27/06/2011

Es este un festival raro-raro. Con muchos puntos fuertes y algunos destacables puntos débiles. Entre los primeros, y pasada la impresión inicial, es de aplaudir […]

Es este un festival raro-raro. Con muchos puntos fuertes y algunos destacables puntos débiles. Entre los primeros, y pasada la impresión inicial, es de aplaudir que se haga un festival donde se permita la entrada a menores de edad. Los que escribimos aquí dejamos de serlo hace ya años, pero ya sin barba éramos melómanos y dolía bastante no poder ir a conciertos ni festivales por la dichosa fecha del DNI. También el sonido fue bastante bueno todos los días. Que sí, algún bajo alto en Band of Horses, algún problema con las guitarras al principio de The Hives… pero en general hubo calidad y, sobre todo, volumen, algo que echamos un poco en falta en el Día de la Música. En el debe, los problemas con la comida del primer día (solucionados diligentemente el segundo, pero no por ello menos reseñables: hablamos de un festival de 70€, esas cosas hay que tenerlas en cuenta); y, desgraciadamente, la calidad de algunas actuaciones, derivada de una selección algo extraña que generó una variedad casi irreconciliable de públicos objetivos. No es ésta una crónica como las que solemos hacer. Es más bien un relato, una reseña-río, que pueden leer del tirón (si se atreven) o a saltos, guiados por las negritas. Tengan en cuenta que fue una one man mission y uno no es incombustible (ni controla de todo). La crónica la tienen en dos páginas: abajo el viernes y aquí el sábado. Por cierto, que el sábado la afluencia creció considerablemente. Las fotos son de la organización. Ale, a leer.

VIERNES 24 DE JUNIO

El C.D. Cantarranas es también conocido como «el campo de rugby de detrás de Periodismo», que es una perífrasis bastante más explicativa, pues es exactamente eso: un campo de rugby que está detrás de la facultad de Ciencias de la Información de la Complutense de Madrid (servidor, créanme, la conoce bien). Así que sitúense: viernes, 16h, 35ºC, explanada al sol. De beber, cerveza (Heineken, que están en todas), agua (al módico precio de 2,5€ la botellita), o, atención, calimocho (¿kalimocho? ¿kalimotxo? ¿para cuando un festival patrocinado por Cumbre de Gredos?). Con una ración de lo primero estuvimos viendo el directo de Toundra, uno de los apadrinados por Aloud Music, que pese al torre extremo dejaron claro que los escenarios del Dcode iban a sonar muy bien a poco que las cosas no fallasen. Los madrileños sonaron potentísimos. Era fácil intuirlo en sus discos, pero lo confirmaron.

Y ahora, la explicación logística. En el Dcode no hay solapamientos. Hay dos escenarios, los dos del mismo tamaño, bastante grandes, que funcionan alternativamente de forma que cuando acaba la actuación de uno, empieza la de otro. Así que se puede ver todo (¡bieeeen!), pero como te coloquen un bodrio, y el viernes los había, no hay escapatoria posible (¡maaaal!). Bueno, sólo un pequeño escenario aledaño en el que se colaba el eco de los grandes. Poca cosa. Así que cuando acabaron Toundra en el dcode1, nos fuimos al dcode2 a ver a The Low Anthem, un grupo diseñado para ver en un teatro, en una sala o como mínimo en un escenario a la sombra, pero nunca en un secarral a 40ºC. Los vimos a la sombra de la torre de sonido, tomándonos un helado de mora (a 1€, uhmmmm). Y aunque sus discos nos gustan mucho, servidor fue incapaz de conectar con su directo en tales circunstancias y se aburrió un poco.

Del metal rock duro de Nothink pasamos. No así los muchos fans de My Chemical Romance que ya pululaban por allí con sus medias rotas, sus brackets y sus ganas de ver música. Es fácil hacer un paralelismo con el pasado Día de la Música, en el que el primer día la mayoría fue a ver a Vetusta Morla. Sólo a Vetusta Morla. Este viernes la mayoría iba a ver al del pelo rojo, pero por conocimiento, entusiasmo o curiosidad, se plantaron allí a las cuatro de la tarde y no a última hora. Chapó. Y me consta que el concierto de Nothink lo disfrutaron. Yo disfruté de la sombra y los vi por la enorme pantalla que separaba los escenarios (muy agradecida). Potentes suenan.

De lo que no pasamos fue del concierto de The New Raemon. Teníamos muchas ganas de ver cómo sonaban en directo los temas de Libre Asociación, su disco emo. Muy apropiado para la ocasión. Ramón salió al escenario-crematorio con pantalón y chaqueta gris oscuro bajo la que asomaba una camiseta de Sunny Day Real Satate. El tipo tiene un sentido del humor adorable. En directo anuncia las canciones con los títulos cambiados. «Esta se llama ‘Killing in the Raemon‘» por ‘Kill Raemon’; «ahora vamos a tocar ‘Nespresso, what else?'» por ‘La Cafetera’, etc. La primera mitad del concierto se la dedicaron a los temas nuevos y me dio la impresión de que Ramón tenía mucha más ganas de defender estos que sus clásicos, que pareció tocar casi como una concesión. Entre ellos, ‘Sucedáneos’, que presentó reconociendo que él también era «un sucedáneo de emo de mierda». El momento cumbre fue ‘El Refugio de Superman’, que tiene que entrar entre esos clásicos ya, por cierto. Hubo mención al calor. «¿Qué tal ahí abajo?», nos decía al público, recién regados (literalmente, vean las fotos), «por que aquí arriba es un infierno… ya, ya sé que es culpa mía por llevar la chaqueta, pero es que soy muy presumida». Muy bien.

Y si de Nothink pasamos, de All Time Low no les cuento. De hecho, aquí abrimos paréntesis y no volvimos a cerrarlo hasta el final de Sum 41. Nos perdimos por el camino Foster The People, a quienes desde ya debemos una. Sobre Sum 41, qué decir. Si esto es lo que hay, le da a uno la sensación de que el punk americano comercialoide se ha renovado menos en la última década que el rock español. Los tipos acabaron tocando Metallica. «Give it up for Metallica motherfuckers!!!». No comment, de verdad.

Menos mal que estaba a punto de saltar a escena Mr. E. Es extraño haber leído su libro y verle ahí de pronto, sobre un escenario, sabiendo más de él que de algunos twitteros con los que coincidimos por allí. Eels salieron todos elegantes, todos con barba, todos con gafas de sol. Rollo aviator. Dos barbudos de sección de vientos, dos barbudos con sendas guitarras, barbudo (descomunal) al bajo, barbudo a la batería. Y juntos dieron un concierto memorable. Sin un respiro. Lo primero: ‘Fresh Blood’, aullando. Al margen quedaron los medios tiempos: allí cayó buena parte del Souljacker, lo más lobezno de El Hombre Lobo y una reinterpretación feroz de sus mejores temas. Brutal ese momento ‘Novocaine For The Soul’, con la voz rota, con infinita más fuerza que en el álbum, con una precisión milimétrica. ¿Qué otra banda se marca unos coros a cinco voces así? Impresionante. Y después, ‘Souljacker Pt.1’, con la distorsión que sólo saben poner ellos. Por ponerle un pero, quizás les quedó larga la presentación de la banda, con el momento populista de «a mi baterista la gustan la siesta y la sangría». Por lo demás, impecables. Así se da un concierto de rock, joder.

Y de la crema, al pastel. My Chemical Romance. Servidor se acercó al show por curiosidad: todo el día viendo camisetas, fans, ultrafans, tatuajes… Ya que estábamos por allí, fuimos a ver. Y al rato nos fuimos a pasar el rato. My Chemical Romance están para lo que están y son el cliché facilón que parecen.

Además, queríamos estar delante en un concierto para el que teníamos muchas ganas: Band of Horses (que probablemente debieron tocar en el horario de Eels y viceversa). Las expectativas eran altas y no llegaron. Los de Seattle son una banda en directo tan extremadamente correcta como son en los álbumes. Es un puro deleite escuchar cómo el teclista hace la segunda voz, una gozada que te canten una maravilla como ‘Laredo’ a la cara, pero algo faltó. Quizás justo lo que ese mismo día habían hecho The New Raemon o Eels: un puntito más de intensidad. Mereció le pena, pero la verdad es que supieron a poco por esa falta de garra. Aun así nos emocionamos con ‘The Funeral’. Qué tema.

Queríamos ver a Lori Meyers, pero nos perdimos gran parte de su actuación por motivos estrictamente nutricionales, aunque este que escribe se ha desenganchado de su producción en Hostal Pimodán y estaba un poco perdido con el repertorio de los granadinos. Con el bocata ilegal que nos comimos a las puertas de la facultad ya siendo digerido volvimos a entrar. Justo a tiempo para ver a Noni descamisado y dando saltos por el escenario. Vimos el final sentados y de lejos barajando la posibilidad de quedarnos a The Zombie Kids. Y el pueblo votó en contra, así que nos fuimos a la cama. Y por lo visto no nos perdimos nada.

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