23/07/2010

Se anunciaba el concierto de Kings of Convenience de ayer como la oportunidad perfecta para todos aquellos que se quedaron sin entrada para su concierto […]

Se anunciaba el concierto de Kings of Convenience de ayer como la oportunidad perfecta para todos aquellos que se quedaron sin entrada para su concierto del pasado mes de noviembre en el Palau de la Música de Barcelona. Precioso concierto, por cierto. Pues bien, la velada respondió exactamente a esa descripción. Todavía en la misma gira de presentación de Declaration of Dependence (un álbum que, muy a nuestro pesar, va perdiendo fuelle con las escuchas) y con el mismo formato de concierto (principio con el dúo en solitario y segunda parte, muchísimo mejor, con violín y contrabajo), el concierto fue como trasladar aquella noche de noviembre al aire libre, en verano y con un clima menos especial. Aunque el éxito de público fue rotundo, se hace difícil comprender cómo tras esperar casi 5 años para visitar Barcelona por primera vez, ahora volvían sólo ocho meses después. Y es muy posible que, para los que asistimos al Palau de la Música, estos ocho meses transcurridos fueran demasiado pocos.

Abrieron la noche unos triunfales Mishima, en un estado de forma pletórico desde su mágico concierto en el Apolo apenas hace mes y medio. Con un repertorio bien seleccionado, la banda suena cada vez mejor, con esos arrebatos ruidistas que incluyen cada vez con mayor frecuencia y suponen el contrapunto perfecto a sus canciones intimistas. Y luego, claro, qué decir de temas como ‘Tot torna a començar‘, ‘Qui n’ha begut‘, ‘Miquel a l’accés 14‘, ‘Com abans‘ o ‘La forma d’un sentir‘ (sencillamente infalibles), con la siempre final y maravillosa ‘Sant Pere‘. Otro pequeño triunfo personal para los catalanes, en el que indudablemente está siendo su mejor año gracias a este colosal Ordre i Aventura que, ya avisamos, estará muy arriba en la lista de mejores discos del año.

Y luego salieron Erlend y Eirik. Primero, como en la anterior visita, ellos dos en solitario, en un arranque al que una vez más le faltó fuerza y sirve únicamente para caldear el ambiente (y para agradecer que sus conciertos no sean enteramente así; sería un aburrimiento). Esta vez, sin embargo, sus canciones se encontraron con un público un poco menos cómplice (quizá también a causa de la proximidad de su último concierto), más acostumbrado a los conciertos de estadio (muchas palmas, interrupciones de canciones, etc) que a la intimidad del dúo noruego. Eso por no decir el habitual grupo de chicas noruegas que se creían en derecho de gritar constantemente de dónde procedían desde las primeras filas. El resto del concierto, el que incumbe a las canciones, fue prácticamente calcado al del Palau de la Música, ya sea en repertorio como en entrega, tipo de bromas y juego entre Erlend y Eirik (el primero siempre excéntrico, el segundo en la retaguardia sonriendo –a veces un poco forzadamente, a decir verdad).

Al final, las únicas novedades fueron un final de semi-improvisación muy efectivo en ‘I Don’t Know What I Can Save You From‘ (la sombra de The Whitest Boy Alive empieza a ser muy alargada), y el éxito ya anunciado, una vez más, de esas joyas que siguen siendo ‘Homesick‘, ‘Misread‘, o las recientes ‘Me In You‘ y ‘Mrs Cold‘ (ampliamente celebrada). Además, claro está, de que tuvieran que parar la preciosa ‘24-25‘ por culpa de un incidente entre un miembro de seguridad y una chica del público que hizo una foto, y que el siempre protagonista Erlend Oye acabara el concierto bailando entre el público, y abandonara el recinto justo después por la puerta de acceso del público, rodeado, seguido y casi idolatrado por un grupo numerosísimo de gente. Lo demás, un ligero deja vu claramente destinado a quienes, pues eso, se perdieron su paso por el Palau de la Música hace menos de un año. Suerte que sus canciones siguen imperturbables y que, al final, el recuerdo de la noche será una vez más bonito, gracias a factores que ahora no vienen al caso…

Publicidad
Publicidad