y no vaciló en cambiarla mientras a la vez participaba en un coro a tres junto a Bonnie y Angel. Ante todo profesionalidad.

Precisamente las armonías vocales se demostraron como algo clave desde el primer momento: jugando en canon, se montaban en cascada y daban profundidad a unos temas que, de por sí, sonaban fantásticamente bien. Bonnie tiene carisma en la voz, y supo proyectarla mientras se ponía en la piel de sus personajes. Pero quien enganchó a la audiencia fue Angel Olsen, que sobresalió con su estilo a caballo entre el country y el pop, a lo Judy Collins. Contorneándose de vez en cuando como una corista de iglesia, mirando fíjamente a los ojos de Emmett Kelly para fundir sus voces tras la de Oldham, el aura que desprendía cautivó a más de uno. Seguro.

Uno de los peros del concierto, sin duda, fue que el tempo general era demasiado homogéneo: costaba distinguir una canción de otra. Aunque, cómo no, todo el mundo reconoció ‘I see a darkness’ cuando sonó el primer verso y empezó a ovacionar: pero la versión que Bonnie hizo se desmarcaba un poco de la grabada en disco, con lo que algunos nos desorientamos y se desinfló un poco lo que lo que pudo ser el momento del concierto.

Por fortuna, la cosa se animó hacia el final, cuando tocaron la mencionada ‘Pack up your sorrows’, pidieron al técnico que encendiera las luces multicolor de la “flor” de Joy Eslava, y atacaron con ‘I called you back’, con un final sublime y teatral, con Bonnie y Emmet cantando, como borrachos eufóricos: “Cuando estaba llorando, oía tu voz por todas partes”. Vaya frase. Entonces, bajó el telón. A mi lado, una chica sonreía de pura emoción. De hecho, yo mismo me encontré sonriendo ante canciones que no terminaba de reconocer del todo. Esperaba melancolía: y me encontré con la belleza. Vuelve cuando quieras, Bonnie.

Crónica – Álvaro Ramirez
Fotos – Daniel Boluda

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