08/07/2011

Ya dijimos en su día, cuando el Faraday 2011 presentó la mayoría de su cartel, que pese a que esta edición no contaba con ningún […]

Ya dijimos en su día, cuando el Faraday 2011 presentó la mayoría de su cartel, que pese a que esta edición no contaba con ningún nombre de la talla de Jeff Tweedy ni de Neil Hannon, volveríamos a citarnos en el Molí del Far de Vilanova i la Geltrú para vivir uno de nuestros festivales favoritos. Y una semana después del festival podemos constatar que no fuimos los únicos, y que hay mucha gente que piensa igual. Nos referimos a que el Faraday ha logrado consolidar lo que los especialistas de marketing llamarían una ‘imagen de marca‘ excelente, una certeza absoluta por parte del espectador/asistente/amigo de que el festival augura grandes noches a todos los niveles. Una garantía de calidad, vamos. Aunque el viernes la afluencia de público se resintió un poco, el sábado la impresión que daba el festival era de lleno casi total, un buen empujón de moral para demostrar que no hace falta contar con granes reclamos para que el éxito de un evento así se mantenga: que genial si viene el amigo Tweedy como guinda del pastel, pero si no, la esencia del festival se mantiene, con un pie en el folk-pop internacional (Ron Sexsmith, Tom Williams,…) y otro en el talento local (Inspira, Klaus & Kinski, Polock, Espanto…), y sobre todo con un savoir-faire digno de los eventos especiales. Nos gusta, y mucho, que el festival quiera mantenerse así, y esperamos que así siga. Dentro, algunos apuntes de los dos primeros días de festival (nos perdimos, muy a nuestro pesar, el recital de John Grant del domingo, del que hemos escuchado que fue impresionante). (Foto: Nit Victorio).

VIERNES 1 DE JULIO

Llegamos a los jardines de la playa del Far un pelín tarde y nos quedamos con las ganas de saber qué tal suena Litoral, el nuevo proyecto de Pau Roca de La Habitación Roja junto a otros músicos de Tachenko y Autumn Comets, y por poco nos pasa lo mismo con Aias. Suerte que entramos justo cuando estas tres chicas de Barcelona (esta vez acompañadas de… ¡dos saxos!) empezaban su concierto para constatar que han pasado de ser el mayor hype de Barcelona –ficharon con Captured Tracks sin prácticamente haber dado un concierto– a un grupo con un directo decente. Sí, ‘La truita’ o ‘A la piscina‘ siguen sonando con ese toque amateur pero, qué pasa, The Pains of Being Pure At Heart también lo hacen por medio mundo con su segundo disco.

(Foto: Judit Contreras)

Tras su concierto, en la Carpa Juanita, los murcianos Klaus & Kinski permitían a todo indie escuchar un poco de música cañí sin tener necesidad de avergonzarse de ello. Que si un pasodoble por aquí con ‘El rey del mambo y la reina de Saba’, que si Camela por allá con ‘Forma, Sentido y Realidad‘. Todo salpimentado con buenas dosis de humor y esa vocecilla naif de Marina Gómez. Menos divertidos fueron The High Llamas, aunque por tablas no fue. Estos veteranos ingleses ofrecieron su pop con regusto a bossa nova con gran acierto. El problema, pues, no residía tanto en ellos como en la hora en que tocaron. A más de uno se le oyó decir que «esto por la tarde en una terracita no estaría nadal mal» mientras sonaban temas como ‘Fly Baby Fly’ o ‘Rollin‘.

(Foto: Judit Contreras)

A Bluetones le tocó, pues, la papeleta de levantar el panorama. La última banda del brit-pop tiró de clásicos -ahí queda ‘Bluetonic‘ y ‘Slight Return‘- y dejó una duda en el aire: ¿son realmente ingleses? En el programa del festival decía que son oriundos de Hounslow –un suburbio de Londres– pero lo suyo tiene mucho más que ver con el power pop a lo Nada Surf, incluso con los primeros Jimmy Eat World –’Carry Me Home‘ suena igual que ‘The Middle‘–. Quizás no lo sepan ni ellos mismos, pero por lo que les queda (ésta era su gira de despedida), poco importa. Ya bien entrada la noche, los siguientes en saltar al escenario fueron Polock, que demostraron que son mucho más que su single ‘Fireworks‘ (lo quemaron a las primeras de cambio) y que la comparación con Phoenix no anda del todo desencaminada. Y luego Za!, que de fiesta tienen bien poco pero te ríes un buen rato con su salvajismo instrumental, gestual y vocal.

SÁBADO 2 DE JULIO

Aunque nos perdimos el concierto de Inspira, que casi inauguraba la jornada del sábado, nos cuentan que fue breve y bonito, y que traza unos metros más en el camino que los de Jordi Lanuza están transitando hasta la primera división del pop en catalán, gracias a un disco sincero y emotivo como Escapistes y a un magnetismo que atrapa a los oyentes que va encontrando durante el viaje. Así que la primera porción de música en directo fue con la caída del día y el debut de Tom Williams & The Boat, que al final saltaron del escenario pequeño al principal (¿sería porque no cabían en el otro?) y que dieron la talla presentando su primer álbum, uno de aquellos que encajan perfectamente en el estilo de grupos por los que el Faraday suele apostar: a medio camino entre el crooner y la vitalidad del pop. Nada mal.

Con los franceses Da Capo, sin embargo, fuimos incapaces de conectar. Quizá fue cosa de una brecha generacional, porque el disco que vinieron a tocar íntegramente (Minor Swing, publicado en 1997) no nos parece la obra maestra que se dicen por ahí, y al grupo en el escenario lo vimos un poco anacrónico, como sacados de otra época. Voluntariosos, pero poco más.

(Foto: Nit Victorio)

Sí que lo hizo Ron Sexsmith, el cabeza de cartel para esta edición. Como el aprendiz más aventajado de Elvis Costello y con un disco fabuloso bajo el brazo como Long Player Late Bloomer, Sexsmith redujo las revoluciones de sus canciones con una formación tirando a acústica (le acompañaban tres músicos, y él empuñó únicamente la guitarra acústica) y buscó la emoción folk por encima de la perfección pop. Por eso canciones como la gran ‘Believe When You See It‘ en directo no sonaron tanto a pop preciosista como a canciones íntimas que encajaban perfectamente con el paraje y la hora en la que tenía lugar el concierto. ‘Get In Line‘ fue ampliamente celebrada como la canción redonda que es («cómo se nota que era la que estaba en la lista de Spotify del Faraday«, se decía por allí), y la versión de ‘Eres tú‘ de Mocedades el gran interrogante de la noche. Con todo, este cuarentón con cara de niño logró ponernos de buen humor con un concierto tierno y hasta cierto punto entrañable. Misión cumplida.

Y después, turno para Standstill. Con ellos, todo sucedió según el plan… incluso demasiado. Son tantas ya las veces que hemos visto a Enric Montefusco y los suyos presentando su Adelante Bonaparte que deberían aburrirnos. Pero no es así, porque cada vez que se suben a un escenario los seis componentes del grupo se entregan como si fuera la primera vez y nosotros, fans que somos, caímos rendidos. Y aunque ya sepamos que empezarán con ‘Todos de pie‘, que ‘La mirada de los mil metros‘ llegará pronto en el concierto, que para el final guardarán ‘Cuándo‘ y ‘¿Por qué me llamas a estas horas?‘, y que probablemente acabarán con la celebradísima ‘Adelante Bonaparte‘ (la versión rumbera, la feliz)… pues seguimos disfrutando como si fuera la primera vez. Igual que lo hizo la inmensa mayoría del público, que aupó a Standstill como el gran concierto de la noche, como el cabeza de cartel por decisión popular. Breve, intenso, sin sorpresas, pero ahí sigue todo el mundo. Y solo puede ir a más.

A partir de aquí, y como suele pasar en todos los festivales (aunque luego lo disimulemos en la crónica), la noche nos confunde y solo podemos que decir que la electrónica contundente de The Suicide of Western Culture es una apuesta a seguir muy de cerca y que si en el Fly Me To The Moon plantean su sesión igual que la del Faraday se comerán con patatas a Animal Collective. Y de Surfing Sirles, algo de una cuerda de guitarra rota, y un trineo, y pubillas de muslo fuerte, y el cantante paseándose entre el público. Y, bueno, que muy punk. Y que Supercola hicieron bailar a los valientes que renunciaron a ir a la playa el día siguiente por la mañana con sus fragmentos de canciones que tanto pasan de Two Door Cinema Club a un clásico de soul o los mismísimos Guns ‘n Roses. Gran fiesta. A ciertas horas de la noche, el Faraday se convierte en aquello que Joan Colomo (que, por cierto, estará el 23 de julio en el Faraday Major acompañando a Manel, Furguson, Bedroom…) pronosticó en clave humorística en su concierto del año pasado, aquello del «Faraday pero sin grupos, para que la gente hable, se conozca y lo pase bien«. El Faraday es esto y los grupos, es disfrutar de un artista que apenas conoces y cantar todas las canciones de Standstill, celebrar el tema que aparece en la lista de Spotify y deambular por el pequeño recinto. Las escaleras hacia el Far, los gintonics con limón y pepino, las crêpes y los kebabs, el césped del escenario pequeño, las camisetas marineras, la ausencia de colas, el mar… El año que viene, otra vez hacia Vilanova i la Geltrú.

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