20/07/2011

Es probable que, si algún día nos casamos, lleguemos tarde a nuestra propia boda. Es lo que tiene la vida moderna, o al menos nuestra […]

Es probable que, si algún día nos casamos, lleguemos tarde a nuestra propia boda. Es lo que tiene la vida moderna, o al menos nuestra vida moderna. Llevamos semanas con este post en el horno, de hecho íbamos a publicarlo cuando tocaba (cuando el resto del mundo lo estaba haciendo, vamos) pero ya ven, una cosa llevó a la otra y estamos a mitad de julio sin todavía resumen de los primeros seis meses del año. Como quien dice ya tendríamos que estar empezando a discutir las listas de los mejor del año (en indiespot nos encantan esas cadenas interminables de mails), así que para tener trabajo hecho y avanzado, he aquí una relación breve, sintética pero directa al grano, de los 10 mejores discos que hemos escuchado en lo que va de año. Entre ellos muchas apuestas seguras, alguna sorpresa, y ante todo la certeza de que nuestros grupos favoritos, por ahora, no fallan. Veremos cómo aguantan los meses que quedan y qué sorpresas nos depara lo que queda de 2011, pero la cosecha hasta ahora es para estar más que contento. Y de regalo, cinco discos que han pasado algo desapercibidos y que creemos sin duda alguna que merecen toda la atención del mundo. Así que pasen y lean. Y perdonen el retraso.

Arctic Monkeys – Suck It And See (Domino)

Equilibrio. Esa podría ser la palabra que definiera a Suck It And See, cuarto disco de los británicos Arctic Monkeys. Un equilibrio tranquilo, maduro, de grupo muy seguro de sí mismo que después de tres discos, ha decidido mezclar todos sus ingredientes, agitarlos elegantemente y elaborar doce canciones que muestran todas las caras de los Arctic Monkeys de Alex Turner. Una de las nuevas, y la más sorprendente, es ese amor por el pop atemporal, rotundo y sereno, que domina todo el disco y que hace que, al final, canción tras canción sea prácticamente un himno (¿o alguien puede evitar tararear ‘Black Treacle‘, ‘The Hellcat Spangled Shalala‘ o ‘Reckless Serenade‘, por citar solo tres?). Como decíamos hace solo algunos días, un plácido golpe en la mesa para que se reconozca la universalidad de las canciones que estos cuatro chavales de Sheffield han tejido. Después del disco de los inicios de la edad adulta (Humbug), llega el de la madurez. Suck it and see. (Escúchalo en Spotify).

Bon Iver –  Bon Iver, Bon Iver (Jagjaguwar)

Calgary‘ se nos metió bajo la piel casi en la primera escucha. Esos primeros segundos de cadencia religiosa, blanca pura, fría toda. Y la sorpresa después, la batería dura, las guitarras afiladas. Avisaba todo. El cambio y la profunda genialidad. Y es que Bon Iver, Bon Iver es un órdago a la grande. Y hay que tenerlos sujetos para apelar a las referencias que aquí se invocan. El resultado de este cambio es un disco que nos pide renunciar cuanto antes a la añoranza de Emma y nos solicita, sin más, una entrega total a las canciones. Limpios de recuerdos y prejuicios. Escucharán sonidos gastados y recursos superados. Sí. Pero ni por esas encontrarán forma de no rendirse melancolía marcial de ‘Perth‘, el relato limpio de ‘Holoscene‘ o a la provocación retro de ‘Beth/Rest‘… No era lo que esperábamos. Y casi mejor. Descansa en paz, Emma. (Escúchalo en Spotify).

Bill Callahan – Apocalypse (Drag City)

Impertérrito ante todo y ante todos, Bill Callahan sigue a lo suyo. Ahí arriba, instalado su particular colina, el cowboy de Maryland ve pasar la vida y, cuando cree que tiene algo nuevo que decir, suelta otra joya. Así de fácil. Apocalypse es la enésima de este artista atemporal, genial como pocos, que ha optado por dar réplica al inigualable Sometimes I Wish We Were an Eagle con siete temas (¿para qué más?) de arreglos más crudos y austeros que giran alrededor de una voz y una presencia apabullantes. Emociona la intensidad con que, convertido en pastor, canta sobre su rebaño de sentimientos en ‘Drover’, y el constante cambio de ritmo de guitarra en ‘Baby’s Breath’ te hipnotiza hasta parar el reloj. Incluso el experimento funky de ‘America!’ funciona en un álbum arrebatadoramente bello que pide a gritos el reconocimiento definitivo de Callahan como leyenda del folk moderno. Majestuoso.

Yuck – Yuck (Fat Possum)

¿Qué decir que no hayamos dicho ya de este disco? Es un-pelotazo-detrás-de-otro. Una ración de vida, un rayo de luz. Un álbum directo a la médula, que rezuma frescura aún constatando claramente que aquí no hay nada nuevo. Mientras escribo estas líneas escucho ‘Get Away‘. Por enésima vez. Y esa guitarra me sigue rasgando, repito mentalmente ese “I want you, I need you” como me saliese de las mismas tripas. Son estos los discos que reconcilian con la vida, que ayudan a descargar tensiones (‘Holing Out‘, ‘Operation‘), que recuerdan lo bonito que es el amor (‘Shook Down‘, ‘Georgia‘), que llevan al éxtasis (‘Rubber‘). Y me callo, que empieza ‘The Wall‘, la mejor canción pop del año. Shhhh… (Escúchalo en Spotify).

The Antlers – Burst Apart (Frenchkiss)

El disco más esperado del año en indiespot. Hospice, el disco anterior de The Antlers, el disco que escogimos como el mejor de 2009, nos pilló tan desprevenidos y nos compungió tanto que, sinceramente, no sabíamos qué esperar de su continuación. Aquel disco surgió de un modo tan especial (una especie de encierro de Peter Silberman en su casa tras una ruptura) que, tras dos años de gira y éxito de crítica, incluso el propio grupo tuvo que replantearse cómo concebir este Burst Apart. Y por eso el disco se llama así, porque de alguna manera es una explosión en contraposición a la implosión de Hospice. Burst Apart es un álbum expansivo, que no crece hacia dentro sino hacia afuera, en el que The Antlers se arriesgan con nuevos sonidos (el sonido ‘sexy’ a lo Jeff Buckey de ‘I Don’t Want Love‘, ‘French Exit‘ o ‘Every Night My Teeth Are Falling Out‘), se sueltan instrumentalmente (la psicodelia de ‘Rolled Over‘, pieza clave del disco) pero siguen siendo capaces de escribir canciones preciosas (‘Corsicana‘, ‘No Windows‘). Y una vez más, consiguen un disco que no es de canciones, sino que requiere ser escuchado en conjunto, como trayecto, como los discos deberían ser. (Escúchalo en Spotify).

The Pains of Being Pure at Heart – Belong (Slumberland)

Es un alivio (y una inmensa alegría) decirlo: el primero no fue una casualidad. La retahíla de hits que contenía la puesta de largo de The Pains of Being Pure at Heart puede considerarse ya el aperitivo, la antesala de este Belong, acertadísimo paso adelante de los neoyorquinos, convertidos aquí en una banda más robusta, convencida de lo que hace y con el estado de gracia intacto. Justo lo que deseábamos, vaya. Es innegable que Flood (producción) y Alan Moulder (mezcla) echan una mano posibilitando un sonido que justifica la compra de unos buenos auriculares, pero sería de necios quedarse con eso. Tras la cortina hay talento e ideas suficientes como para que el álbum en conjunto funcione a la perfección, y si bien la primera parte se revela enorme (mención especial para el momentazo pop que es ‘Heart in Your Heartbreak’), la segunda no queda para nada yerma con ‘My Terrible Friend’ o ‘Girl of 1.000 Dreams’. Ya lo ven, TPOPAH progresan adecuadamente. ¡Que siga la fiesta! (Escúchalo en Spotify).

tUnE-yArDs – W H O K I L L (4AD)

Otro con el que empezamos a ponernos pesaditos, pero es que el disco de Merrill Garbus es un soplo de aire fresco impagable. Abran las ventanas y dejen entrar el aroma maderero de ‘Es-So‘, el collage rítmico y el caos armónico de ‘Gangsta‘. Probablemente no vayan a escuchar nada ni siquiera parecido en lo que queda de año, al menos no en los canales que solemos frecuentar. Nada tan auténtico, tan raro, tan infiltrado y parcheado de pop, funk, hip-hop, jazz, tan lleno de remiendos africanos, caribeños, americanos. Superen la primera impresión, dejen que les gane. Una vez dentro, el mundo de Merrill es una pasada. (Escúchalo en Spotify).

PJ Harvey – Let England Shake (Island)

Ya sabemos que PJ Harvey no falla. Es una obviedad, pero constatar disco tras disco que es así no deja de ser meritorio. Si han caído rendidos a Polly Jean en algún momento de su carrera, no será Let England Shake una excepción. Es más, seguramente sea el disco que más fácil lo pone, porque mientras en los sótanos de cada canción se percibe la PJ arisca y combativa de siempre, en la superficie de las mismas transita una melodía hasta dulce y una empatía con las que el oyente conecta de manera casi instantánea. Y cuando esa conexión afloja, aparece el subsuelo del disco, el mensaje crítico con el mundo actual, el alegato antibelicista, la belleza abrumadora de ‘In The Dark Places‘ u ‘On Battleship Hill‘, la tensión de ‘The Last Living Rose‘ y ‘The Words That Maketh Murder‘, la sencillez desarmante de ‘Hanging In The Wire‘ (seguramente la canción que más conecta con el intimista disco predecesor, White Chalk). Un disco que es un mundo y que apunta a clásico atemporal. (Escúchalo en Spotify).

Destroyer – Kaputt (Merge)

Si antes de empezar el año alguien nos hubiera dicho que un disco de pop atmosférico bañado con toques de jazz y soul iba a estar en el podio de 2011 le habríamos mandado al garete sin contemplaciones. Pero he aquí que aparece algo tan inesperado y tan poco indie como Kaputt que el mundo se pone del revés. Maravilla el saxo, sobresale la trompeta (orgiásticos ambos en el final de ‘Suicide Demo for Kara Walker’, uno de los mejores temas de los últimos seis meses, sino el mejor) y Dan Bejar, después de 15 años creando a contracorriente como Destroyer y viviendo en el anonimato fuera del radio de acción de The New Pornographers, encuentra su momento. Tan curioso como merecido. Reivindiquémosle, pues, a él en esa nueva función de cantante etéreo (¡qué gozada es oir la aparente indolencia con la que arrastra las palabras!) y a ese festín setentero-ochentero que tiene en ‘Chinatown’, ‘Kaputt’ o ‘Song For America’ bases de cemento armado. El rumor es cierto, Destroyer han firmado el disco más exquisito que puedan imaginar en un ejercicio brumoso, acuoso y lujurioso que es pura clase. (Escúchalo en Spotify).

Antònia Font – Lamparetes (Robot Innocent)

Aunque la presencia en esta lista, plagada de nombres internacionales, resulte chocante, no podíamos dejar de incluir aquí el nuevo disco de Antònia Font. Por brillante, por esperado, y porque de algún modo son uno de los hijos predilectos de la parte catalana de indiespot (que es mayoría). Porque celebramos, y con creces, este retorno al alma abiertamente pop y mediterránea que sustentaba aquel ya mítico Alegría, y porque aquí, de canciones redondas sin más hay un puñado: ‘Me sobren paraules‘, ‘Coses modernes‘, la maravillosa y jovial ‘Sospitosos‘… y luego un trío demoledor, tres canciones que solo ellas son mejores que muchos discos enteros de otros grupos, y que funcionando juntas hacen de este un disco ganadores: la preciosa ‘Clint Eastwood‘, la colosal ‘Icebergs i gèsiers‘ (con ese inicio de pura emoción) y ‘Calgary 88‘, una historia de amor tan literal como preciosa. 14 canciones, 14 aciertos. Como mínimo, el disco catalán del año. (Escúchalo en Spotify).

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