05/06/2011

El viernes se auguraba, a todas luces, como el día grande del San Miguel Primavera Sound 2011. No tenemos cifras oficiales de asistencia, pero estamos […]

El viernes se auguraba, a todas luces, como el día grande del San Miguel Primavera Sound 2011. No tenemos cifras oficiales de asistencia, pero estamos seguros de que fue el día más concurrido y de que se superaron, de lejos, las 40.000 personas en el recinto del Parc del Fòrum (lo nunca visto, vamos). Y es que a la esperada presencia de Pulp, el cabeza de cartel más llamativo del festival en la edición de este año, se le sumaba una segunda oportunidad para ver el glorioso espectáculo de Sufjan Stevens a primera hora (que nosotros ya habíamos visto el jueves; aunque alguno que otro repitió), y contaba como atracción extra con unos The National totalmente consolidados que, sin embargo, llevaban años sin pisar Barcelona y que vieron recompensado ese estatus con uno de los conciertos más multitudinarios de todo el festival. Eso en el apartado más popular, claro, porque en el otro lado la presencia por enésima vez de Shellac atraía a sus fans incondicionales, Pere Ubu daban lecciones de historia en clave de rock y ruidismo, Low dejaban catatónico al personal y M. Ward saldaba cuentas con la ciudad por fin. Todo esto y mucho más en la crónica del viernes 27 de mayo del San Miguel Primavera Sound 2011. Pasen y vean. (Y lean la crónica del jueves 26 aquí).

M. WARD (20:00h, San Miguel)

«¡Que bajen el bajo de M. Ward!«, fue uno de los Twitts que intentamos mandar desde las colapsadas redes 3G del recinto del Primavera Sound 2011. No tenemos muy claro si llegó al otro lado, pero el mensaje sigue vigente: el sonido de M. Ward perdió, en directo, todos los matices que suele tener en disco por culpa de un excesivo volumen del bajo, problema al que también contribuyó el uso de dos baterías (que, dicho sea de paso, era más espectacular que efectivo). El mago de Portland se paseaba, a su antojo y ataviado con gafas de sol, por el escenario, seduciendo con su voz profunda (más rota que lo que suena en disco) y repasando especialmente sus dos últimos discos, el célebre Post-War y Hold Time. Cierto, escuchar encima de un escenario ‘For Beginners‘, ‘To Save Me‘, ‘To Go Home‘, o ‘Right In The Head‘ fue para un servidor algo así como una cuenta saldada con el bueno de Matt, aunque personalmente eché en falta la lánguida ‘Hold Time‘. No había espacio para ella en un repertorio enérgico, de final mucho más country que folk, de pocos matices y mucha intensidad, en el que sí hubo lugar para la improvisación, para Matt al piano y hasta un recuerdo para Monsters of Folk. Muy bien, pero Matt, hombre, déjate caer por alguna sala de Barcelona algún día, que intuimos que esto entre cuatro paredes sería otra historia. (Aleix Ibars; Foto: Dani Cantó)

JAMES BLAKE (20:30h, Pitchfork)

Era uno de los conciertos más esperados del Primavera (el Pitchfork, hasta la bandera) y… vale, no acabó de cuajar. Pero antes de tirar a este jovencísimo y talentoso inglés a la voluminosa pira del ‘hype no confirmado’ démosle, al menos, el eximiente de fuerza mayor. Y es que la sensación generalizada es la de que en un lugar cerrado sin tantos condicionantes externos (como que no te presida la luz del sol y que no se te acople el sonido de otros escenarios), el directo de la gran promesa de este dubstep ‘con alma’ habría dado mucho más de si. Ante estos inconvenientes, se vio incapaz de trasladar la intimidad y el sentimiento desesperado que se esconde tras su afectadísimo álbum de debut. Aún así, Blake dejó muestras de su valía (magnífica voz) y demostró que su apuesta por trasladar sus canciones en un formato de trío es el correcto y está más que bien engrasado. Ahora sólo hace falta que ‘Limit To Your Love’‘CMYK’ no sean flor de un día y pueda combatir la monotonía, que personalmente creo que impera en su álbum homónimo, con joyas de ese calibre. Tal vez en una próxima ocasión, si la tiranía hipster no ha decidido para entonces girar el pulgar hacia abajo. (David Jiménez)

PERE UBU PLAYS THE ANNOTATED MODERN DANCE (21:15h, Ray-Ban)

Una de los peores cosas que te pueden pasar en esta vida es ser dominado por los prejuicios y acabar cerrándote en banda sin saber dar una oportunidad. Pues que no se diga esta vez, me retracto del todo con Pere Ubu. La banda del talludito, aparentemente hosco pero sin embargo entrañable David Thomas dio un clase magistral de lo que debe ser un concierto vigoroso y epatante (por si alguien aún no se había dado por enterado) y, de regalo, una buena lección para desconfiados por sistema como yo. Divertidos y contundentes como pocos vi a lo largo del fin de semana, venían a darle un repaso a su debut, The Modern Dance, parido hace ya 33 añazos, y que sentó las bases del sonido de la banda de Ohio: un pie en ese rock setentero que comenzaba a difuminarse con los primeros coletazos del punk (muy en la onda de los Stooges) y el otro en la experimentación y el ruidismo. Y lo acometieron del único modo que saben hacerlo: descartando el camino fácil y tirándose el abismo a la más mínima ocasión, con un Thomas (que podría parecer abonado al topicazo del viejo bravucón de la América profunda si no fuera porque se le ve de vuelta de todo) aderezando sus canciones con tronchantes anécdotas, mientras daba lingotazos a una petaca de algún brebaje que debe ser el principal culpable de ese tono de voz tan peculiarmente cazallero. Al final, ni un remordimiento por perderme a The National y exultante por saber que tengo una extensa discografía para perderme durante un largo tiempo y un nuevo héroe al que rendir tributo. Conciertazo. (David Jiménez)

THE NATIONAL (21:15h, Llevant)

Cada vez que lo recuerdo me entran escalofríos. Fue perfecto, de cabo a rabo, de principio a fin. Desde la cerrada ovación a una banda que, misterios de la vida, reventó el escenario Llevant como si de Coldplay se tratara (Aleix Ibars dixit), hasta las notas finales de ‘About Today’, sorpresa para acabar y guiño a los más veteranos que aun hoy bendicen el sutil y magistral Cherry Tree EP. Por no mencionar el delicioso inicio, de menos a más, que es ‘Start a War’, un aviso de que la puesta de sol del viernes 27 de mayo de 2011 se recordaría durante mucho tiempo. Como si estuviera escrito en un guión magistralmente elaborado, The National culminaron su ascenso a la cima con el mar de fondo, en un entorno idílico para un set superlativo que debería llevarles de cabeza al olimpo de grupos que han pisado el Parc del Fòrum alguna vez. Alternar temas de su trilogía mágica (Alligator, Boxer y High Violet) les funcionó a las mil maravillas, y que por fin cuenten con una sección de viento para el directo resulta clave para redondear su retahíla de himnos, llámense éstos ‘Bloodbuzz Ohio’, ‘Squalor Victoria’ o Fake Empire‘. Todos funcionaron, sin excepciones, un poco por lo fuerte y bien que sonaba la voz de ultratumba de Matt Berninger (que se pimpló una botella de vino enterita, rompió pies de micro y se desgañitó con gran frecuencia: carisma infinito) y un mucho por el metrónomo de Bryan Devendorf, ese batería que sin grandes exhibiciones transmite un mundo y parte del universo. Y hubo sorpresa (relativa, que dos más dos son cuatro): la doble aparición de Sufjan Stevens, triunfador entre triunfadores, que en ‘Afraid of Everyone’ meneó la pandereta e hizo los coros desde una esquinita y en ‘Terrible Love‘ contribuyó a llevar a la audiencia al borde del colapso en un desenlace descomunal. Allí se llegó tras una segunda parte de concierto inenarrable, que empezó con acertadísimos rescates de Alligator (‘Abel’ y ‘All The Wine’), que continuó desgarradora con el desamparo de ‘Sorrow’ y que tras la belleza elegante de ‘Apartment Story’ («but I’ll be with you behind the couch when they come on a different day just like this one») asaltó la banca merced a un póquer histórico: de ‘England’ y su piano, más grandes que la vida, a ‘Fake Empire’, el imperio del viento, y de la épica desaforada de ‘Mr.November’ a la catarsis definitiva de ‘Terrible Love’, con cuyo estallido de luces y sonido debería haberse acabado el mundo. No lo quiso así The National, que después de la apoteosis todavía nos invitaron a reflexionar con la citada ‘About Today‘. Canela en rama antes de desaparecer, convertidos ya en los otros héroes del festival. Gigantes. (Arnau Roma; Foto: Daniel Boluda)

BELLE & SEBASTIAN (22:45h, San Miguel)

Justo antes de que empezara el concierto, los fans de Belle and Sebastian nadaban en un mar de dudas. Un mar de dudas y miedo a que los escoceses decidieran centrarse en su último (¿y peor?) disco, Write About Love, olvidándose de todo lo anterior, de esas canciones con las que muchos hemos crecido y cuyo espíritu naif y adolescente parece haberse perdido ahora que B&S nos quieren hacer bailar. Afortunadamente no fue así: Stuart Murdoch y compañía saben qué esperan sus fans y se concentraron en estar a la altura de todas esas expectativas. Y no, no sonó nada de Tigermilk, pero sí hubo tiempo para repasar el resto de la discografía del grupo, desde pequeñas maravillas acústicas como ‘The Stars of Track and Field‘ hasta el inquietantemente pegadizo hit de rock cristiano que es ‘If You Find Yourself Caught In Love‘, pasando por regalos para los hardcore fans como ‘Le Pastie De La Bourgeoisie‘. Todo ello en un concierto en el que Stuart Murdoch fue el claro líder con sus bailes hiperactivos (¿se puede saltar tanto y cantar sin resoplar?) y sus continuos detalles con el público. Por supuesto, bajó un par de veces a darse un baño de masas: una en ‘Lord Anthony‘ para que una chica de primera fila le echase rimmel, y otra antes de ‘Legal Man‘, mientras Stevie ponía nerviosos a los fans de Pulp tarareando ‘Common People‘, para decidir quién subía al escenario a bailar. La actuación fue impecable y el sonido perfecto. Si cerrabas los ojos, podías hasta olvidar que B&S son ya una panda de cuarentones e imaginar que tanto ellos como tú tenéis 15 años otra vez. Y volver a la adolescencia (de forma temporal) es siempre bonito. (Ana Bulnes; Foto: Dani Cantó).

NO JOY (23:00h, Jägermeister Vice)

Había demasiado tráfico en la explanada del San Miguel. «Too much», que diría Sufjan Stevens (¿lograré escribir una crónica del Primavera Sound 2011 sin mencionarle?) y, a menos que uno estuviera dispuesto a pelear contra la marea humana por un sitio, se antojaba complicado ver el concierto de Belle & Sebastian en unas condiciones mínimas de confort. La situación recordaba peligrosamente el fiasco del pasado BAM en l’Antiga Fàbrica Damm, así que, escaldados y pidiendo a gritos una visita de los escoceses en sala, optamos por huir hacia nuestro plan B: los debutantes No Joy. Emplazado en el coqueto Jägermeister Vice (cuya barra no servía el célebre licor de hierbas, advirtió alguien con mucha gracia), el cuarteto canadiense despachó ante un puñado de curiosos poco más de media hora de guitarras distorsionadas y adrenalínicas con la tranquilidad de quien no se siente muy observado. El suyo es un revival shoegaze noventero en toda regla (hola, Sonic Youth), donde no abundan las florituras y en el que las capas de sonido se superponen sin parar, recurso efectista cuando se utiliza de manera puntual (en ‘Heedless’, por ejemplo). Sin embargo, abusaron de él, como abusaron del ruido y de la oscuridad, lo cual sepultó los pocos y acertados momentos pop que asoman en Ghost Blonde (‘You Girls Smoke Cigarrettes?’). Y esos también los queríamos escuchar, la verdad, ni que fuera para pensar que en el tweet de Bethany Cosentino (Best Coast, quien aseguró que No Joy eran la mejor banda «ever») había un ápice de cordura. Quedó claro que no, aunque es de justicia admitir que ‘Hawaii’ y ‘Still’, dos de sus argumentos más sólidos, justificaron el haberse separado del rebaño durante un rato. (Arnau Roma)

LOW (23:15h, ATP)


«I would be your king, but you wanna be free. Confusion and art. I am nothing but heart, I’m nothing but heart, I’m nothing but heart»… Y así hasta el infinito. Fue claramente uno de los momentos del festival. ‘Nothing But Heart‘ se la dedicaron a los desalojados de la Plaça Catalunya, a los indignados, a los que recibieron palos hasta en el cielo de la boca. La densidad emocional de este momento fue brutal. Uno estaba allí sentado, mirando las luces azules y los destellos blancos, hipnotizado por completo por ese crescendo triste y sólido, por ese bucle infinito en el que de pronto irrumpe una distorsión cruda como un trueno (en pocas canciones tal recurso es tan narrativo), como un arañazo de rabia. Y las voces empastadas se bifurcan. Colaborando de lejos. Y te das cuenta de que, en realidad, esta es la canción que lo resume todo, que no hace falta más letra para decirlo todo. Fue un momento a la altura de muy pocos. Pero el show, claro, dejó otros instantes de alto voltaje, como ‘Monkey‘ con ese ruido infernal detrás; o ‘Silver Raider‘, brillante. Joyas ambas de The Great Destroyer (disco que el año pasado tocaron íntegramente en el Auditori). Delicioso. Nosotros, que no teníamos buen sitio, nos fuimos antes del final para coger sitio para EITS. Error, pues cuentan las crónicas que en encadenamiento final de ‘Sunflower‘, ‘Murderer‘ y ‘Canada‘ fue impresionante. Vamos, que no fallan y no fallaron. Sí lo hizo la organización, al ponerlos en ese escenario a esa hora: allí no cabía un alfiler y muchos de los que fueron lo vieron de lejos y mal o no lo vieron directamente. El ATP se quedó raquítico. (Daniel Boluda: Foto: Inma Varandela).

EXPLOSIONS IN THE SKY (00:30h, Ray-Ban)

La vida da muchas vueltas, dicen, y suele ser verdad. Tanto preocuparnos por cómo resolveríamos el trago de los solapamientos y al final el más temido por quien le da a las teclas del portátil (Explosions In The Sky vs. Deerhunter) se quedó en una decisión sencilla, sin demasiada historia. Ocurrió que las lumbares estaban a punto de ceder y, al ordenarles una nueva excursión hacia el escenario Llevant, se aliaron con las piernas y decidieron hacer huelga. Lo siento Bradford Cox, las gradas del Ray-Ban eran el oasis soñado por mis maltrechas extremidades inferiores, y daba la casualidad de que justo allí tocaban los amigos de Explosions In The Sky, a los que siempre es un placer recibir. Y vale que nos sabemos de memoria el discurso con el que empiezan, pero qué quieren, aquello de «Hola, somos Explosiones en el Cielo, cierren los ojos y vamos a explosionar el cielo» nos sigue provocando el cosquilleo del primer día. Además, sin haber revolucionado la fórmula del éxito en su último trabajo, Take Care, Take Care, Take Care, los texanos vuelven a atinar (muy disfrutables ‘Last Known Surroundings’ o ‘Postcard From 1952’), con lo que la excusa de la novedad discográfica también era válida. Del concierto, notable, dos quejas: su duración (incomprensible que solo dispusieran de 45-50 minutos) y la poca atención de un numeroso sector del público. Volvió a quedar patente que para atraparte, para que la esencia de su música te conmueva las neuronas y éstas no caigan en mundanales distracciones (parloteo incesante, constantes palmas, «wooooos» a cascoporro…), EITS necesitan un espacio cerrado o lo que vendría a ser lo mismo, un riguroso silencio. Quizás fuera la ausencia de éste lo que les llevó a obviar muchas de las partes más tranquilas de las seis canciones que interpretaron (ninguna de Those Who Tell The Truth Shall Die, Those Who Tell The Truth Shall Live Forever, ya que estamos protestones), hecho que derivó en una sucesión de tormentas sónicas tan potente como extraña, pues el nirvana nunca llegó. Hubo varios picos de emoción, eso sí, pero a las grandes ‘The Only Moment We Were Alone’, ‘Catastrophe and the Cure’ o ‘The Birth and the Death of Day’ les faltó la pausa que las convierte en maravillosas. Una lástima. (Arnau Roma)

SHELLAC (00:45h, ATP)

Yo que lo tenía todo preparado para linkar la crónica del año pasado a modo de homenaje/coña, y van y se dejan ‘Prayer to God‘ en el tintero. Da igual, lo que importa es que ya puedes haber visto el show de Steve Albini (fan total de su camiseta de perro Huski), Todd Trainer (cuídate, macho) y Bob Weston (irreprochable, como siempre) una infinidad de veces, saberte todos sus trucos de memoria y prever cualquier movimiento como si fueras un astuto vidente en la hora de la teletienda; ellos siguen siendo magníficos, están un peldaño por encima del resto. ‘My Black Ass’,  ‘The End of the Radio’‘He Came in You’esa canción que trata exactamente de lo indica su título«, como remarcó comicamente el productor más determinante del rock alternativo), no suena mejor que hace, pongamos, cuatro años, pero porque eso es imposible. Han alcanzado tal nivel de perfección/compenetración/ejecución de su fórmula, que sólo queda rendirse ante el directo más potente y depurado que existe en nuestros días. Una celebración anual ante un público que aprovecha las pocas ocasiones que tiene en el festival para sacar su instinto más hardcoreta, como en el presente directo haciendo crowd surfing o en el de Odd Future asaltando el escenario. Desactivada ya cualquier crítica acerca de por qué repiten año tras año (simple y llanamente: porque lo valen, por si no había quedado claro), ya pueden volver una docena de ediciones más si quieren, que aquí me tendrán. (David Jiménez)

PULP (01:45h, San Miguel)

Y llegaron Pulp. Diez años después, la reunión de uno de los grupos claves de los 90 y el britpop despertó la mayor de las euforias, tanta que ya una hora antes, el escenario San Miguel estaba abarrotado de público expectante. La espera tuvo su recompensa gracias, primero, a un láser que iba mostrando frases graciosas en catalán e inglés, interactuando con el público y anticipando lo bien que se lo iban a pasar, y segundo, a un tren arrollador que no dio apenas descanso al respetable llamado Pulp. Nadie salió defraudado de un concierto que cumplió todos los requisitos que la condición de cabeza de cartel en solitario del festival les imponía: una selección de grandes éxitos para la multitud que solo quería eso (empezaron con ‘Do You Remember The First Time?‘ y terminaron con ‘Razzmatazz‘ (en honor a la ciudad, aunque… bueno), y entre medio pueden imaginarse, algunas golosinas en forma de canciones para los que sabían de qué iba el tema (vean el setlist aquí), un espectáculo de luces y color digno de una producción millonaria, y una banda engrasada que, seamos sinceros, funcionó como un reloj para la exhibición sin paliativos de ese ídolo que es Jarvis Cocker. En este concierto de vuelta, admitámoslo, Pulp fue él. Da igual que viniera la formación original, o que Pulp sean seis personas y no Jarvis en solitario tocando canciones de Pulp. Esa noche Cocker tenía el escenario para él solo, tenía lugares a los que subirse para destacar más, tenía a miles de personas escuchándole solo a él. Estuvo imparable, como siempre, y si faltaba alguien por ganarse, lo hizo al final del concierto, dedicando esa leyenda que es ya ‘Common People‘ a los Indignados de Plaça Catalunya (a los que habían intentado desalojar a palos la madrugada anterior), asegurando que él no era quién para decir nada pero que cuando la Policía reparte ostias a un movimiento pacífico es que algo falla. Todo, por tanto, muy grande. (Aleix Ibars; Foto: Inma Varandela)

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