24/07/2011

Argeles Sur Mer, 5 de la tarde, una hora menos en Sheffield. Este blogucho nos había dado invitaciones para Arcade Fire el Déferlantes 2011, un […]

Argeles Sur Mer, 5 de la tarde, una hora menos en Sheffield. Este blogucho nos había dado invitaciones para Arcade Fire el Déferlantes 2011, un festival bastante diverso del cual nosotros solo cubrimos el último día o “día indie” con grupos como TV on the Radio, Foals o Arcade Fire. Además nos permitían hacer la crónica: “como queráis, ningún responsable la va a leer” nos dijeron. Pues fetén. Llegamos a lo que parece un paraíso casual francés con toques de Lloret de Mar. Al principio nos preguntábamos porqué en Barcelona no se había hecho promoción de un festival con artistas de tanta tirada y que solo queda a un par de horas en coche… pues por no promocionarse no lo hicieron ni en el mismo pueblo. Ni rastro del supuesto festival, ni un puñetero cartel de “¡ey, que aquí hacemos esto!”. ¿Para qué promover que vienen ZZ-Top, Joe Cocker o Arcade Fire a tu ridículo pueblo no? El desconocido alcalde o es muy indie o es tardo. Pero casi seguro que lo primero…

Un poco desorientados decidimos hacer lo que todo viajero sabe que hay que hacer: ir a la oficina de turismo. Al llegar, mantenemos una conversación franca (y española) con la bella funcionaria y conseguimos un mapa del pueblo, con el festival y su parking marcados. No necesitamos más y seguimos en marcha. Por el camino vemos un coche francés con una pegatina enorme del Pont Aeri (esto no sabíamos cómo meterlo en la crónica pero nos dejó picuetos) y por fin conseguimos llegar al parking oficial del festival; aunque “descampado de mierda” también serviría para definirlo. Lo mejor vendría luego, al contemplar el supuesto bus lanzadera que nos transportaría al festival: un trenecíto turístico del pueblo que ajustaron para la ocasión. Pero era una pateada que te cagas y no queríamos estropearnos los mocasines, así que un poco encabronados aceptamos montar.

Al llegar al recinto del “Déferlantes d’Argeles Sur Mer”, fue decir que íbamos de parte de Indiespot y acercarnos unas copas de champagne. “Pasen por favor… cualquier cosa que necesiten avísennos” se interesaron. Aquí nos dimos cuenta que la influencia de Indiespot es alargada… ¿a que nunca lo diríais? Pues eso.

Con el tiempo justo vimos a The Vaccines (que supimos que se pronuncia como The Backscenes, super molón). Podrían haber puesto su CD y hacer que tocaban. No se hubiese notado. De hecho nadie notó que había un grupo tocando. Ellos le pusieron ganas y se lo curraron… para nada. Siempre se ha dicho que el público español es bastante tranquilo; vale, pues una mieeeeeeeeerda comparado con los franchutes. Estábamos rodeados de estatuas que además te contagiaban el bajonazo. Mirábamos al cantante incapaces de mover un músculo y poníamos cara como de disculpa. Pero vamos, que en un concierto normal estos hooligans lo petarían bastante.

Hay una cosa que mola de este festival y es que consta de dos escenarios en total (uno al lado del otro) y cuando termina un grupo, casi al instante, sale el siguiente. Con este funcionamiento quedó muy contrastado que Two Door Cinema Club son unas nenazas. Por suerte, ya no volverán a ser ningún grupo revelación y todo será caída libre. No grabarán más de tres discos, acordaos de esto. Pues bien, nos pareció que tocaron la misma canción unas 4 o 5 veces. Así se resume. Eso sí, pelazo del cantante.

TV On The Radio molan. Esto es así. Lo sabe Pitchfork y lo sabemos nosotros. Durante todo el concierto estos tipos disfrutaron como nadie. Literalmente. El cantante, como buen nigger solo tardó un par de canciones en ponerse a rapear. La línea del bajo distorsionó un poco (esto siempre habíamos querido escribirlo; los lectores se lo creen, sirve de relleno y queda fetén), pero nada importante, se resolvió rápido. Como no podía ser de otra manera, cerraron con ese hitazo que DJ Amable casi nos hace odiar que es ‘Wolf Like Me’ y la gente se animó un poco. TV On The Radio molan.

Luego tocaron dos grupos franceses totalmente prescindibles: Aaron y Cali. Los que vendrían a ser los Standstill y La Habitación Roja en cualquier festival español. Los que vendrían a ser los Pan y Refresco incluidos en cualquier menú de bar.

Aaron estuvieron bien.

Y cada vez quedaba menos para ver a Arcade Fire, pero desconocíamos la que se nos venía encima con Cali. El cantante del grupo, así mayorcito y marchoso rollo Santi Balmes, es sin duda el tío más pesao que jamás hemos visto en un escenario. Debieron ojear a Two Door Cinema Club y se les ocurrió tocar la misma canción mogollón de veces. Y lo hicieron con crueldad los muy gabachos; alargando lo que creían temazos y jugando con un público incomprensiblemente entregado. Al empezar a llover quisimos llorar, no lo vamos a negar,  porque además no existía posibilidad de huida, pues el festival consistía en un pequeño valle apañadamente cercado por cintas policiales y nada más. Esto lo montan en España y se llena de cholos sin entrada, la verdad. En fin, que nos alejamos un poco y aprovechamos para hacernos la típica foto saltando para que los colegas piensen que nos lo habíamos pasado de puta madre. Después de más saltos de los deseados, decidimos refugiarnos de la lluvia y los rayos como mandan los cánones: debajo de un pino; y de paso cenar unos falafels con té verde.

Vimos veinte minutos de Foals desde los matorrales. No les prestamos mucha atención, pero tocaron sobretodo los temas de su segundo disco. El disco aburrido para que nos entendáis. Es bien sabido que cuando haces un cambio de rumbo hacia lo aburrido recibes mejores críticas de la prensa. Y Foals se aprovecharon de ello. Nos brindaron un coñazo de directo en el que solo aplaudíamos el final de esos bucles infinitos. La línea del bajo distorsionó un poco.

Y al fin llegó el momento. Los salvadores del día y por los que habíamos aceptado cubrir este festival en jornada laboral (hacerlo un martes solo podía salir de una mente francesa). Más anchos y cerca de lo esperado aparecieron Arcade Fire y la gente enloqueció. Se les debió ir la fuerza con tanto aplauso, porque fue comenzar a tocar y reinó otra vez esa maldita calma infecciosa. Pero esta vez no nos joderían el momento, “¡mira, que les den por culo!” pensamos y nosotros fuimos a lo nuestro: a cantar y botar aisladamente. Entre tanto bailoteo y temazo Win Butler exclamó que se sentía en el mejor lugar del mundo. Obviamente no le creímos porque eso también lo dijo en Barcelona y no pueden haber dos mejores lugares del mundo… El concierto iba siguiendo su curso y de repente suenan los primeros acordes de ‘Power Out’ y con ellos el apocalipsis. Ya no caían gotitas, sino la tormenta del copón. No sabemos que relación tenemos con las catástrofes festivaleras, pero nosotros también sobrevivimos al Huracán FIB, al incendio del Festimad o al plantón de Morrissey. En fin, que parecía que los truenos y la lluvia animaron a botar a los franceses y aquello se convirtió como en un Glastonbury pijo. Gran momento cuando al terminar la canción, el grupo mantenía tocando sus instrumentos para enlazar con el que sería su último tema. Empalmaron con ‘Rebellion’ y nosotros empalmamos con gozo. “Adiós, ha sido un placer” y portazo que te crió. Se acabó.

El resto fue un maricón el último para huir de una más que posible muerte por ahogamiento. Fuimos corriendo en busca del famoso trenecito y bajamos la montaña de vuelta al parking, pero esta vez un poco menos cabreados por haber presenciado este último concierto. Solo un apunte… Arcade Fire, lleváis tres discos siendo lo más… a partir del siguiente os daremos lo vuestro. Hagáis lo que hagáis.

Publicidad
Publicidad