27/06/2011

Esta vez sí. Iban cuatro ocasiones en las que servidor había visto subirse al escenario a estos cinco chicos insultantemente jóvenes, inexpertos y con horchata […]

Esta vez sí. Iban cuatro ocasiones en las que servidor había visto subirse al escenario a estos cinco chicos insultantemente jóvenes, inexpertos y con horchata en vez de sangre en las venas. Y cada vez la sensación había ido a mejor, desde aquella primera decepción en la sala Bikini de Barcelona a verlos como pez en el agua en la pequeña Sidecar, el verano pasado. Pero siempre había faltado algo. Por suerte para The Pains of Being Pure at Heart, esa especie de inexperiencia encima de los escenarios venía respaldada por un fabuloso disco de debut, y se vio reforzada del todo a principios de este año por este Belong, segundo álbum que desde indiespot no nos cansamos de ensalzar. Así que, pese a las críticas previas y a la expectación generada, Kip Berman y su tropa podían llegar con cierta tranquilidad a su tercera cita barcelonesa. Un Apolo razonablemente lleno les recibió con euforia y, esta vez sí, algo pasó. Ellos empezaron algo fríos, como suelen hacer, pese a optar por tres pelotazos del calibre de ‘Belong‘, ‘This Love Is Fucking Right‘ y ‘Higher Than The Stars‘. El sonido no era nítido, la voz de Kip seguía sonando frágil (pese a sus esfuerzos para que no fuera así) y en general podía parecer que todo iba destinado a un concierto sin más, con buenas canciones interpretadas más o menos bien. Pero esta vez el público se negó a ello e hizo despertar al grupo. Y algo cambió.

De repente, ‘Heart In A Heartbreak‘, la siguiente en la lista, sonó igual de rotunda que en disco, compacta y vital. El concierto arrancó de repente, no había que ser un experto para comprobar que incluso los propios miembros del grupo estaban sorprendidos ante una reacción tan positiva del público, y The Pains of Being Pure At Heart, una vez despiertos y alimentados por la euforia del público, ya bajaron pocas veces el listón. Tampoco es que de repente se convirtieran en músicos extraordinarios y nos dejaran con la boca abierta, pero algo hizo click y hubo una conexión, algo que con un grupo como ellos cuesta que ocurra. Ellos se relajaron, nosotros nos relajamos, y sin ser un concierto perfecto (es posible que tarden años en darlo), sí fue el más completo que pueden aspirar a dar: primero porque con dos discos repletos de hits es complicado fallar; segundo porque una vez están cómodos encima del escenario la cosa fluye y al final todo el mundo acaba pasándolo bien. Que era a lo que habíamos venido.

Por eso, aunque ‘Young Adult Friction‘ quedara un poco desdibujada por la saturación del sonido (transmitir la vitalidad de esta canción en vivo sí que es prácticamente inalcanzable, ya no solo para ellos), o ‘Everything With You‘ se perdiera detrás de un muro enrededado de guitarras, la sensación general era de aprobación con nota, de cuenta saldada. Porque por el camino nos habían regalado temas como ‘Come Saturday‘, ‘Heaven’s Gonna Happen Now‘ (pura felicidad en forma de canción) o ‘My Terrible Friend‘ para rubricar la selección de hits (completamente acertada), y ‘Too Tough‘ o ‘Stay Alive‘ para bajar un poco la intensidad.

Llegados al bis, Kip Berman había preparado algo especial: una interpretación en solitario, guitarra en mano, de ‘Contender‘, el tema que abría el célebre debut. Algo que no cuajó de ninguna manera (valiente intento, sin embargo) pero que olvidamos rápidamente cuando le siguieron la colosal ‘Say No To Love‘ y esa primeriza ‘The Pains of Being Pure At Heart‘ («we will never die, we will never die!«), pero sobre todo cuando el grupo hizo un segundo bis, uno de aquellos de verdad, de los que no están preparados y ves a los miembros del grupo diciéndose unos a otros cuál es el tema que tocan a continuación. Y los Pains se sacaron de la chistera dos hits de los que todavía les quedaban por tocar: ‘A Teenager In Love‘ y ‘Hey Paul‘. Y ya nadie prestaba atención a si sonaban bien o mal, o a si aquella canción había desafinado un poco dentro del repertorio final, porque por una vez The Pains of Being Pure at Heart habían logrado pasárselo bien ellos y hacerlo pasar bien a los que venían a verles. Por fin.

Fotos: Christian Bertrand

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