15/06/2011

Darwin Deez llegaba de una exitosa gira británica (con numeroso sold out) a Barcelona, en su primera y hasta el momento única fecha española, con […]

Darwin Deez llegaba de una exitosa gira británica (con numeroso sold out) a Barcelona, en su primera y hasta el momento única fecha española, con la expectación de ser uno de los hypes del pasado 2010, año en el que el amigo Darwin publicó su debut, de título homónimo. Mientras en el Reino Unido dicho disco llegó a estar en el número 3 de la lista de ventas indie (aunque él es de Brooklyn, como sus pinta bien indican), aquí nos conformamos con bailar cada fin de semana ese hit rotundo que es ‘Radar Detector‘. Y ya es mucho, con los tiempos que corren. Así que Darwin Deez llegaban a Barcelona con el reto de hacerse valer como grupo a tener en cuenta, y con el riesgo de caer como cualquier otra moda británica más que no llega con la suficiente fuerza aquí. ¿Cuál fue el resultado? Veámoslo dentro. (Fotos: Music Hall)

De entrada, hay que decir que si hay que resumir de alguna manera el concierto, lo haríamos diciendo que fue muy divertido. Y no solo divertido como suelen ser los conciertos habituales, sino divertido de verdad, de reir, de aplaudir, de pasarlo en grande. Eso fue básicamente debido a un motivo extramusical que ya conocíamos de antes: las coreografías de Darwin y el resto del grupo. En sus vídeos ya habíamos descubierto que al chico le gustaba inventarse coreografías un poco a lo OK Go, pero lo que no esperábamos era que formaran una parte tan importante del concierto: cada cuatro o cinco temas había un intervalo musical en el que se hacía un medley de algunas canciones (de Enya a Daft Punk, pasando por Miike Snow (grandiosa esa ‘Animal‘) o Cazafantasmas, por poner un ejemplo) y los cuatro chicos (a cada cual más… curioso) ejecutaban una coreografía animada, graciosísima y en ciertos momentos hilarante.

Y aunque pueda sonar obvio, hay que admitir que Darwin Deez juegan esta baza muy bien. Me explico: el disco debut, pese a canciones redondas como ‘Constellations‘ o la mentada ‘Radar Detector‘, puede pecar de cierta monotonía, algo que se traslada en algunos momentos al directo, y que con el repertorio limitado que supone el hecho de tener solo un disco, podría enviar al garete un concierto entero. Pero ellos juegan la baza de las coreografías en puntos bien pensados del show, para romper esa sensación y animar al personal. Y lo consiguen, ojo, y si no pregunten a cualquiera de los asistentes que llenaron la recientemente inaugurada Music Hall de Barcelona. Lo bueno de estos intervales es que tampoco abusan de ellos, son breves y no lo suficientemente importantes como para que el concierto entero sea tomado a broma. Simplemente están ahí, y contribuyen de manera muy notoria a lo bien que te lo pasas en el concierto.

Eso, sumado a la sincera gratitud de Darwin, a su español chapurreado, y a una recta final de concierto que se encarriló con la bonita ‘The Bomb Song‘ y, claro está, la explosiva ‘Radar Detector‘, la sensación general fue de satisfacción, de misión cumplida. El bis con ‘Constellations‘ solo contribuyó a rubricar una buena noche en la que Darwin Deez, si bien no se reveló como un gran compositor o músico, sí dio claras muestras de saber cómo afrontar un directo con solvencia. Y eso, con el segundo disco que afirman querer grabar pronto, solo puede ir a mejor. Nosotros de momento ya hemos vivido el primer capítulo.

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