19/10/2011

Si buscan en Youtube el video de ‘Chair’ se encontrarán que el primer comentario dice «Dedos arriba si desean que la tensión sexual no haga implosionar […]

Si buscan en Youtube el video de ‘Chair’ se encontrarán que el primer comentario dice «Dedos arriba si desean que la tensión sexual no haga implosionar esta banda». Es lógico: joven de buen ver, rubia magnética de voz limpia, los dos cantan, tocan, componen y escriben juntos. Cosas como «You only want me for my lungs / only want me for the songs I write about about you / about how I like you». Blanco y en botella. Pero no, Alice Costelloe y Kacey Underwood (vayan quedándose con esos nombres) no son pareja, son «best friends». O eso dicen. Él es californiano, tiene 28 y algo de experiencia en bandas que no llegan muy lejos. Ella tiene 18 (en serio) y va camino de saber bastante de todo lo contrario. Su historia merece unas líneas. Kacey era profesor de guitarra en el colegio en el que trabajaba la madre de Alice, muchacha que desde los 13 andaba dándole al mismo instrumento y que en aquel momento tenía una banda . Ya se imaginan cómo, la cosa terminó con Kacey de ayudando a Alice a sacarse ‘Teen Age Riot’, de Sonic Youth, y «some song by Dinasaour Jr.», según cuentan en The Guardian. «Escribimos una canción juntos y fue muy fácil, así que simplemete seguimos haciéndolo». El resultado es Lights Out, un disco fresco, libre y desacomplejado sobre el que cae esa luz espesa como puré de zanahoria que inunda su portada. Una colección de canciones que vuelven a inyectarnos esa tan necesaria dosis de nostalgia distorsionada, escritas como para no salir intimidad de una habitación en sombra, compuestas y cantadas como si fuesen a quedarse ahí, en el quicio de la puerta, sin más. Tras el salto tienen ‘Chair’ y mucho más.

Menudo hit. Pero es que la que sigue también lo es. Todas con los mismos elementos: dos guitarras, una acústica y una eléctrica bien distorsionada; y dos voces, una bellísima, limpia como agua de manantial, y otra mundana pero cálida, que arropa a la primera y le sirve de red para no caer y hacerse añicos. En ‘Cold Like Kurt‘ vuelven a cargar el ambiente de tensión sexual, de deseo insatisfecho. «Take me to your bed / Don’t take me home / I wanna be old / I wanna be older».

La mayoría de las letras parecen, por la temática, escritas por ella. De hecho las primeras que vieron en su myspace fueron ‘Homework‘ y Lunch Money’ (esta no está en el álbum), que parecen temas bastante adecuados para una chica, no lo olviden, que acaba de salir del instituto. Las letras, directas, están implícitamente llenas de vulnerabilidad y deseo. «I wanna lose my keys again / so you’ll let me sleep inside your bed / All I wanna do is talk / But seeing you fucks me up / (…) /Perfect morning / Your arms holding«, cantan en ‘Talk‘.

En los cinco primeros temas la imagen de la cama aparece tres veces. Será que es lo más obvio, pero las letras parecen escritas, no sólo ya por ella, sino de ella para él. Ella enamorada de él, queriendo ser más mayor, queriendo perder las llaves para quedarse a dormir en su casa, no queriendo volver sola a su cama. Es por esto que lo de si son o no pareja tiene cierto interés musical. Si es como parece y estas canciones hablan de ellos, de pronto uno puede imaginarlo todo. Si es como dicen, siguen siendo grandes canciones sobre los primeros pasos de una relación compleja. La tensión queda intacta.

En cualquier caso, Alice va para diva. Es una chica de un atractivo indudable. Así lo han entendido también algunos fotógrafos, hechizados por esa boca rojísima y el aura nórdica y frágil que la rodea.

Su voz también tiene esa fragilidad. Es limpia y oscura a un tiempo. Cuando no cuenta con el respaldo de él, como en ciertos fragmentos de la íntima ‘Locked Up’, que se atreve con unos hipnóticos arreglos de fondo, de pronto se desnuda. El alma de las canciones está ahí, en esa forma pesada de cantar, sin estridencias, con una infinita corrección, pero a la vez con ese algo que sólo lo da el creer lo que se dice y sentir lo que se canta. En su esqueleto, las canciones de este álbum son insultantemente simples, pero a la vez brillantes, efectivos. Los «I know, I know» de  ‘With the World at My Feet’, su sólo de guitarra, el muteado de después con las voz voces fundiéndose… «You don’t have to say it’s done / I know, I know».

Musicalmente hay comparaciones obvias pasarían por bandas como Best Coast. Si les gustó ‘When I’m With You es casi imposible que no encuentren en Lights Out, más de una canción de la que enamorarse. Eso sí, ya les decimos qué no encontrarán: ni bajos ni baterías.

Teniendo como tienen base en Londres y considerando la alta carga de tensión sexual que tienen los temas, el nombre que viene a la cabeza es The XX (escuchen ‘Seraphine‘, con ese estribillo mágico). Olvidándonos del apartado formal, no es descabellado colocarlos uno junto al otro. De hecho, si escuchan a aquellos desprovistos de máquinas comprenderán lo que digo.

En fin, estos amores a primera vista ya saben cómo son: uno no duerme durante noches y luego la costumbre apaga el ansia de roce. Podría pasar esto con un álbum que tiene un pero evidente: la economía de medios y la reiteración de temas lo convierte en un trabajo algo lineal. Lo excepcional es que, siéndolo, haya en cada canción una sensación, una latido al que agarrarse, una frase a la que rendirse, una imagen a la que mirar y decir: ahí estoy yo. Por eso hay esperanza. Les dejamos con ‘Distant Neighborhood’, la que abre el álbum.

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