08/06/2011

Clausura del festival en el Parc del Fòrum, después de las jornadas de jueves y viernes, y a la espera de nuestra opinión formal sobre […]

Clausura del festival en el Parc del Fòrum, después de las jornadas de jueves y viernes, y a la espera de nuestra opinión formal sobre el festival. Sea como sea, el sábado es el día en el que las fuerzas empiezan a flaquear, y aún así es de los días con más platos fuertes del festival. Superada la apoteosis de The National o Pulp el día anterior, la jornada del sábado en el San Miguel Primavera Sound 2011 estaba marcada por tres nombres: PJ Harvey, Animal Collective y… el Barça. Las pantallas del Fòrum ya anunciaron el jueves que el partido se retransmitiría en el escenario Llevant, como muchos habían previsto, y la verdad es que fue un acierto. Curiosamente, de las cuatro plumas de indiespot que firmamos las crónicas, dos optaron por el partido, mientras que las otras dos se repartieron por el recinto en busca de alternativas (uno por merengue, el otro por falta de interés), así que al final lo cubrimos todo. O más o menos. Aparte de ellos, la idea de volver a ver a Mogwai siempre se antojaba emocionante, mientras que Perfume Genius, Yuck, The Album Leaf, Papas Fritas o tUnE-YaRdS dominaban esas primeras horas de festival que cada vez nos gustan más. Pasen a la última jornada (en el Fòrum) del Primavera Sound 2011…

PERFUME GENIUS (16:00h, Auditori Rockdelux)


Sábado a las 4 de la tarde. Un horario a priori complicado, pero de alguna manera mágico: allí estuvo Bon Iver en 2008 cuando apenas le habíamos descubierto; allá estuvieron The New Year presentando su tercer disco al año siguiente. Y allí estaba a esa hora Perfume Genius, el alter ego artístico de Mike Hadreas, con su dulce piano y acompañado de un compañero (seguramente sentimental) al teclado. Seguramente era un escenario demasiado grande para la timidez de Mike, demasiado cohibido durante todo el concierto, hecho que le impidió llenar el Auditori con sus desgarradoras nanas en piano, que recuerdan al Sufjan Stevens más intimista. Hubo momento de desproporcionada belleza, caso de las celebradas ‘Learning‘, ‘Mr. Peterson‘ o ‘Lookout, Lookout‘, y a rasgos generales la oscuridad imperante en Learning se apoderó de los asistentes, aunque el errror fue creer que llegaría a la grandeza de sus predecesores en ese horario y escenario. Aún así, valió la pena. (Texto: Aleix Ibars; Foto: Daniel Boluda)

THE TALLEST MAN ON EARTH (17:30h, San Miguel)

A Kristian Matsson le tocó actuar a una hora a la que cualquier otro habría tocado para el sol y para sus cuatro fans más fieles, pero cuando tienes en tu haber dos discos como Shallow Grave y The Wild Hunt llenar de forma digna la explanada del Escenario San Miguel a la hora del té es más sencillo. Y The Tallest Man On Earth no defraudó: salió solo con su guitarra y se dispuso a desgranar sus mejores temas (arrancó con ‘The Gardner‘ y ‘I Won’t Be Found‘, ¿qué más pedir?), para que después se le unieran dos músicos (a los que confesó haber conocido el día anterior) dándole más fuerza al directo. ¿Un momento que deba ser destacado? En realidad, dos: ‘King of Spain‘, que seguro que convirtió a más de un republicano en monárquico solo con imaginarse a Matsson como rey, y ‘Thrown Right At Me‘, cantada muy muy pegado a su chica Amanda Bergman. Y una confirmación final: The Tallest Man On Earth gana (y mucho) al trasladar sus canciones a un escenario. (Texto: Ana Bulnes; Foto: Daniel Boluda).

YUCK (18:00h, ATP)

Empezaré por el final: en unos años, si nada falla, Yuck deberían estar tocando en los escenarios grandes del Primavera Sound a hora punta. Puede parecer exagerado, pero ya saben que adoramos a este cuarteto británico desde que les descubrimos en el Primavera Club 2010, y el hecho de que repitiesen está claro que mandaba un mensaje claro. El mensaje dice que Yuck han hecho un disco de debut fantástico, cuya primera mitad es sencillamente perfecta y cuyo segundo tramo goza de maravillas menos inmediatas pero por eso más duradera. Dice que Yuck tienen un directo sorprendente, solvente para lo jóvenes que son, agresivo (especialmente a través de la pose de su cantante) pese a la tendencia clarísima a la melodía noventera que impera en temas como ‘The Wall’ (¡qué himno!), ‘Georgia’ o la descomunal ‘Shook Down’ (la preferimos en disco, esta). Dice que el final con ‘Rubber’ se hace corto aunque el tema dure más de siete minutos, y que aquí sí que acaban con violencia un concierto que va creciendo en intensidad, en ruido, y que culmina, como el disco, en una explosión de distorsión oscura pero intrínsicamente pop. Dice que Yuck fue uno de los conciertos que más disfrutamos del festival, porque a veces apetece cantar, saltar, tararear, hacer un poco de air guitar y elogiar a una propuesta que siendo lo mismo de siempre, es refrescante como pocas. No serán grandes. Es que ya lo son. (Texto: Aleix Ibars; Foto: Daniel Boluda)

PAPAS FRITAS (18:45h, Ray-Ban)

Tony Goddess, Shivika Ashtana y Keith Gendel firmaron a mediados de los noventa dos de los discos pop más pegadizos, eufóricos y honestos que uno tenga el privilegio de escuchar (Papas Fritas y Helioself). El problema es que apenas lo supo nadie. Y acabó ocurriendo lo de siempre: la realidad acabó aplastando cualquier tipo de sueño, y cada miembro decidió tomar su camino. Papas Fritas acabó disolviéndose sin que diese tiempo a que los pocos que descubrieron el tesoro que se encontraba dentro de cada uno de sus álbumes pudieran darles las gracias. El Primavera Sound 2011, por demanda popular foril, los volvió a reunir para hacer un doblete que quedará marcado en el recuerdo como uno de los momentos más entrañables del festival. Y es que si algo tienen las canciones de Papas Fritas es que son redondas, tarareables y contagiosas. Y como siempre remarcan, honestas. Cada tema sabe a himno, cada coro a celebración de la vida, cada acorde a victoria por la vía rápida. Sales muchísimo más feliz de como entras. Es inevitable que tus manos acaben palmeando, irremediable que acabes tarareando cada estribillo. Y eso no tiene precio. La infecciosa belleza de ‘My Revolution’, la emotiva nocturnidad de ‘Explain’ y el desenfreno power pop de ‘Sing About Me’ pueden con todo. Hasta con una banda técnicamente justita. Para cuando remataron su actuación con una pletórica versión de ‘Hey Hey You Say’ la gente ya tenía una sonrisa de oreja a oreja.

Pero lo del día siguiente en el Parc del Poble Nou sólo se puede describir con una palabra: mágico. En familia, con los niños (los suyos y los de bastantes fans) bailando al compás de sus canciones, y el público totalmente entregado, acabaron regalando uno de los momentos más preciosos que uno pueda vivir en un concierto. Y ellos, claro, alucinando. Impagable contemplar al espigado Keith Gendel con cara de no acabar de creérselo, Shivika sin parar de sonreír, Samantha inmortalizando el momento con su iPhone y a Goddess disfrutando como nunca de su papel de frontman. Hasta cayó alguna joya más como People Say’‘Believe In Fate’ y aún así se quedaron en el tintero perlas. Al final, vítores y un aplauso de más de cinco minutos para que volviesen a subir al mini escenario a hacer un bis forzosamente semi-acustico (el técnico ya estaba recogiendo) con ‘Smash This World’ y la gente agolpada alrededor del grupo. «Here’s the party, Where’s my friends?» cantaban en ‘Afterall’. «Right here!», hacía constar Goddes apuntando al público. Y no dudo que fuera una confesión honesta, siempre lo han sido. Simplemente maravilloso. (David Jiménez)

TUNE-YARDS (19:15h, Pitchfork)

Por muy interesante que nos parezca su propuesta (y especialmente ese pedazo de single que es ‘Bizness‘), hay una certeza y es que escuchar entero el disco de debut de tUnE-YaRdS provoca dolor de cabeza. Por eso su directo en el Primavera Sound 2011 suponía un reto especial, además de por el hecho de ver hacia dónde se decantaba Merrill Garbus (alma máter absoluta del proyecto), si hacia la experimentación amable de Micachu & The Shapes (una de las comparaciones obvias) o hacia la abstracción a menudo polémica de Animal Collective. El resultado fue que tUnE-YaRdS se quedó entre medias, lo cual tampoco es malo. Con una puesta en escena ciertamente curiosa (Merrill se encargaba de tocar la guitarra o el ukelele, además de cantar y grabar las percusiones con un loop) y acompañada únicamente por un bajista y dos saxofonistas, las canciones iban construyéndose en base a los loops y las melodías vocales tribales de la cantante, que en directo tiene un considerable parecido con Björk. Y funcionaban bien, aunque al final tanto grito acabe por resultar un poco agobiante (igual que en disco). Tendrá que concretar su propuesta de cara al futuro Merrill Garbus, porque esto de la experimentación pop ya se sabe que es un arma de doble filo. (Aleix Ibars)

FLEET FOXES (19:40h, San Miguel)

Y ahí estaban. Los ansiados Fleet Foxes, objeto de deseo conciertil y festivalero indie durante todo el año 2008 y buena parte de 2009 gracias a su veneradísimo debut, por fin pisaban un escenario español. Casi tres años les ha costado hacerlo (dicen que su caché, prohibitivo cuando pegaron el boom, fue la causa de que en su momento nunca presentaran el cautivador homónimo más abajo de Francia), de modo que un aplauso antes que nada para los señores programadores del Primavera Sound, que los anunciaron medio de sorpresa cuando la fiebre de la barba y las camisas de cuadros made in Seattle parecía haber pasado un poco y, por lo bajini, Fleet Foxes «ya no molaban tanto». Pero siguen molando, amigos, vaya si siguen molando. Aunque Helplessness Blues no tenga ni la capacidad de sorpresa ni el carisma innato de su predecesor y cambie lo inmediato por lo elaborado, estamos ante un perfecto grower, un corredor de fondo que solo necesita kilómetros para revelar su excelencia. Se intuyó en el concierto, cuya hora escasa estuvo un poco condicionada por el corsé invisible de la final de la Champions que el Barça estaba a punto de disputar. «¿A qué hora es el partido?», preguntaron Robin Pecknold y su gorro de lana (lo tenía que decir) nada más empezar, para luego ponerlo fácil a los futboleros: «tranquilos, acabaremos a tiempo». Sin embargo, entre el sol de cara, que obligaba al uso de gafas de sol si uno no quería quedarse sin retinas, y los nuevos temas, costó arrancar. Y eso que ‘Battery Kinzie’ ‘Sim Sala Bim’ fueron exquisitas, con la banda sonando robusta, poderosa y delicada a la vez, demostrando que el San Miguel también era un buen lugar para ellos. Con todo y con eso, tuvo que llegar ‘Mykonos’ para prender la mecha, que avanzaría imparable en medio del jolgorio una vez entró Fleet Foxes en escena: ‘Your Protector’ («Would you wait for me? The other one, would wait for me?», se preguntaba la divina voz de Pecknold), ‘White Winter Hymnal’, ‘Ragged Wood’, ‘He Doesn’t Know Why’ y el gato al agua. Fleet Foxes ganaron el pre-partido en apenas cuatro canciones y para celebrarlo lo remataron con el bucolismo de ‘Blue Ridge Mountains’ y el gran ¿single? que es ‘Helplessness Blues’. Más que suficiente para la prisa general que había, si bien una digestión lenta con sobremesa hubiera sido lo deseable tras tan gustoso banquete. (Arnau Roma; Foto: Daniel Boluda)

THE ALBUM LEAF (20:30h, ATP)

Uno de los conciertos de los que más disfruté en todo el festival. Amén del mejor ansiolítico posible para la que se le venía encima a cualquier madrileño (y madridista) destinado en la ciudad condal. Por primera vez en todo el día allí no había gentes ataviadas con la camiseta culé. Todos estaban allá lejos, en la arena, haciendo historia. Mientras lo hacían, desde el fondo del ATP, un cuarteto de cuerda compuesto por tres violines y un violonchelo arropaban Matt Resocivh, ataviado con unas surferas (y casi ridículas) gafas de sol de pasta blanca, y a Jimmy LaValle, auténtico corazón de este proyecto marciano que por lo visto o gusta mucho o provoca rechazo. Como en sus álbumes, más de la mitad del show lo compusieron preciosas piezas instrumentales. Construidas aquí sobre beats y no sobre baterías naturales, como sí ocurre a menudo en sus álbumes (quizás el único pero del concierto). El que presentaba, A Chorus of Storytellers, fue, todo hay que decirlo, una de las decepciones del año pasado. Pero afortunadamente LaValle recurrió sin sonrojo e inteligentemente a las canciones de esas joyazas que son In a Safe Place e Into The Blue Again. Discos ambos en los que todo descansa en la belleza de las melodías. Algo tan aparentemente simple, tan primario, pero tan complicado de conseguir. Emocionantes ‘Twentytwofourteen‘ y ‘The Outer Baks‘, del primero mencionado, y, sobre todo ‘The Light’ (siempre se me olvida lo bonita que es) y ‘Always For You‘, ese hit cantado, del segundo. Aforo medio, mientras anochecía, casi en la intimidad…. una pasada. (Texto y foto: Daniel Boluda).

FC BARCELONA – MANCHESTER UNITED (20:45h, Llevant)

Y al final hubo partido. Una marea sentada, otra de pie (detrás) y tres pantallas que hicieron las delicias de las miles de personas congregadas en hermandad total alrededor del –para algunos– cabeza de cartel real de la noche del sábado en el Primavera Sound 2011 (no se enfaden, es solo para provocar). Como un grupo incómodo ante su concierto del año (escenario grande, buena hora, el Primavera… ya saben), el Barça salió nervioso, las primeras canciones no sonaron del todo bien y los más pesimistas temían el desastre. Que si se los acabarían comiendo unos ingleses (ay, el talento exterior siempre por encima del nuestro), que si se les notaba afónicos y apáticos en su actitud… Poco a poco, sin embargo, el fruto de todo un año (ensayos, conciertos, goleadas… ya saben) empezó a tomar forma, y ya en la primera media hora, el primer hit: gol de Pedro, euforia generalizada propia de un temazo y, sorpresa, mucha menor afluencia británica de la esperada. Cuando el público empezaba a entrar en calor, y de repente un mal bolo se había convertido en el acontecimiento del día (lo que hace un hit), jarro de agua fría como si de una cara B muy escondida y experimental (mala, no nos engañemos; mala) se tratara: gol del Manchester United, lo celebran los ingleses (ya se sabe que son un público exigente, les va la experimentación) y… ¿vuelta a los nervios? Para nada. El grupo, el Barça, ya estaba disfrutando en el escenario, la fiesta ya había empezado y era imparable, los ingleses acabaron rendidos a tal sucesión de precisión, sonido cristalino, visión privilegiada. Y acabaron, como su equipo, aceptando la evidencia, la de que en un terreno de juego el premio a lo mejor del año estaba más que cantado. Al final, a modo de bis, el himno del Barça (lo nunca imaginado) y todos contentos en manada a ver a la diosa PJ. (Aleix «Andresito» Ibars)

MERCURY REV PERFORMS DESERTER’S SONGS (21:30h, Auditori Rockdelux)

A priori, Deserter’s Songs es un disco calmado, ideal para relajarse en momentos en los que uno busca un poco de tranquilidad. Sin embargo, su interpretación en directo no reflejó del todo esta sensación de sosiego. Mercury Rev ofrecieron un concierto con mucha intensidad, conseguida principalmente gracias a una instrumentación muy completa y a la energía desprendida por su carismático líder Jonathan Donahue (que, en mi opinión, fue un poco excesivo y en algunos momentos llegaba a cansar un poco). Aún así, los estadounidenses desgranaron tema a tema su disco más aclamado de forma magistral, respetando el orden original de sus canciones. Empezaron, pues, con la melancólica ‘Holes‘, redonda y soberbia. Emocionaron de buen principio y mantuvieron un buen ritmo durante todo el concierto, aunque el momento cúspide vino con el indiscutible hit ‘Goddess On A Highway‘, octavo tema del disco. Al terminar el Deserter’s Songs nos regalaron unos cuantos temas del resto de su discográfica, como acostumbra a suceder en estos conciertos Don’t Look Back. Al final, un gran antídoto contra el fútbol, como ya esperábamos. (Andreu Llos)

PJ HARVEY (22:30h, San Miguel)

Ataviada con un impoluto vestido blanco que contrastaba con las infinitas botas negras que calzaba, una bellísima Polly Jean Harvey se subía de nuevo al escenario del Primavera Sound tras, nada menos, siete años de ausencia. Y lo hacía en olor de multitudes gracias a una trayectoria coherente y sin mácula, una reputación sobre el escenario ganada a base de arrojo y arrebato emocional y, claro, gracias también a Let England Shake, la reciente y flamante colección de canciones de la inglesa, que supone otra pica más en su pletórica discografía (y van…), y donde saca su vena más política, pulcra y armoniosa. Con el nuevo álbum como eje central del concierto estaba claro que iban a ser contadas las ocasiones en la que la Harvey más rockera iba a hacer acto de presencia. Lo que no esperábamos es que directamente no apareciese. Y es que Let England Shake es un álbum que crece y crece hasta no tener fin. Tanto, que ha acabado por convertirse en un pequeño monstruo capaz de devorar todo lo que tiene a su paso, haciendo acto de presencia hasta en once ocasiones a lo largo de la noche, y despojando al resto del repertorio de su alma primigenia para adaptarse a su pequeño y joven dictador. Que el único arrebato de rebeldía en ‘Meet Ze Monsta’ estuviera en el grito final o que la oxidada guitarra de ‘Big Exit’ no hiriese como antes sólo tiene una explicación. Y esa se encontraba tras el incesante rasgueo a la cítara que acompañaba ‘All And Everyone’, el salto al vacío vocal de ‘On Battleship Hill’ o ese desesperado «Quiver» en ‘The Last Living Rose’ que erizaba el vello. En definitiva, en la coherencia global. Un concierto maravilloso canción por canción, pero al que le faltó un hervor y alguna sacudida (y menos parones también) para que en conjunto no diese la impresión final de cierta linealidad y, me jode decirlo, monotonía. Aún así, pocas veces la voz de la Harvey sonó tan cristalina y conmovedora, pocas veces gente de la talla de John Parish, Mick Harvey y Jean-Marc Butt jugaron un papel tan determinante en el éxito del concierto, pocas veces se reivindicó a hermanos ninguneados con el cariño como el que se puso a las dos piezas que tocaron del maravilloso Is This Desire?. Gracias, otra vez, Polly. (David Jiménez; Foto: Inma Varandela)

MOGWAI (00:15h, Llevant)

Stuart Braithwaite sonreía satisfecho, Martin Bulloch (enfundado en la camiseta ¡Meyba! del Barça de los ochenta para la ocasión) arengaba al público desde la batería y los demás miembros de la banda, muermos habituales, intercambiaban miradas de complicidad. La cosa marchaba, las nuevas canciones encajaban a la perfección en el repertorio y el ambiente era inmejorable. Los Mogwai más intensos, atronadores e inspiradores habían vuelto, y el inesperado culpable no era otro que su séptimo LP, el regenerador Hardcore Will Never Die, But You Will. Gracias a él (y a Special Moves, un fenomenal recopilatorio en directo que nadie debería pasar por alto) los escoceses han conseguido romper con la línea de monotonía general en la que parecían inmersos a finales de 2009, después de muchos meses de promoción del (injustamente) criticado The Hawk Is Howling. Entonces fue necesario un largo parón, que Braithwaite adelgazara lo suyo y composiciones con un enfoque ligeramente diferente (más melodías, más accesibilidad, menos ruido) para que Mogwai volviera a suscitar el interés de antaño. Cambios, en definitiva, que con Hardcore… han conseguido, aun y si éste es un álbum mucho menos rupturista de lo que puede parecer. Disertaciones aparte, el caso es que al Primavera Sound 2011 venían a presentarlo, de modo que ni himno de la Champions como en 2006 ni historias para empezar: ‘White Noise’ y en seguida la abrasadora ‘Rano Pano’, gloriosa distorsión de las que engrandece el alma. Tras la tormenta un momento entrañable, aquél en que la banda dedica ‘I’m Jim Morrison, I’m Dead’ al malogrado Gil Scott-Heron… bonito homenaje que luego queda empañado por una guitarra que no suena y deja el tema algo cojo. El asunto se soluciona, y entre cortes antinguos y el sobrenatural e infinito crescendo de ‘How To Be A Werewolf’ (bien acompañado por el precioso vídeo de Antony Crook) reaparece la euforia, que de una manera u otra se mantiene hasta el final. Un final aplastante, fortísimo, que empieza con la monstruosidad de ‘Mogwai Fear Satan’ (también dedicada, en esta ocasión a Pep Guardiola y a todo su equipo, que acababa de alzar la cuarta en Londres; ahí es nada), casi diez minutos que incluyen el que podría ser el cambio más demoledor de la historia de la música. Uno sabe que se acerca, que llega, que ya está ahí, y sin embargo… ¡PUM!, vuelve a ser arrollado por la violencia extrema de tres guitarras y un bajo a punto de reventar. Un final que continúa con el celebrado rescate de ‘Auto Rock’ y termina, ahora sí, arrasando todo lo que todavía sigue en pie con la potencia quebrantahuesos de ‘Batcat’, el colofón, la canción que te deja el pitido de felicidad en los oídos y que hace de la destrucción sónica una imagen estremecedoramente bella. Gloria a Mogwai. (Arnau Roma)

ANIMAL COLLECTIVE (02:00h, San Miguel)

Uno de los conciertos más esperados del festival era sin duda alguna, y como cada vez que vienen, el de Animal Collective. Tras la publicación de su magistral Merriweather Post Pavilion solo nos habían visitado en el Sónar del pasado 2009, en el que para muchos no fue un gran concierto (demasiada abstracción, demasiada psicodelia). Dicho esto, y como fan absoluto de los animalitos, esperaba algo más de su actuación en este Primavera Sound 2011. Durante el concierto nos desfogamos en nuestro Twitter: «Bastante indignados con Animal Collective. Una hora de concierto y un par temas conocidos. ‘Brothersport‘ y poco más«, y la verdad es que con este tweet ya casi lo dijimos todo. Un concierto bastante monótono, con muy pocas canciones conocidas y con la experimentación como pilar principal. La sensación, una vez más, es que tienes que concentrarte muchísimo para disfrutar de uno de sus conciertos, y las dos de la mañana de un sábado en un festival no parece el lugar ideal para hacerlo. De habernos deleitado con unos cuantos hits más (‘My Girls‘, ‘Fireworks‘, ‘Grass‘ (¿acaso escasean?)) podríamos haber salido contentos, pero no fue así. Eso sí, tampoco nos engañemos, disfrutamos mucho con ‘Summertime Clothes‘ (mientras duró). (Andreu Llos; Foto: Inma Varandela)

DJ SHADOW (02:50h, Llevant)

A las 03:00 de la madrugada, diez minutos después de que el set de DJ Shadow hubiera comenzado, la estampa en el Llevant era surrealista cuanto menos curiosa. Ya había sonado una versión bastante cañera de ‘Building Steam with a Grain of Salt’, mítico tema del no menos mítico Entroducing….. (¡15 años ya!), y la pista, en vez de ser un hervidero, seguía medio vacía. Para más inri, en el escenario no había ni rastro de Josh Davis, ni de su mesa de mezclas, ni de sus platos. Lo único que podía verse era una enorme bola blanca sobre la cual dos aparatos proyectaban imágenes de muy diversa índole, algunas más acertadas que otras, pero todas efectistas gracias al grado de paranoia que confiere una superficie convexa. Entonces, como si del gran José Luís Moreno en Noche de Fiesta se tratara, el señor Shadow habló en off y, todavía sin saber desde dónde, dio la bienvenida al cada vez más numeroso público antes de pinchar ‘I Gotta Rokk’, una canción nueva con un incisivo sample rockero tipo 16 bits que fue recibida con la emoción propia de los que dan la primera escucha a material nuevo de su artista favorito cinco años después (The Less You Know The Better, el nuevo álbum en solitario del DJ californiano, sale en septiembre). La música continuó fluyendo y, unos bailoteos más tarde, pudimos ver unas delatadoras imágenes de DJ Shadow en plena faena dentro de un pequeño habitáculo. Blanco y en botella: ¡el tipo actuaba dentro de la bola! Para cuando ésta se abrió la gente ya había llegado de Animal Collective (y se había dado cuenta de que el concierto había sido adelantado 40 minutos sin previo aviso, he aquí el misterio del poco público inicial), la locura empezaba a ser palpable y los vítores se sucedían. Tremendos fueron al intuirse las archiconocidas ‘Six Days’ primero y ‘Organ Donor’ luego, insignias ambas de este pionero del hip hop instrumental que, con su habitual pericia para crear ambientes apuntilló la noche y para muchos el festival con ‘High Noon’. Y así, con sencillez y sin excesivas virguerías más allá de en lo visual, Davis se apunto una nueva victoria, la enésima de su currículo. Crack. (Arnau Roma)

DJ COCO (+ MUJERES) (03:30h, ATP)

Y llegaba la recta final, el sitio donde confluían los caminos, el punto de encuentro con toda aquella gente a la que casi no habías visto durante el festival. DJ Coco, en el ATP, a las 3:30h. «Nos vemos allí«. Entre temazos, hits habituales (Port O’Brien, Wavves,…), las últimas fuerzas sacadas de donde haga falta… Y, de repente, DJ Coco que deja el escenario, y del fondo aparece una batería con ruedas, algunos pies de micro, y cuatro tipos trajeados. Son Mujeres, y están tocando versiones de The Beatles. Una sorpresa que mucha gente no acaba de entender, aunque está bien medida y al cabo de cuatro o cinco canciones se van igual de rápido que habían llegado, con la sensación de haber bailado y de haber cantado canciones familiares, de todos. El recuerdo es difuso. Después, el retorno de Coco, la semi-invasión de escenario, y… el final del festival, porque este año debido al barullo que vivía la ciudad (acampadas, Barça, etc) no se permitió alargar el cierre hasta la salida del sol y más allá. Esta vez no hubo 15 canciones «finales«. Hubo una canción final y empezaron a desmontar, y nosotros a enfilar por última vez el camino de salida, con alguna que otra planta de recuerdo. Mucho vivido, y mucho por explicar. El año que viene, más. (Aleix Ibars)

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