06/05/2011

Lleva unos días colgado en la red, pero hoy se pone oficialmente a la venta el esperadísimo segundo álbum de Vetusta Morla. Hablar de un […]

Lleva unos días colgado en la red, pero hoy se pone oficialmente a la venta el esperadísimo segundo álbum de Vetusta Morla. Hablar de un grupo, a día de hoy, tan fronterizo como Vetusta Morla es para un blog como este una forma de retratarse. Incluso no hablar de ellos es una forma de retratarse, así que imagínense. Empecemos haciendo un poco de historia indiespotera (cómo mola poder hacerlo) sobre esta banda. Tiremos de hemeroteca. Les descubrimos por marzo de 2008, les entrevistamos en abril de ese mismo año y allá por septiembre, tras reventar a escuchas esa maravilla que era y sigue siendo Un Día en el Mundo, teníamos muy claro que estarían entre lo mejor del año. Así fue, en diciembre entraron entre los cinco mejores discos estatales de 2008 y desde entonces no nos hemos olvidado de ellos, ni mucho menos. Valga esto para aclarar, antes de nada, que a nosotros no nos echa para atrás la voz de Pucho, que no tenemos problemas con los dejes comerciales de algunas de sus canciones (es más, nos gustan), ni (necesariamente) con su inmediatez y accesibilidad, que no entendemos como defectos. Y no sé si esta aclaración era necesaria, pero hecha está. Y ahora bajamos.

Las cartas sobre la mesa: Mapas, el segundo disco de Vetusta Morla, no es Un Día en el Mundo. En Mapas no hay una ‘Copenhague‘, ni un ‘Sálvese Quien Pueda‘, ni siquiera un ‘Saharabbey Road‘. Hay menos estribillos y más elementos. Es más rock (atención a los directos que nos esperan). Es menos no-complejo y por tanto menos inmediato. Suena mejor, pero no a superproducción, y musicalmente aguanta muchísimas de las cosas que hicieron gigante a su predecesor. Buenas guitarras (sólo por aquí podría sostenerse la comparación con Radiohead, no enloquezcamos), bajos generalmente acertados, baterías correctas y contundentes, coros preciosistas y arreglos armónicos en lugares exactos. Y claro, la voz de Pucho, esa que a unos enamora y a otros da repelús. Nasal, juvenil, afinada al milímetro, doblada al nanómetro, energética y personalísima.

Con estos mimbres, Vetusta Morla dejan momentos de muy alto voltaje musical, como el estribillo de ‘Lo que te Hace Grande‘, la más directa, que no la mejor; el inicio de ‘Mi Suerte‘, que luego empeora; y, sobre todo, el descomunal final de la épica ‘Los Días Raros‘, tema de 6:28 que abre el disco (ninguna de sus 11 acompañantes pasa de los 4:40, de ahí la relevancia). Una canción que por su posición y desarrollo (delicioso piano al inicio) parece una declaración de intenciones, una demostración de fuerza. Lo decimos ya, posiblemente su grandiosa segunda parte sea lo mejor que hayan hecho en términos absolutos. Con esa percusión indestructible y esa superposición de coros que aspiran por momentos a Dirty Projectors. La mejor, la menos radiable. Chúpate esa, industria del disco. (Todo será que ahora hagan un radio edit (bajada de pantalones) a lo Death Cab For Cutie con ‘I Will Posses Your Heart‘ y nos dejen mal).

Pero hay también aproximaciones más modestas, como ‘Baldosas Amarillas‘, que parece perderse por momentos en cambios sin fuelle; o ‘Maldita Dulzura‘, de las más suaves del álbum, con una brisa latina que se agradece por la variedad que introduce, pero que no termina de convencer; como ese estribillo sin músculo de ‘Escudo Humano‘, que quiere más de lo que puede. Aquí les hubiese venido mejor una producción más grande. Con todo, musicalmente Mapas no sólo aguanta, sino que evoluciona, mejora y aleja a estos Vetusta Morla de su lado más previsible (cosas como el comienzo de ‘El Hombre del Saco‘), en una apuesta valiente y que se agradece. Pero el meollo de la cuestión, hermanos, está en las letras.

A largo plazo, superada la aversión (si existiese) a la voz de Pucho, y asumido que Vetusta Morla, matiz arriba matiz abajo, hacen pop-rock español, los textos son lo que puede hacer de este álbum un paso hacia adelante, un digno sucesor, o un tropiezo. Para saber a qué atenernos deberíamos mirar qué decían las letras de su predecesor. Aquellas también eran raras, por simplificar. Llenas de imágenes aisladas, pero con fuerza («por las noches nos encierran en sus jaulas de cemento y aprendemos del león»), historias algo crípticas, pero con anclas a la realidad («mírame, soy feliz, tu juego me ha dejado así, la sangre cubre mi nariz»). En Mapas estas anclas son más escasas.

Es pronto quizás para ser tan radical, pero no pocas veces las canciones avanzan sin decir nada en una sucesión de frases cortas, más o menos llamativas, (cuántos nicks del Messenger hubiesen llenado en su día) pero que quedan lejos de la poesía a la que parecen querer aspirar. La comparación con el último trabajo de Standstill es pertinente y clarificadora en este punto: unos llegan, otros no. Las imágenes que en Un Día en el Mundo eran potentes, aquí suelen pecar de poco ofensivas, de quedarse a medias («nos destaparemos en la intimidad con la punta del zapato»). En algunos casos, son directamente malas («quién iba a decir que sin carbón no hay Reyes Magos», ejem; por no hablar de «hay un señor con el pijama a rayas al que han hecho rehén las musarañas» que, aunque dentro de contexto no canta tanto, es una rima que podría haber firmado Rosa León, lo siento).

Otras veces los textos esconden una buena idea, pero la exponen de forma muy obvia, como en el también referido estribillo de ‘Escudo Humano‘: «nos queda mucho más que hacer que ver en la televisión cómo el mundo se acaba». Y en otras, uno se queda como con cara de tonto o con ganas de ir al Prado: «se dan muerte a garrotazos, una estampa muy goyesca». A pesar de que tenga un mérito tremendo haber metido el semejante adjetivo en un aspirante a single.

Pienso, y esto ya es muy personal, que quizás somos nosotros los que hemos cambiado en estos tres años, los que nos hemos vuelto más exigentes con los textos. Pero Mapas es un disco que pide a gritos ser juzgado por sus letras, pues son evidentemente su hecho diferencial. A mí me lo parecen. Y en ese órdago, y a falta de más escuchas, Mapas no llega donde pretende. Es decir, es pretencioso, que está entre los peores adjetivos que pueden ponérsele a un disco.

No es un desastre líricamente, no hay que exagerar. De hecho, el libreto deja buenos versos («como un funambulista imbatible leyendo en braille los pasos del siguiente mortal», que no es el único tan Quique González), incluso buenas imágenes («hoy he vuelto a hacer trinchera en la ventana…») y grandes verdades, bien contadas («cada error en cada intersección no es un paso atrás, es un paso más»). Confiamos en que el tiempo y la paciencia acaben por ablandar las letras y hacerlas más comprensibles, como en parte también ocurrió con su debut. Quizás podremos decirles en unos meses aquello tan manido de «no eres tú, soy yo» [el que no se enteraba de nada, cari].

A todo esto, Vetusta Morla hacen las cosas como quieren. Con un par. Adelantan un tema, ‘En el Río‘, que luego no editan como single y que no es tampoco el primero en tener vídeo. Ese honor queda para ‘Lo que te Hace Grande’, que es el que suena ahora en las radios, pero que tampoco es claramente su «single» en el sentido en que lo entendemos. Aunque debería y probablemente lo será. La independencia en las formas es total, se ve, y eso, tontamente, ayuda a seguir viendo a Vetusta Morla como unos chavales que se autoeditaron una obra de arte y no como unos llenaestadios en manos de managers con manual.

¿Y el veredicto? Que es un buen álbum. Notable. Que si en vez de tres años hubiesen tenido otros nueve, probablamente sería otra joya, pero que no llega a tanto. ¿Decepcionante? En absoluto. No podían y no debían hacer otro álbum como el primero: repetir fórmula, remendar los descartes bajo el mismo prisma hubiese resultado en un álbum demasiado evidentemente continuista y probablemente mucho peor. Por eso Mapas no es una decepción y, sobre todo, importantísimo, deja claro que Vetusta Morla no va a ser flor de un día, ni de dos, como decían los agoreros. Pero falta maduración. Si vamos en serio con las letras, vamos en serio, si no, seamos modestos, contemos otra cosa. Por otra parte, no es arriesgado mojarse: van a venderlo todo. Y si ellos quieren y les dejan, probablemente sigan dándonos muchos minutos de gloria. Madera hay.

Vetusta Morla tocan esta noche en el SOS Murcia, los días 10, 12, 13 y 14 en Barcelona (sólo quedan entradas para el 14, en Razzmatazz), y estarán el 16 de Junio en el escenario del Día de la Música en Madrid. Resto de la gira, aquí.

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