31/08/2011

Mostrador de Vueling en el aeropuerto de Barcelona, un domingo de finales de agosto cualquiera. Una chica joven, rubia, con tacones y con un ceñidísimo […]

Mostrador de Vueling en el aeropuerto de Barcelona, un domingo de finales de agosto cualquiera. Una chica joven, rubia, con tacones y con un ceñidísimo vestido blanco que apenas ejerce de cinturón espera tras unas enormes gafas de sol a que su acompañante, un muchacho fuertote, rapado y con camiseta de tirantes, recoja las tarjetas de embarque para su vuelo. Detrás, tres monjas vestidas cual Teresa de Calcuta cuchichean divertidas. Pregunta: ¿quién va a Ibiza y quién a algún otro destino seguramente mucho más inofensivo? La pregunta es retórica, claro. Lo que no es tan habitual es que servidor esté en la misma cola y su destino sea el primero: la isla bonita, el hogar de las mayores discotecas de Europa y la cuna de la fiesta para cualquier adolescente, joven o adulto con ganas de guerra. Y yo con mi camiseta de Animal Collective, con cara de «¿qué hago yo aquí?«. Pero siempre hay motivos para todo, y esta vez eran de peso: el caso es que la gente de Burn, la bebida energética, decidió invitarnos (junto a cuatro bloggers más) a pasar una noche en Ibiza y vivir el concierto de Digitalism en la discoteca Privilege. Y aunque los habituales ya sabrán que no acostumbramos a dejar que esto se convierta en un escaparate, tampoco somos tontos así que aceptamos encantados, en gran medida porque el segundo disco de Digitalism, I Love You Dude, contiene auténticos hits de electrónica pop –caso del single ‘2 Hearts‘, ‘Forrest Gump‘ o la gran ‘Circles‘– y había ganas de ver cómo se compaginaban en directo con la electrónica más purista del primero. Así que aquí estábamos, en una cola de facturación irreal, rumbo a una noche especial en una isla que nunca echa el cierre. Allá que íbamos. (Fotos cortesía de Bándalo y Sergio).

Horas más tarde, después del necesario asentamiento y de la imprescindible parada (con los primeros contactos con los autóctonos de la isla, seres que desbordan afecto), allí estábamos: en Privilege, la autodenominada discoteca más grande del mundo, con una piscina en su interior y la cabina del DJ flotando encima. Allí estábamos un domingo por la noche esperando a que salieran Digitalism, un dúo alemán que se mueve en el circuito indie y que saltó a la fama en 2007 con su debut Idealism, un disco muy inspirado en el sonido Daft Punk. Amenizando la espera, el variopinto público que acostumbra a pasearse por este tipo de discotecas (desde japoneses despistados a grupos de ingleses que brillan en la oscuridad, a gemelos con pelo afro o señoras de avanzada edad con vestidos demasiado arriesgados), las y los gogos bailando en sus tarimas con medio cuerpo desnudo, y el hielo de las copas deshaciéndose a una velocidad asombrosa. Una especie de fiesta del fin del mundo muy bien organizada y con mucho viento (los cañones en el interior de la discoteca soplaban casi huracanados). Y con Burn, claro.

Y cuando ya empezábamos a entrar en calor aparecieron Jens Moelle e Ísmail Tüfekçi, acompañados de un batería en directo. Y desde que empezaron, la música no dejó de sonar. Precisamente en la dirección opuesta a su segundo disco, Digitalism entendieron bien dónde estaban y a qué hora tocaban (alrededor de las tres de la mañana) y plantearon su concierto desde una perspectiva más próxima a una sesión que a un concierto tradicional. Abrieron con la fenomenal ‘Stratosphere‘ y avasallaron al personal con un sonido impoluto y potentísimo, además de una pantalla que cubría todo el fondo del escenario y que resultaba realmente espectacular. Con esta premisa, Digitalism lo dieron todo: más cercanos en ocasiones a Soulwax (por el hecho de contar con la batería orgánica), llegaron a remezclar sus propias canciones, hasta el punto que ‘2 Hearts‘ sonó en forma de remix (y muy de pasada) combinada con la explosiva ‘Circles‘, en la que Jens sí cantó todo el rato, ocupando la primera fila del escenario con su micro a lo LCD Soundsystem.

Y si bien es cierto que su destreza vocal no es para tirar cohetes, esta vez no lastró en absoluto el conjunto final, porque las partes electrónicas dominaron la mayor parte del concierto, en una sesión continua que en ningún momento bajó el ritmo. Una colosal ‘Zdarlight‘ fue uno de los puntos álgidos de la hora en la que Digitalism estuvieron encima del escenario, aunque momentos como ‘Idealistic‘ o ‘Home Zone‘ no se quedaron atrás. Y como no podía ser de otra manera, hubo despedida por todo lo alto con ese himno que ya es ‘Pogo‘, en versión eufórica para estar a la altura de lo que la ocasión requería. El video es una buena muestra de ello (y no, no se me ocurrió grabarlo en horizontal… así soy). Después, algunos valientes optaron por la segunda parte de la sesión de Cassius (y el consecuente cierre de la discoteca), mientras que otros optamos por retirarnos a digerir lo vivido. Y el día siguiente con Jorge, Sergio, Carlos, Gonzo y, claro, Paula, y las discotecas en plena playa, y los baños en el mar, y las partidas de bolos, y las prisas finales ya son historia. ¡Un placer!

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