23/06/2011

No sé si les pasa, pero yo desde hace ya tiempo donde realmente acabo desgranando los discos es el el coche. Es un coche viejo, […]

No sé si les pasa, pero yo desde hace ya tiempo donde realmente acabo desgranando los discos es el el coche. Es un coche viejo, de esos contaminantes y que no tiene ni USB ni nada. Radio de CD, sin lectura mp3. Así que me tengo que hacer los discos de uno en uno. Normalmente los grabo y se quedan ahí semanas. Tengo muy pocos, así que los escucho mucho. Por ejemplo, ahora mismo tengo el de Bon Iver (maravilloso), el de Arctic Monkeys (ese va a salir rápido me temo…) y el de tUnE-yArDs. Disco que no veía el momento de volver a reivindicar. Lleva ahí desde mayo y no está nominado ni por asomo. Ya por abril anunciamos su puesta a la venta con ese pelotazo que es ‘Bizness’, sin duda la puerta de entrada al disco. Quedarse ahí es un riesgo y un error. Con este disco ocurre algo extraño: al principio cuesta engancharse, como pasa casi siempre con los discos buenos pero complejos, pero luego uno de pronto no puede parar quieto con ‘My Country’, se enamora de ‘Gangsta’… Y me diran, ¿dónde está lo extraño? Pues en que llegado a ese punto uno es incapaz de comprender qué era lo dificil, porqué este africanismo enmarañado no entraba desde el principio, suave cual single (plagiado) de Coldplay. Ahora mismo meto la llave, arranco, suena ‘You Yes You’ y se me alegra la cara. ¿Dónde está lo complejo? Cuando hablamos de ‘Bizznes’ utilizamos ese término fatídico: afroindie. Y sí, pero digerido el disco convendría matizar. Los hay que han, simplemente, escuchado y asumido: ella lo ha vivido. Aquí no hay ni por asomo impostura ni referencialidad à la mode, le sale de dentro. Ya saben que Merrill estuvo por aquí hace nada como parte del cartel del Primavera Sound, tocando en el Pitchfork. Los de Chicago llevan desde entonces soltando videos de los artistas que pasaron por allí y uno de los últimos es precisamente el de tUnE-yArDs. En él podemos ver a Merrill enterándose de la victoria del Barça en un taxi, con su español de instituto, simpatiquísima, flipando con Gaudí y, sobre todo, tocando ‘Wolly Wolly Gong’ ante la Sagrada Familia. Entre petardos, fuegos artificiales y gente al borde de la convulsión por las calles, víctimas de La Victoria culé. «Is like singing a lullaby at the end of the world». Lo tienen abajo.

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