22/06/2011

Ya era hora de que Madrid tuviese un festival con este cartel y estas condiciones (acceso en Metro, sonido decente, precio irrisorio). El Día de […]

Ya era hora de que Madrid tuviese un festival con este cartel y estas condiciones (acceso en Metro, sonido decente, precio irrisorio). El Día de la Música está lejísimos de jugar en la liga del Primavera Sound y otras citas veraniegas (no lo pretende seguramente), pero su fórmula promete dar buenos réditos. Básicamente consiste en lo siguiente: bandas nacionales con buen directo y en proceso de consagración (Lüger, Pony Bravo); bandas de lo mejorcito del indie internacional (The Pains Of Being Pure at Heart, Yuck); propuestas exquisitas para iniciados (Toro y Moi, Destroyer); y pelotazos comerciales de naturaleza fronteriza (Glasvegas, Janelle Monáe). Todo aderezado con un poco de sensibilidad bien escogida (Ron Sexsmith, South San Gabriel), invitación al baile (Crystal Fighters, Caribou) y coronado con el broche de dos llenaestadios nacionales: Vetusta Morla y Russian Red. Y todo por 25€ (los dos días). Un festival al que lo mismo va uno que no se pudo pagar el Sonar que alguien que del cartel sólo conoce las dos últimas bandas mencionadas. Con suerte. A los que íbamos a picar un poco de todo, las horas entre las 16 y las 21 se nos hicieron fatídicas: ahí se solapaba todo (Destroyer con Ron Sexsmith; South San Gabriel con Toro y Moi…). Pero desde las 21, para bien o para mal, tuvimos plato único. El sábado, ahora lo verán, lo hicimos muy mal y vimos casi todo a medias. Ese día se lo contamos justo abajo. La crónica del domingo la tienen en la página dos. Por cierto, la primera que hacemos de un festival íntegramente celebrado en Madrid. Nos ha echado una mano amiga Lara Murga. Imposible sin ella. Muy agradecidos. Hemos pasado mucho calor. Y más con la cámara a cuestas (fotos de un servidor).

SAM AMIDON

Empezamos el festival en un estado que iba a ser totalmente excepcional de ahí en adelante: sentados, serenos y a una temperatura inferior a los 30ºC. Frente a nosotros, Sam Amidon, americano. Un tipo del que no hemos hablado demasiado por aquí, para ser sinceros. Aunque méritos no le faltan: su último trabajo, I See a Sign, sin inventar nada, es un buen disco de folk historiado. Claro, que de esos hay muchos y para destacar en semejante terreno hay que tener algo más. Y Sam quizás lo tenga. Por lo menos en el escenario, al que subió sólo con un músico. El tipo tiene cara de niño y voz de corista de iglesia. Una afinación impresionante y mucho magnetismo cuando de pronto se pone serio y quiere transmitir lo que canta. Es capaz de ponerte el corazón en un puño con ‘Saro‘ y sólo un poco después ponerse a hacer el payaso, ya sea bailando como un loco, o metiendo un berrido a destiempo, o poniendo una cara inverosímil. Y en ese llevarte de la carcajada al suspiro radica su fuerza. La propuesta fue minimalista y funcionó. Cerró con Relief, un tema de esos bonitos pero que cansa a la quinta escucha por convencional. Vendido por él sobre un escenario, pareció poco menos que una joya inmortal. Cantamos su estribillo como nos mandó. Y nos fuimos muy contentos. (Daniel Boluda).

LÜGER

Y ya sí, empezamos a sudar. Habíamos escuchado mucho Concrete Light en los días previos y veníamos con ganas de fuerza. El escenario Madrid, con sus 35ºC, nos las aplacó sólo un poco. Lüger, para quienes no les conozcan es una banda bastante cañera, para entendernos. Energía, distorsión, psicodelía bien llevada. Como muchas otras últimamente se han apuntado al combo baterista & percusionista, una fórmula que bien coordinada aporta solidez y fuerza (pienso por ejemplo en La Débil hace sólo unos días) pero que mal llevada induce al caos. No llego a tanto, pero sí que esperábamos más solidez del directo de estos madrileños. Dio la sensación de que salieron al escenario con demasiado respeto. Con todo, Lüger tienen una muy buena cantidad de buenos temas. ‘Dráculas Chauffeur Wants More’, que es un trallazo descomunal, sonó inmensa. Espectacular solazo de guitarra. Nos dio tiempo a ver también ‘Hot Stuff’, con su bajo seco, y una pincelada de su primer trabajo, que tenemos menos controlado. Y lo demás, a medias. La cola de South San Gabriel se alargaba y no queríamos quedarnos fuera. (Daniel Boluda).

ANNA CALVI

Pero antes, primer desdoblamiento del equipo. Tú a SSG y yo a Anna Calvi. Todavía con el tiránico sol encima de nuestras cabezas, claro. No sabíamos gran cosa de esta inglesa, aunque la chica venía con una carta de recomendación firmada por Nick Cave y Brian Enno («es lo mejor que ha sucedido desde Patti Smith», dijo el último) y un disco homónimo al que daremos otro par de escuchas tras ver su directo. Anna, más bajita de lo que parece en las fotos, con un pantalón de talle alto y una blusa roja, salió al escenario acompañada de su guitarra y no tardó en convencernos de que el eslogan usado por el locutor de Radio 3 para presentarla (“algo tendrá el agua cuando la bendicen”) era más que un reclamo publicitario. Como a casi todos, hay algo en ella que nos recuerda inevitablemente a PJ Harvey, aunque su voz tenga un color más operístico, más grave. Y en directo a fe que la sabe usar. Lo demostró con la potetísima ‘Suzanne and I’, por ejemplo, un temazo. Sus maneras sobre el escenario acabaron encandilando a un público que, nos pareció, estaba también en pleno proceso de descubrimiento. La inglesa se atrevió hasta a apelar al Elvis con ‘Surrender‘. Casi nada. En fin, triunfo total. Tanto que, me pongo profética, creó que acabará 2011 siendo una de las imprescindibles. Al tiempo. (Lara Murga).

SOUTH SAN GABRIEL (TRIBUTE TO VIC CHESNUTT)

Cuando salimos de Lüger, fuera acaba de empezar Toro y Moi. Lo hicimos fatal, decía en la intro, y este fue uno de los grandes porqués: no vimos Toro y Moi. A pesar de que desde la cola para ver a South San Gabriel no podíamos parar los pies. A pesar de que aquello, de lejos y con ese sol, sonaba a gloria. A pesar de que la cola no se movía, de que el concierto parecía retrasarse… En fin. Nos arrepentimos un poquito, Chaz. Sobre todo por que Will Johnson y los suyos no fueron puntuales y tuvimos que dejarles a medias, pues mientras les esperábamos el reloj avanzaba inexorablemente hacia las 20h y nuestra cita ineludible con The Pains of Being Pure at Heart. South San Gabriel, la cara suave de Centro-Matic, ya lo saben, llegaban a Madrid para rendir tributo a esa «piedra angular de la música americana», cómo lo definió el gran Ángel Carmona, que fue Vic Chesnutt. Recordarán nuestro pequeño homenaje. El de South San Gabriel estuvo lleno de amor y memoria. Will Johnson contó que había compartido escenario y canciones con él, que era más que un colega. Las canciones de Chesnutt revivieron en la voz de Johnson y en la clase infinita del resto del los músicos de South San Gabriel, precisos, sensibles, capaces de ejecutar cualquier cosa con una delicadez infinita. Pudimos ver poco, y lo sentimos (como que este texto sea tan pobre) pero no queríamos obviar que estuvimos allí, embelesados, y que por un momento echamos de menos a Vic Chesnutt como se hecha de menos a un grande. (Daniel Boluda).

THE PAINS OF BEING PURE AT HEART

Partamos aquí de una base: habría que ser MUY MALO para que un concierto con lo mejor de dos discos monumentales como The Pains of Being Pure At Heart y Belong no fuese poco menos que la hostia. Y estos chicos no son ni de lejos muy malos, así que el concierto no estuvo mal… pero tampoco fue la hostia. Primero por la falta aparente de química entre ellos, que gestualmente hicieron un concierto bastante funcionarial, cada uno ante su instrumento, haciendo lo que se supone que debían de hacer, sin mucho más; y segundo y fundamental: porque salieron al escenario a las 20:05 y a las 20:38 se fueron para no volver jamás. Hacer esto cuando sólo tienes un disco de a penas 40 minutos es un pecado venial (siempre se puede tocar alguna nueva o una versioncita), pero teniendo dos álbumes llenos de temazos es casi una falta de respeto. Eso sí, los 35 minutos escasos que estuvieron sobre el escenario los disfrutmos como niños. Abrieron con ‘Belong’ y en seguida nos soltaron ese trallazo pop que es ‘This Love Is Fucking Right’. Del nuevo ‘Heaven’s Gonna Happen Now’, ‘The Body’ y ‘My Terrible Friend’ fueron simplemente espectacilares, pero, sobre todo, y aunque no hacía falta, confirmamos que ‘Young Adult Friction’ sigue siendo el himno que era cuando hace un par de años la escogimos como mejor canción de 2009. Un poquito más de ganas y de tiempo y nos hubiésemos quedado con cara de tontos. (Daniel Boluda).

VETUSTA MORLA

Virginia Díaz (bonitos pantalones) salió al escenario a las 22:01, hora Zulú, para anunciar la buena nueva: «vamos a retrasar un poquito el inicio del concierto… [abucheo general] por respeto a la gente que está entrando… [abucheo general aumentado]». Uno pensaría que el respeto, en todo caso, se le debe a la gente que está en el escenario a la hora que se supone que empieza el concierto y no a los que llegan tarde. Parece lógico. Queremos pensar que con este retraso la organización asumía como error propio el colapso de las entradas a esa hora fatídica. Y es que sí, mucha gente había comprado la entrada del día sólo para ver a Vetusta Morla. Una banda que, a las 22:30 aproximadamente, fue presentada de nuevo por Virginia Díaz como «no sólo la mejor banda de pop del momento, sino mucho más» (algo así). Los fans, enfervorecidos, se derritieron con la salida de los de Tres Cantos al escenario y no se amainaron hasta que empezó a asomar el piano de ‘Los Días Raros‘ (ya lo dijimos: musicalmente hablando, lo mejor que han hecho). Las expectativas para la cita, por qué no decirlo, eran más bien bajas, pero Vetusta Morla nos sorprendieron con un directo más que solvente. Pucho en directo canta perfecto y se mueve mejor (en ‘Los Dias Raros’ lo dejó meridianamente claro, con ese final rabioso). Además, apunte friki, ‘el Indio’ es uno de los bateristas más inspirados del panorama indie nacional. Y eso ya hace mucho. Desde las primeras filas, donde estábamos, el concierto fue intenso y bastante divertido, aunque el problema con la inmadurez de algunas letras es ya irresoluble. Al repertorio le cabría el pero de ‘Maldita Dulzura‘ (tremendo bodrio) por que por lo demás fue el esperado: del primero cayeron todos hits y del segundo todos los que van camino de serlo. A mi alrededor, la letra de ‘Lo que te hace grande’ se la sabía hasta el más despistado. Hubo poco margen para el reposo. Si acaso ese momento en el que Pucho animó a la participación en las manifestaciones del 19J, algo nada impostado pues tanto él como muchos de sus compañeros de banda llevan años involucrados en el apoyo a ciertas causas políticas. El mejor momento del concierto fue sin duda ‘Sharabbey Road‘, con el público coreando (la la la la laaa…) y llevando el tema en volandas hacia un final alargado y bastante intenso. Luego, bis de hits y fin. Y tras aquello, como vino, la marea morlera se fue. Y los demás nos quedamos en Crystal Fighters que ya sonaban. (Daniel Boluda).

CRYSTAL FIGHTERS

El principal daño colateral del retraso de Vetusta Morla fue el pequeño enfado del público que esperaba a Crystal Fighters y que (también había de esos) pasaban mucho de los de Tres Cantos. Los disidentes, que llevaban un buen rato sentados allí, empezaron a silbar a la hora en que se suponía empezaba el concierto. Y finalmente, empezó. Todos los festivales deberían incorporar en sus estatutos la obligación de cerrar la jornada con un concierto como el que ofrecieron Crystal Fighters en el escenario Entradas.com. Allí si alguien no bailó solo pudo deberse a dos cosas: ir aún más perjudicado que su cantante o carecer de sangre. Los ¿hispano-ingleses? comenzaron con ese hit sin paliativos que es ‘Solar System’. Después siguieron ‘Champion Sound’ y ‘Xtatic Truth’, y la gente definitivamente enloqueció. Para cuando llegó ‘Plage‘, otro hit, la comunión era total. Para la que escribe, el de Crystal Fighters no fue el mejor concierto del Día de la Música, pero sin duda fue el más divertido. Txalaparta rules(Lara Murga).

Páginas: 1 2

Publicidad
Publicidad