01/11/2010

Vamos a contarles una historia. La historia de Nick Launay, una de las personalidades musicales del año como ahora descubrirán. Nick Launay, adelantamos, es un […]

Vamos a contarles una historia. La historia de Nick Launay, una de las personalidades musicales del año como ahora descubrirán. Nick Launay, adelantamos, es un ingeniero de éxito, un mago de la producción, uno de los tipos más solicitados del momento cuando de mezclar se habla. Y ahí le tienen, marcando paquete, sentado sobre su mesa, mirando desafiante. Pero no siempre fue así, claro. Traten de imaginarle en su Londres natal, con ocho años, quizás con el pelo así de largo, más rubio. El chaval acaba de llegar del colegio. Su madre, la guapísima modelo Eve Launay anda con prisas por la casa. Su padre, el (al parecer muy exitoso) escritor francés André Launay está más calmado. Ha tomado una decisión, quizás inspirada por el trabajo de campo realizado para alguno de sus libros de viajes: dejan la city, se mudan al sur de España. A un pueblo diminuto en la montaña malagueña, un lugar bajo el poco esperanzador nombre de Frigiliana. En pleno tardofranquismo, antes de la explosión turística de la Costa del Sol. Dejan la nube por una casa modesta, entre burros y gallinas. Sin agua corriente. Sin electricidad. Allí pasó parte de su infancia este castellanoparlante que ahora, ironías de la vida, vive precisamente de eso, de la electricidad. (¿No van a dejar la historia a medias, no?)

Empezó a hacerlo cuando volvió a Inglaterra, en plena época del punk. Él estaba allí, absorbiendo, cuando The Jam grababan Sound Affects; él estaba allí, mirando, cuando Phil Collins hacía historia de la batería (y de la música) con ‘In the Air tonight‘… y ahí lleva estando, en la pecera, desde entonces, mandando en el sonido de algunos de los discos más potentes de las últimas dos décadas (Talking Heads, Silverchair…). Trabajando con las ideas claras, a la antigua usanza. «Yo sólo grabo en estudios donde los músicos puedan tocar en la misma sala mirándose a la cara. Mi objetivo es basicamante grabar a los grupos en un momento determinado de su carrera haciendo la mejor versión posible de cada canción», dice. Y nada de digital. «Yo grabo en analógico simplemente porque suena mejor, no hay absolutamente nada en la era digital todavía que suene tan bien como el analógico. Y quien diga lo contrario o no ha escuchado grabaciones en analógico o no sabe hacerlas bien».

En 2003 Launay se encargó de producir y mezclar el Nocturna de Nick Cave and The Bad Seeds y en 2007 se marcó un doblete espectacular: fue el responsable del sonido del primer álbum de Grinderman y el encargado de una de las mezclas más dificiles del año: Neon Bible, de Arcade Fire. En 2008 volvió a repetir con Nick y compañía en el Dig, Lazarous, Dig!!! y en 2009  produjo el It’s Blitz! de Yeah Yeah Yeahs. Casi nada. Pues bien, este año, Launay ha vuelto a ser el responsable del sonido de Grinderman, en su segunda entrega, y, sobre todo, ha vuelto a cargar sobre sus hombros la responsabilidad de mezclar la masa melódica de Arcade Fire en el que, sin duda, será uno de los álbumes del año: The Suburbs. Hombre del año, ya les decía. Así que, cuando se pregunten de quién son las manos que controlaron la descarga eléctrica de ‘Heathen Child‘, cuando escuchen la caja rompesuelos de Month of May’ y se pregunten quién es el maestro que se esconde detrás de ese golpe descomunal que nos levanta las pasiones, sabrán a quién darle las gracias y, además, sabrán que pueden hacerlo en castellano.

Personaje:


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