28/10/2010

Describía mi compañero Daniel muy bien las sensaciones vividas en el paso de Rooom, el espectáculo de Standstill basado en su reciente y ambicioso Adelante […]

Describía mi compañero Daniel muy bien las sensaciones vividas en el paso de Rooom, el espectáculo de Standstill basado en su reciente y ambicioso Adelante Bonaparte, por Madrid. Hay, sin embargo, algo más. Este nuevo espectáculo de Enric Montefusco y compañía ha suscitado reacciones enfrentadas, y tras verlo finalmente la semana pasada en L’Auditori de Barcelona, en el segundo de los días de su presentación oficial (es decir, el jueves 21 de Octubre), me resulta necesario afirmar algunas cosas. Para empezar, y de entrada, Rooom no es un espectáculo perfecto. No es tan redondo como el anterior 1, 2, 3, aquel en el que el grupo se colocaba alrededor del público y se creaba algo especial al instante, que se mantenía a lo largo de todo el concierto. Aquí el reto es mucho mayor, porque se trata de videoarte, de fusionar imagen, sombras y música. Y la clave para entenderlo es saber que Adelante Bonaparte es el disco de una vida, pero no de una vida contada de manera lineal, sino que cada canción corresponde a un fragmento, como una imagen capturada con palabras y música que no sólo concibe lo que se ve sino también lo que lo envuelve y lo que viene antes y después. Así debe escucharse, en mi opinión, la fábula circular en tres episodios de Standstill, este Adelante Bonaparte, y de ahí que su puesta en escena, sobria, oscura y, como ya sabrá todo el mundo, con esas tres pantallas de vídeo alrededor del grupo, sea tan difícil de seguir y a ratos con altibajos. Cada canción era un nuevo ejercicio, una interpretación en sí misma, un mundo y de ahí que hayan momentos sublimes (‘Hombre araña‘, con el coro de niños, era de piel de gallina, igual que en general todas las canciones del primer EP; la tenebrosidad de ‘Sálveme quien pueda‘ simplemente desgarradora; y el juego de sombras de ‘Elefante‘ muy conseguido) y otros más discutibles (en mi caso, el coro de chicas haciendo muecas y el episodio de las personas en la habitación). Pero en general, y como siempre, hay que agradecer a Standstill que sigan tratando de dar algo más, intentando trasladar conceptos ambiciosos a campos siempre distintos (en este caso, más exigente que nunca). Y, en el camino, emocionarnos con ello. Un aplauso.

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