22/06/2011

Domingo 19 PONY BRAVO (+ZA!) El escenario UFI era, con diferencia, el más carismático de todos. Dentro de una especie de invernadero raro (quién sabe […]

Domingo 19

PONY BRAVO (+ZA!)

El escenario UFI era, con diferencia, el más carismático de todos. Dentro de una especie de invernadero raro (quién sabe qué tipo de mamífero se degollaba allí) con accesos como de vestuario de piscina de Carabanchel y el escenario al nivel del suelo prácticamente. Iluminado con unas bolas de colores. Con un telón detrás y su barra independiente (en la que no valían los tickets del Mundo Exterior). Todo, en cierto modo, se mimetizaba con la música de Pony Bavo, unos sevillanos que la regalan en su rancho, cuyos carteles quizás dentro de unos años sean recopilados en algún libro que compremos en la FNAC por 35€, y que, digámoslo claro, han sido injustamente tratados por este blog que leen. Por que sí, que Un Gramo de Fe no entrase siquiera en la parte de baja de la lista de lo mejor del año pasado es una injusticia. Sirvan estas líneas para enmendarlo: Pony Bravo son muy buenos y su directo es una pasada. Su música, una suerte de rock suereño emborrachado de The Doors, es un gan inductor al trance. Sin florituras. Ingredientes básicos: la voz de Daniel Alonso, que parece que canta flojito porque no sabe pero que cuando coge volumen impresiona (‘Niña de Fuego’), su teclado mágico, unas líneas de bajo secas y ritmos de batería duros.  Flow (nunca pensé que usaría este término, brothers) y sentido del humor. A o mejor tarda en digerirse, pero vaya si funciona. A mi personalmente me encantan esas canciones ruralpsicotrópicas que hablan de hachas, guardabosques, olivos, abejorros, política, noches ácidas y raves celestiales. Fan total. Como ven en la foto y en el titular, la colaboración de los barceloneses Za! fue más que destacable. El cierre provisional de ‘La Rave de Dios’ fue la confirmación de un pequeño himno. Lección magistral. Uh-ah, Jecucristo… sanador. (Daniel Boluda).

YUCK

Sin ánimo de ser pesados con el tema, la temperatura en el escenario Madrid, donde tocaba Yuck, podría haber servido para hacer pan. Hey, guys, are you ok? It’s really hot here!” se quejaba el pobre Daniel Blumberg (que agitó la los rizos más de lo habitual, quizás para ventilarse) en mitad de la actuación. Y a pesar de todo casi llenaron. Los londinenses prácticamente no se olvidaron de ningún tema de ese primer disco que nos tiene locos y, además, lo hicieron sonando muy bien. Ya saben: ‘Get Away’,Operatión‘, ‘The Wall’…. y de cierre, ‘Rubber‘. La tocaron ya sudando como pollos los pobres. El noventerismo de la banda, dicho está hasta la saciedad, es máximo, pero su directo sigue igual de solvente que cuando les vimos en el Primavera. Y si entre Lykke Li, Janelle Monáe y Lourdes Hernández había el duelo de divas… la corona al concierto pop que virtualmente se disputaban The Pains of Being Pure At Heart y Yuck cayó más bien de este lado. (Lara Murga).

LYKKE LI

Sobre las siete de la tarde el drama empezó a cernirse sobre el Matadero: solapamiento entre Lykke Li y Destroyer (breve pero doloroso). A sabiendas que el co-autor de esta crónica cubriría el concierto de Dan Bejar, la que escribe pudo disfrutar del concierto de Lykke Li sin remordimiento de conciencia. Y vaya si lo disfrutó. Desde las películas de Alfredo Landa no se veía a una sueca tan predispuesta a animar al personal. Pero todo con elegancia, claro está. Entera de negro, enfundada en un body sobre el que únicamente caían unas gasas, Lykke Li se presentó como una auténtica diva. Se contoneaba, jugaba con las baquetas, se enredaba en las telas –también negras– que decoraban en el escenario, y sobre todo, ofrecía gestos más propios de una folclórica que de una cantante indie. Con ‘Youth Knows No Oain’ o ‘I Follow Rivers’ –dos de los temas más potentes de Wounded Rhymes– la sueca consiguió lo imposible: hacer bailar a un público aplastado por el calor. Y no sólo eso, Lykke Li también hizo alarde de voz conmovedora en ‘Sadness Is a Blessing’ o ‘Unrequited love’. Ya la habíamos proclamado Diva Oficial del Día de la Música 2011 cuando, además, nos regaló varios temas del disco anterior, entre ellos, el inmenso ‘Little bit’. Amor totalmente correspondido. (Lara Murga).

DESTROYER

Igual que hubo gente que compró el abono del sábado sólo por ver Glasvegas, este que escribe se hubiese comprado dos abonos sólo por ver a Dan Bejar, al mando de Destroyer, desgranando las canciones de Kaputt, esa obra de arte. Desgraciadamente, Destroyer presentaron el disco más nocturno de cuantos sonaron en el festival en un escenario en el que a las siete y cuarto de la tarde pegaba un sol de justicia. Y lo hicieron además ante una audiencia bastante reducida. Algo que entra dentro de lo lógico pues la propuesta es ya de por si minoritaria y la competencia era nada menos que Lykke Li (ya han leído cómo las gastó la sueca, sexy y folclórica hasta la médula), y el gran Ron Sexsmith, a quien no vimos pero que con toda seguridad dio un enorme recital. Conclusión: en primera fila, con gafas de sol y mojándonos la cabeza a cada rato, así vimos a Destroyer. Y aun así fue una auténtica gozada. Bejar lleva sobre el escenario un trompetista que se automodula con dos pedales y un pequeño amplificador y un saxofonita/flautista/loquetúquieras que tiene una clase descomunal. Verle volar sobre ‘Chinatown’ o sobre ‘Kaputt’, la canción, es una gozada. En los intermedios musicales, Bejar, que en su show sólo canta, simplemente se sentaba en el pedestal de la batería y miraba al infinito. Así lo hizo, por ejemplo, en ese final maravilloso de ‘Suicide Demo for Kara Walker‘ (¿la mejor canción de lo que va de año?). Ese momento en el que el tema baja y luego revive con esa orgía de free jazz  a base de hiperventilación de trompeta y saxo… en ese momento quieres que se que caigan los tímpanos de puro placer. ‘Song for América‘ (oj…), se la dedicaron a «los indignados», creo que las únicas dos palabras que dijo Bejar en castellano. Y como si no dice nada, con esas canciones no le hace falta. En fin, a veces todo se resume en un twitt.

JANELLE MONÁE

Debe haber pocos reinados más itinerantes que el de Nueva Reina y Nuevo Rey del soul. Año sí y año también la industria, principalmente americana, nos vende la moto del heredero de James Brown o de Aretha Franklin, y la primera cuela, pero la enésima ya no. Así que llegamos al show de Janelle Monáe con el escepticismo por bandera y la referencia clara de sus dos frenéticos hits: ‘Cold War‘ y ‘Tightrope‘. Poco más. Y lo que nos encontramos sobre el escenario del RTVE fue un show descomunal y divertidísimo. Sobre el escenario, de memoria, esta chica lleva una sección de cuerda de cuatro músicos, otros dos de sección de vientos, un percusionista, un baterista (menudo Animal), un teclista, un guitarrista y un bajista (otra bestia parda). Amén, claro, de dos bailarinas. Porque ella lo vale. Y algo nos dejamos seguro. Total: Janelle Monáe son 14 o 15 personas vestidas de gangsters (pantalón negro, camisa blanca, corbata negra) que ejecutan una coreografía ensayadísima en forma de concierto/circo lleno, además de canciones, de baile, humor y buen rollo. Es imposible estar allí y no pasárselo bien. Musicalmente no inventan nada y, aunque Janelle Monáe tiene una voz absolutamente impresionante (lo demostró eb una semi a capella un poco bajonera) y bastante carisma, no tiene pinta de que vaya a quedar en los libros de historia de la música. Ahora bien, el show que da es para no perdérselo. La tia se atrevió incluso a revivir el ‘I Want you Back’ de los Jackson 5 en un alarde de populismo y buen gusto que funcionó a las mil maravillas. Ovación. El final del concierto fue un buen resumen del mismo: desde el lateral derecho del público un cañón escupió centenares de papelitos negros y blancos (ningún detalle al azar) como pistoletazo de salida para una traca final en la que el que no bailó era porque estaba sentado o sordo. Se fueron, pero al primer intento del público volvieron para un bis en el que Monáe acabó dando vueltas por el escenario subida a lomos de su ¿percusionista?. Quizás no vaya a destronar nadie en el Olimpo del Soul, pero estar allí mereció la pena. (Daniel Boluda).

RUSSIAN RED

El amor y el odio, la derecha y la izquierda, el indie y el mainstream… El mito de las dos Españas hecho pop, o lo que es lo mismo: Russian Red. Lourdes llegó al escenario Entradas.com cuando el sol caía tras los edificios de ladrillo del Matadero. “Queremos que se haga de noche ya”, dijo y pronto entendimos por qué: la escenografía del directo de Fuerteventura incorpora unas luces de neón con el nombre de Russian Red, al más puro estilo años 50. Y es que se le podrá reprochar cualquier cosa, pero no que descuide la estética: vestido de flores con falda de vuelo ella, smokings ellos (su banda). Bien, un 10 a la forma. El fondo, sin embargo, admite más de una crítica. Lourdes pudo abrir con el belleandsebastiano ‘The sun the trees’ (probablemente la mejor canción que ha hecho y que, cuando al fin sonó, lo hizo descafeinadita) y ganarse al público, pero prefirió hacerlo con dos lentas. Poco festivalero el asunto. Tampoco tocó muchos temas del primer disco y los que sonaron se hicieron esperar bastante. Total, que aunque Lourdes Hernández ya no es esa chica tímida que no apartaba la mirada de su guitarra, todavía le faltan tablas. Muchas tablas. Porque firmar un concierto intachable desde el punto técnico y estético –el de Russian Red el domingo lo fue– no basta para merecer la corona del indie español. (Lara Murga).

CARIBOU

A Glasvegas nos les cenamos de lejos y de postre y fin de fiesta tomamos Caribou. La verdad es que el hombre no para de girar y ya hay quien le tiene muy visto, pero su show evoluciona casi en cada intento. El domingo dio uno muy… eso: dominical. Menos intenso y sobre todo menos espasmódico de lo que el cuerpo nos pedía a los que no teníamos que madrugar. Vamos, que no es lo mismos Caribou de postre que Caribou como punto de no retorno. No le ayudó el volúmen tampoco, dicho sea de paso. Asunto este del que no hemos hablado pero que fue un problema en los escenarios mediamos. Total, que la primera mitad del concierto la disfrutamos más con los oídos que con los pies. Aunque estos al final tuvieron su ración, sobre todo al final. Cerraron provisionalmente con esa maravilla que es ‘Odessa’, anunciando ya la despedida, pero no aun faltaban 20 minutos para la una y la queja fue unánime. Así que los canadienses volvieron a salir y cerraron con lo que tenía que cerrar: ‘Sun’. ¿Cuál mejor como broche a este festival en el que la matoría pillamos el primer quemado del verano? Tremendo final. (Daniel Boluda).


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