24/12/2010

A veces, si les somos sinceros, hay que rebuscar un poco para encontrar discos editados aquí que cumplan con los niveles generales de exigencia y […]

A veces, si les somos sinceros, hay que rebuscar un poco para encontrar discos editados aquí que cumplan con los niveles generales de exigencia y se puedan comparar de tú a tú con los de la lista internacional. A veces, repetimos. Este año, el problema lo hemos tenido para seleccionar lo que queríamos incluir en el Top 20, porque se han quedado fuera discos magníficos por temas de espacio. Y no sólo eso, sino que en una situación insólita, realmente creemos que cualquiera de los cinco primeros discos de esta lista podría estar en la primera posición sin problema alguno. Un año espectacular en todos los sentidos y estilos, un año de culminación de muchas carreras, que han alcanzado su punto álgido en este 2010, de notables confirmaciones y de agradables novedades. Un año de música en castellano y catalán que hemos resumido en 20 discos y que les dejamos casi íntegramente en nuestra lista de Spotify (además de la posibilidad de escuchar cada uno de los discos por separado). Así que empecemos. En el número 20…

20. Fred i Son – Diu Que No Sap Què Vol (Sones)

El nombre (Fred i Son, frío y sueño en catalán), la preciosa portada de punto de cruz y detalles como cocinar galletas en forma de guitarra para los primeros en comprar su CD. Todo en el universo de los catalanes Fred i Son desprende una ternura infinita, una delicadeza que te pone de buen humor y que, por ridículo que suene, hace que quieras abrazar al primero que pilles. Es así, la inocencia que irradia su sorprendente debut tiene un gancho natural que aún y rozando lo excesivamente naíf se hace muy tolerable, pues si se fijan las suyas son (estupendas) canciones pop infantiles… para adultos. Las voces de Xavi Rosés y Elisenda Daura nos cuentan catorce bonitas historias que combinan ficción y cotidianeidad, permitiéndonos hacerlas nuestras con suma facilidad. Se disfrutan menos si uno no habla la lengua de Pompeu Fabra, pero tanta vitalidad no podía quedarse fuera de la lista, y menos en estas fechas. (Arnau)

19. Tulsa – Espera La Pálida (Subterfuge)

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Tulsa es intensidad y emoción, delicadeza y dulzura, sensualidad y sugerencia. Espera la pálida, el tercer disco del grupo vasco liderado por Miren Iza (algo así como nuestra Cat Power), supone su acercamiento más pop, más de canción, que cuenta con una producción acertadísima para que la voz de Miren envuelva al oyente hasta mecerlo en un estado de ensoñación profunda, con el convencimiento de que canciones como ‘Matxixaco‘, ‘El Duelo‘ o ‘Herencia Veneno‘ ahondan en uno, penetran por su melancolía triste y su mágico atractivo, hasta crear una especie de extraña adicción. Una maravilla. (Aleix)

18. Aias – A La Piscina (El Genio Equivocado)

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En la música el talento no lo es todo. Toma topicazo. Sin embargo, por suerte o por desgracia el tópico es cierto: para darte a conocer también cuenta (y mucho) el azar, el saber moverte, el aprovechar las oportunidades. Grandes estrategas o simples afortunadas, Aias tienen talento y han sabido estar en el lugar adecuado en el momento adecuado, de ahí que surfeen por la cresta de la ola de ese pop lo-fi ligeramente punk que tan de moda han puesto Vivian Girls o Best Coast. Pese a cantar en catalán, ya han aterrizado en el sello Captured Tracks y hasta han dado bolos en Japón. Fulgurante trayectoria la suya gracias al fresquísimo A La Piscina, un álbum que sin ser la revolución juega muy bien sus sencillas cartas: mucho reverb, producción a lo Phil Spector, tres voces femeninas y pastorales y, sobre todo, temas certeros (‘La Truita’, ‘Quan Tornis Demà’ o ‘A La Piscina’). Hay que ver cómo sube la juventud. (Arnau)

17. Tachenko – Os Reís Porque Sois Jóvenes (Limbo Starr)

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Así vestidos de negro, con esas pintas de puretillas horteras que se van de boda, uno puede pensar que Tachenko han decidido ponerse serios y virar hacia la oscuridad. Falsa alarma, ya que escuchada la inicial ‘Compañeros del Metal’ se confirma que el pop luminoso de los zaragozanos sigue ahí, inalterable, tan necesario para la música alternativa nacional como los furtivos rayos de sol en invierno. No estamos ante lo mejor que han hecho el ex Niño Gusano Sergio Vinadé y compañía, pero sí quizás ante lo más consistente. ‘El Respland’Or’ funciona estupendamente como medio tiempo, ‘Escapatoria’ es un hit con todas las de la ley y ‘Tírame A Un Volcán’ y ‘Las Flores del Mal’ consagran el sonido Tachenko. Cuatro discos y ya podemos afirmar que sus composiciones se reconocen con apenas tres acordes, algo que no está al alcance de muchos. Un año más, es un placer verles perseguir la canción pop perfecta. (Arnau)

16. Me and the Bees – Fuerza Bien (La Castanya)

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No es matemático, pero a menos que sea por problemas de creatividad o de financiamiento si un grupo se toma su tiempo para publicar el debut es que se cuece algo bueno. Fíjense en Me And The Bees, por ejemplo, que hasta parir el Fuerza Bien del que ahora hablamos han aumentado la formación (de dos a cuatro miembros, entre ellos Carlotto de los desaparecidos Half Foot Outside) y han ampliado su paleta estilística. Para bien, claro, pues al folk acústico de sus inicios se han añadido guitarras eléctricas (‘Dirty Hands’) y numerosos detalles como las palmas y tacones de ‘Tibidabo’, que básicamente mejoran las ya de por sí notables prestaciones de los de Barcelona y les acercan un poquito más al pop optimista sin tapujos (‘It Could Be Real’, ‘The Bags’ o ‘Pamplinas’). Fáciles de amar y difíciles de odiar, lo cierto es que nivel de inglés aparte la propuesta de Me And The Bees es tan entrañable como intachable, y de aquí solo deberían ir hacia arriba. Ojalá sea así. (Arnau)

15. Furguson – My Friends Are My Culture (La Castanya)

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¿Siete canciones son un EP largo o podemos hablar de un LP ultra corto? Dénle al play, dejen sonar la batería introductoria de ‘Three Centuries’ y verán como se olvidan de tan insignificante debate. Para cuando el primer tema del disco haya estallado a  base de rabiosas guitarras e irresistibles líneas de sintetizador ya estarán contagiados de la euforía electro-punk con aires amateur que exhiben cinco adolescentes de Gurb (un pueblo, sí, pueblo, cerca de Vic). A partir de ahí sólo querrán seguir adelante y disfrutar del momento. Vibrarán con los arranques hooligans de ‘Everybody Else’, tratarán de descifrar si Aleix canta en inglés o en un idioma inventado en la infecciosa ‘Dog Racing’ y casi se romperán las cervicales de tanto mover la cabeza con el subidón de ‘Cabrit d’Un Campanar’. Tres balas más y sonarán las notas finales de ‘No Return’, justo en el momento en que se darán cuenta de que el viaje se ha hecho corto, demasiado. Y sepan que esto, su escasa duración, será lo único que puedan achacarle al vibrante My Friends Are My Culture de Furguson. Muy grande(s). (Arnau)

14. Inspira – Escapistes (Amniòtic Records)

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En muchos sentidos y para una inmensa mayoría, Escapistes es el primer disco de Inspira, proyecto personal de Jordi Lanuza. Y para todos supone una grata sorpresa, una de las joyas más deliciosas del pop en catalán de este 2010, que llegó prácticamente sin hacer ruido. Aquí todo se ha conjugado: la capacidad compositiva de Lanuza, siempre con su guitarra acústica en mano, y el toque maravilloso de Pau Vallvé a la producción, dotando a las canciones de una profundidad extraordinaria y permitiendo que ‘Onades de Nit‘, ‘Foc i Brases‘ o ‘Plou (i no vol parar)‘ sean obras de arte de pop épico y empático, del que cantas sintiendo todas sus palabras y con los ojos cerrados. Una sorpresa deliciosa. (Aleix)

13. El Petit de Cal Eril – Vol i Dol (Bankrobber)

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Ni niños, ni amateurismo ni más folk rural. El segundo disco de Joan Pons, El Petit de Cal Eril, es un ejercicio serio, maduro y trabajo de folk, de folk de verdad, del que podría convencer a cualquiera, a pesar de idiomas o prejuicios. Empieza con un pildorazo llamado ‘Cendres‘, de estribillo pegadizo a más no poder, conserva la contundencia en los finales de ‘Partícules de Déu‘ y ‘Volant‘ y hasta se atreve con experimentos como ‘Vol‘, totalmente a capella, o las dos partes de ‘Decapitació‘ (colaboración del gran Roger Mas incluida). En el resto del disco sigue primando la adorable sencillez de Pons (‘Dol‘, ‘Poca Pena‘), y cuando termina la segunda parte de ‘Partícules de Déu‘ uno se da cuenta de que este es un disco redondo como pocos. La confirmación definitiva. (Aleix)

12. Nacho Umbert & La Compañía – Ay… (Acuarela)

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La portada del álbum, como una foto mala del papel pintado de casa de la abuela, ya dice mucho. Sobria como el álbum que ilustra. Una colección de canciones como una cerradura a través de la que Nacho Umbert nos deja ver un pedacito del mundo. Un espacio y un tiempo. Un cachito de vida. Como la de ese pescador que no sabe nadar de ‘Cien Hombres Ni Uno Más‘. Como las de la infinita colección de personales que pasan por la maravillosa ‘La Verdad Es Que Me Da Igual’. Una canción sobre la indiferencia y el hartazgo en la que Nacho Umbert pasa del “egocéntrico hijo puta y arrogante” al “cocotín y cocotán” con una de ingenuidad infinita que desconcierta. Vienen a la cabeza el nombres ilustres como Nacho Vegas o Sr. Chinarro, pero también otros, como el de Bill Callahan, con esa voz grave y esos arreglos justos a que sólo la virilidad le separa de forma muy clara. El pero de este álbum es que, cuando la letra falla, cuando la historia no llega, la canción se desmorona. Y con alguna pasa. (Boluda)

11. Kokoshca – La Fuerza (Birra y Perdiz)

Una vez nos unimos a ellos (eso nos pedían en la primera canción de su debut), Kokoshca podían hacer lo que quisieran con su garaje punk lo-fi que parece grabado en un taller abandonado y destartalado. Es con ese punto malrollero como empieza La Fuerza, el segundo disco del trío navarro, con una canción que repite que «mami murió» (‘Mami‘). Y es en esa línea en la que se mantiene el resto del disco («vais a morir» en, eso, ‘Morir‘; «una mentira cantada se convierte en verdad«, en la aparentemente dulce ‘Sólo el Amor Podrá Salvarnos‘), jugando siempre en la delgada línea que separa el cinismo buscado con lo directamente siniestro. Pero es que, una vez unidos a ellos, no hay marcha atrás: La Fuerza es mejor, mayor y más macabro. Más Kokoshca que nunca. Una especie de sucesores de Tarántula, amén de buenos compañeros generacionales de Los Punsetes. (Aleix)

10. Los Planetas – Una Ópera Egipcia (Sony)

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Menudo trago lo de dar continuación a La Leyenda del Espacio, disco encumbrado unánimemente meses después de su publicación, hasta el extremo de convertirse en uno de los álbumes más aclamados de Los Planetas y de los últimos años en general. Ardua tarea que Los Planetas afrontaron con valentía a medias: sabiendo que difícilmente podrían superar su predecesor a nivel conceptual y de desarrollo, optaron por una doble salida: volver al pop más accesible en la primera mitad del disco (ahí están los hits ‘Soy un Pobre Granaíno‘, ‘Una Corona de Estrellas‘ o ‘La Veleta‘) y encarar, a partir de la colosal ‘Señora de las Alturas‘, una segunda mitad más oscura y densa, con la colaboración del tristemente desaparecido Enrique Morente en ‘La Pastora Divina‘ y el apogeo en la final ‘Los Poetas‘. Con todo, digna continuación. (Aleix)

9. Bigott – This Is The Beginning Of A Beautiful Friendship (Grabaciones en el Mar)

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Como si del Sujan Stevens de las promesas se tratara, desde 2008 Bigott funciona al ritmo de un larga duración por año. Empezó en 2006, y ni un lustro después nos sorprendemos alabando el que ya es su cuarto trabajo, el que debería hacerle traspasar fronteras y confirmarle como una sólida realidad. Borja Laudo, el maño que se esconde detrás del crápula y barbudo cantautor, casi no ha dejado que asimilemos las delicias de Fin que ya contraataca con un nuevo ramillete de joyas folk con sabor a puestas de sol americanas regadas con whisky. Tanto mejor, pues es una maravilla volver a escuchar su voz con ese deje tan Bill Callahan que junto con un punteo de guitarra puede dar esperanza (‘Cool Single Wedding’), ironizar (‘I’m Little Retarded’) e incluso hacernos saltar alguna lagrimilla. Esto último sucede en ‘My My Love’, inolvidable dueto (por precioso) que protagoniza junto con Clara Carnicer. Ah, y que Paco Loco esté a los mandos de la nave no debe restar mérito a Laudo, más bien todo lo contrario. Es una gozada tener un personaje y una obra así tan cerca. (Arnau)

8. Los Punsetes – LP2 (Everlasting)

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Aunque con los meses la frase se haya deshinchado un poco, lo de «que le den por culo a tus amigos» ha sido sin duda uno de los momentos musicales del año. La canción insignia del segundo álbum de Los Punsetes resume perfectamente lo que pretenden (y consiguen ser): unos tocacojones que lo hacen muy bien. Pepinazos punk rebosantes de crítica social (‘Dinero‘, ‘El Artista‘, ‘De Moda‘) que no decaen a lo largo de sus doce cortes y contribuyen a construir, juntamente con su estático directo, uno de los grupos con más personalidad de los que tenemos cerca. Grandes, y que les den por culo. (Aleix)

7. Refree – Matilda (Marxophone)

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Matilda es una obra superlativa por muchos motivos. Primero porque inaugura la aventura de Refree con Marxophone, una nueva aventura de autoedición que ha puesto en marcha con Nacho Vegas y Fernando Alfaro. Segundo porque con Els Invertebrats, Raül Fernández obtuvo por fin el reconocimiento que merecía, como uno de los compositores más talentosos e insólitos del panorama estatal. Si en aquel disco se inclinó hacia el jazz, el esfuerzo en Matilda es vestir cada canción de la mejor manera posible, sea con piano, cuerdas o vientos. Y tercero, porque todas las historias que Raül relata, en castellano y catalán, son de una cotidianidad y poesía extraordinarias. ‘Un Buen Tío‘, ‘Ciempiés‘, ‘Al Senyor Beltran‘. Hay que escucharlo a fondo, sumergirse en él, porque es una auténtica delicia. Y quizá al final de todo podamos descubrir quién es ella. (Aleix)

6. El Guincho – Pop Negro (Everlasting)

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¡Por fin entendemos a Pablo Díaz-Reixa cuando canta! Por fin sabemos que lo hace en castellano, que habla de cosas normales como nosotros podríamos hacer, sólo que él las reviste de explosiones de colores incontenidas y tropicales. Al grano: ‘Bombay‘ es uno de los mayores hits del año. Juguetón, pegadizo y accesible en su punto justo. Pop negro es en conjunto un poco menos efectivo a priori, pero es sin duda el disco más apto para todos de El Guincho, y llega en el momento justo, después del bombazo vivido con Alegranza. ¿Presión? Toma discazo. Porque ‘Novias‘, ‘Soca del Eclipse‘, y ‘Muerte Midi‘ son hits también. No hay mucho más que decir, porque se trata de escuchar y dejarse llevar (pueden bailar también, si quieren). Nada de hype, esto va en serio. (Aleix)

5. Julio de la Rosa – La Herida Universal (Ernie Records)

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Hace falta el talento de Julio de la Rosa para hacer esto. Para narrar con ese hiperrealismo cabrón el proceso de cicatrización universal, la ciclotimia esquizofrénica en que desemboca cualquier relación que rompa con suficiente estruendo. La Herida Universal es una travesía de la negación a la aceptación que hace escala en orgasmos culpables que no curan y en encuentros clandestinos con esa soledad hijaputa capaz de arrancarte la piel. Un disco a la altura de pocos. Un carrusel emocional con con cumbres como ‘Entresemana‘ o ‘Sexy Sexy Sexy‘ y valles como ‘La Tormenta‘ y ‘El Anzuelo‘. Tan lleno de frases brillantes que destacar en estas líneas una o dos sería un ejercicio de injusticia poética, nunca mejor dicho. Narrado con habilidad y canallismo, con humor y cuchillas de afeitar. Sin inventarse nada. Sin vanguardias. Sin experimentos. No los necesitan protohimnos como ‘Canción de Guerra‘ («¿quién habla aquí de amor?») o ‘Resumiendo‘, que cierran el álbum. Y es que, a pesar de todo, queridos, el mundo sigue necesitando discos como este. Guarden una copia en el botiquín, que nunca se sabe. (Boluda)

4. Delorean – Subiza (Mushroom Pillow)

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Hasta Subiza, la repercusión de Delorean era en cierta manera etérea. Se respaldaba básicamente en un hit como ‘As Time Breaks Off‘ (del que ahora casi reniegan) y en un portentoso EP como Ayrton Senna, publicado el año pasado (¡esa ‘Deli‘!), pero andaba algo escasa de realidad, de constatación vigente. Ese golpe en la mesa es Subiza, todo lo que un disco de Delorean a estas alturas podía (y debía) ser: bailable pero trabajado, ambicioso pero asequible, convincente a la primera pero con profundidad. No hay más que escuchar ‘Real Love‘, con ese sampler inicial que se incrusta en el cerebro al instante, y con esos 6 minutos y 6 segundos en los que todo da vueltas, las melodías van y vuelven, la mención de Animal Collective es inevitable pero el pasado rock del grupo se impone y acaba construyendo la prodigiosa mezcla que ha hecho que Delorean vuelen ahora por todo el mundo. Subiza es la historia de cuando todas las esperanzas depositadas en algo se convierten en realidad. Las ocho canciones restantes (la explosiva ‘Endless Sunset‘, la luminosa, adictiva, espectacular ‘Simple Graces‘ o esa descomunal ‘Warmer Places‘) son el mejor testimonio del momento. Los grandes triunfadores del año. (Aleix)

3. Standstill – Adelante Bonaparte (Buena Suerte)

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Empieza con un funeral y termina con un nacimiento. Ese es el ciclo que recrea Adelante Bonaparte, el disco más conceptual de Standstill, el más bonito, el más personal, el más humano. Empieza con un funeral, el de algún familiar cuando se es joven, el primer contacto real con la muerte, el primer recuerdo vívido y doloroso; y termina con un nacimiento, el del primer hijo, cuando todo se reinventa y vuelve a nacer, cuando todo se llena de júbilo y emoción. En medio, tres pedazos enteros de una vida divididos en tres EPs: el primero, melancólico (Algunos recuerdos significativos de B.); el segundo, de búsqueda (B. pasa de querer comerse el mundo a esconderse en una pequeña parcela); el tercero, de Amor (El corazón de B. despierta). El sexto disco de Standstill es, al fin y al cabo, una obra sobre la vida. Sobre las personas. Sobre Enric Montefusco, la mente detrás de todo esto, pero también sobre sus compañeros de grupo, sobre sus amigos, sobre sus conocidos y, claro, sobre tú y sobre mí. Una conversación de un padre con su hijo (‘Hombre Araña’), la crítica a la sociedad (‘Vida Normal’), las ganas de escapar (‘Adelante, Bonaparte’, en sus dos versiones) o el descubrimiento del amor incondicional, devoto y real (‘Cuando Ella Toca El Piano’). Todo envuelto en el universo musical más rico y expresivo hasta la fecha (un ukelele en ‘Cobarde Pecador’, más arreglos de piano que nunca, los vientos del Quartet Brossa en ‘Elefante’,…), algo así como una continuación de Vivalaguerra en tres caminos diferentes, que acaban formando un único dibujo, el de la vida de Bonaparte, y adelante. Una fábula circular sobre la vida, nuestras esperanzas y lo que nos queda por vivir. (Aleix)

2. Triángulo de Amor Bizarro – Año Santo (Mushroom Pillow)

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Hagan un ejercicio de memoria e intenten recordar un álbum de 2010 (o de la década que estamos a punto de cerrar) que empiece al nivel que lo hace Año Santo. ¿Qué, nada? Déjenlo, no existe. De veras. Las dos primeras canciones de la segunda entrega de Triángulo de Amor Bizarro son hits de tal calibre que cualquier banda del planeta mataría por ellos. Tal cual. ‘De la Monarquía a la Criptocracia’, la que abre, es escandalosamente poderosa, mortalmente adictiva, mientras que ‘Amigos del Género Humano’ (mi debilidad) proporciona uno de los mejores momentos que la música nos ha brindado durante los últimos meses. Concretamente a los doce segundos, cuando tras un redoble de batería entra la distorsionadísima guitarra de Rodrigo Caamaño y se lo lleva todo por delante en una espectacular demostración de pop ruidoso. Carne de gallina, ‘La Malicia de las Especies Protegidas’ (otro torpedo) y el álbum que avanza sin tregua, a un ritmo vertiginoso que no baja un poco las revoluciones hasta ‘Super Castelvania IV’. El descaro inicial de los gallegos de gastar sus dos ases a la primeras de cambio apenas se acusa en la segunda mitad, igualmente contundente y bien apuntalada por la trepidante ‘El Culto al Cargo, o Como Hacer Llegar el Objeto Maravilloso’ y la apocalíptica ‘El Baile de los Caídos’. Arrollador, pegadizo, excelente, tremendo…  se nos acaban los adjetivos ante la inmensidad del álbum de TAB. Increíble que Pitchfork todavía no los haya descubierto. (Arnau)

1. Mishima – Ordre i Aventura (Sones)

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¿Qué tiene el quinto disco de Mishima que lo convierte en el mejor álbum del año? Puede que sea el hecho de que es un trabajo que no convence hasta la cuarta escucha, cuando finalmente comprendes qué pinta la lánguida ‘Una Cara Bonica‘ como segunda canción (se trata de equilibrio, hay diez canciones y todo está milimetrado), empiezas a tararear sin parar la melodía de ‘En Arribar la Tardor‘, cantas ya a pleno pulmón el estribillo de ‘Com Abans‘ y se te ha erizado el vello una vez con la final ‘Ordre i Aventura‘. Puede que sea el hecho de que Mishima en directo ahora mismo son una máquina engrasadísima, que eleva sus propias canciones hasta cotas insospechadas y disfruta sobre el escenario como si fuera la primera vez. Puede que sea porque Ordre i aventura tiene diez canciones, cortas aunque no sencillas, todas con una historia, con un sentido, con un orden. Porque tiene una portada preciosa. Porque ‘Tot Torna a Començar‘ tiene el crescendo final más emocionante del año y habla de, pues eso, volver a empezar y de amigos imaginarios y de una melodía que tienes en el corazón. Porque si hay un grupo que merece el reconocimiento obtenido, ese es, sin duda alguna, Mishima, con cuatro discos predecesores cada uno un poco mejor que el anterior, del inglés al catalán y del pop electrónico al pop en mayúsculas. Todo para llegar hasta aquí, hasta el orden y la aventura, la declaración de amor incondicional, el tremendo piano de ‘L’olor de la nit‘, el aullido de los lobos, la desbordante ilusión de ‘Com Abans‘ y la esperanza de ‘Deixa’m Creure‘, la spoken word de ‘Tornaràs a Tremolar‘, la musa y el ejército divino. Y luego, al final, ‘Ordre i Aventura‘, la canción, 2 minutos de oda filosófica, trascendental y susurrada, que dice que ella es pura pero contamina tu criterio, y que todo está entre el orden y la aventura. ¿Que qué tiene el quinto disco de Mishima para que sea el mejor del año? Todo, lo tiene. Todo. (Aleix)

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