17/06/2010

El Sónar 2010 ya ha abierto sus puertas pero, como la mayoría de mortales residentes en esta ciudad, nosotros estamos todavía trabajando. Así que, haciendo […]

El Sónar 2010 ya ha abierto sus puertas pero, como la mayoría de mortales residentes en esta ciudad, nosotros estamos todavía trabajando. Así que, haciendo gala de nuestra mecánica ‘todo a última hora‘, les ofrecemos esta tercera entrega de la Biblia del Sónar 2010, a cargo de nuestro querido colaborador David Jiménez. El apartado de hoy va dedicado a las grandes y viejas glorias, a Jeff Mills el house y a las pequeñas revelaciones que, desde hoy, darán sentido a estos tres días de música electrónica (y no tanto) que inundarán Barcelona y cercanías. ¿Están listos? Porque a nosotros nos falta un rato todavía…

Contenido adulto

Van pasando los años y a medida que las nuevas incorporaciones van tomando el testigo a las que se muestran síntomas de fatiga, estas empiezan a vivir una segunda juventud desde un nuevo rol: el de clásicos a reverenciar. Para empezar, Roxy Music, la sorpresa mayúscula de la presente edición. Si hace unos meses me llegan a pedir que citara a cien artistas que debían estar sobre los tablaos del certamen barcelonés, creo que ni por asomo se me hubiera pasado por la mente el nombre de la banda de art rock inglesa. Ahora los veo remarcados en la hoja de horarios y me parece lo más natural del mundo, que cosas. Lo que en un principio fue motivo de chanza inmediata (que sí, que son unos abuelos, premio para ti que adoras a Oliveira…) ha ido remitiendo por el peso de los argumentos. El primero de ellos es el de que hablamos de la banda de un tal Brian Ferry, ese dandy decrépito (aunque ya me gustaría tener la mitad de su currículo heartbreaker) que hasta hoy ha mantenido una fértil carrera musical, y de un tal Phil Manzanera que es uno de los más reputados guitarras de la historia del rock. Ellos siguen en forma en sus proyectos particulares, ¿por qué no se va a mantener la tónica en la formación a la que más tiempo y talento han dedicado? El segundo es que les sobra repertorio para montar un concierto de una hora hecho y derecho. ‘Love is a drug’, ‘More than this’, ‘Strictly Confidential’, Ladytron’, ‘Avalon’ o ‘If there is Something’ son suficiente material para salvar la actuación hasta de un coro de borrachos ineptos. Bufff, menuda traca, me parece Jónsi que te has ganado unos buenos cuernos.

Otro clásico, aunque en este caso del propio festival, es el inimitable Jimi Tenor. Muy agradecidos estamos con la vuelta de este vividor compulsivo y culo inquieto a su festival (porque puedo asegurar que ya es parte de él). Un tío que es capaz de presentarse en el escenario a lomos de un corcel blanco (en uno de los momentos más hilarantes del historia del Sónar) ya merece que le den de comer a parte. Y ha vuelto este año por partida triple: aportando su granito de arena en esa bizarrada visual que es Finisterrae, amenizando la tarde a potenciales fans en el Sónarkids (parece que no le hicieron ni puto caso) y, para deleite de los que no encajábamos en ninguna de las anteriores opciones, dando cuenta su faceta afrobeat mano a mano con Kabu Kabu. Aunque aseverar que su concierto va a ir por esos derroteros es apostar muy muy alto. Con el finés nunca sabes donde comienza el recital y donde el espectáculo, sobre todo cuando el personaje se come todo lo demás, incluso la música. El es así, no puede remediarlo. En sábado y además en el Village. Es que ya se lo dan hecho.

Por último, y más que nada por tocar la moral, citaré a un clásico de la electrónica de masas: los The Chemical Brothers. En la época que lo petaban era anatema soñar con que pudieran pisar el pegajoso suelo de la cita culmen del baile. Se les amaba y respetaba pero se tenía muy asumido (tanto por la organización como por los asistentes) que este no era su festival. Así de avanzados (y cenizos) éramos. Cuando hace un lustro se saldó esa injusticia histórica, ellos mismos comentaron que no entendían porque no los habían llamado antes si adoraban el festival. Curiosamente, la misma situación se ha repetido este año con distintos protagonistas: los Pet Shop Boys y el Primavera Sound. Pero más allá de esta anécdota digna de abueletes con pasado militar, nos encontramos con la tesitura de preguntarnos el por qué de esta segunda visita de los británicos.  La primera reacción tiraría por el hecho de que se necesita un gancho comercial de categoría en el cartel del sábado. Es cierto. Pero del mismo modo todos sabemos que desde Dig your own hole el dúo británico no han hecho otra cosa que dar palos de ciego. Es más cada disco que presentan (y Further no es una excepción) es un refrito del anterior, menos inspirado, con menos gracia y apostándolo todo al single radioformulero. Pero por otro lado, tenemos su promesa de que están preparando algo muy especial para el Sónar, y yo me lo creo. Su nuevo live fue puesto a prueba hace unas semanas en el Roundhouse londinense (colgando el sold out todas las noches que tocaron) y las críticas han sido muy favorables. Y eso que ellos inciden en que prefieren guardarse lo mejor sólo para el festival barcelonés. Yo con que no sean tan irregulares en directo (empiezan muy fuertes y al poco tiempo se vuelven rutinarios) ya me doy por satisfecho.

Aquí tenía que hablar de Jeff Mills pero en su lugar hay house

Y aún así no lo deis por muerto. De sobras es conocida la afición de la organización de enmascarar a alguno de sus artistas más populares tras una identidad desconocida para posteriormente presentarse sin previo aviso ante el público. Es de esas cosas que te permiten mostrar que el Sónar anda sobrado. El mismísimo Kanye West se subió al escenario a rapear con de De la Soul aprovechando que estaba de vacaciones por la ciudad. Scissor Sisters pusieron a prueba su capacidad de epatar al público tras el nombre de White Diet (aunque la recepción no fue ni mucho menos la que esperaban). Tras el surrealista alias de Dj Jamón se amagaba  ni más ni menos que Laurent Garnier, y los moteros Kawasaki no eran otros que los  2many djs. Con estos precedentes no me extrañaría lo más mínimo que el de Detroit hiciera acto de presencia a última hora. Sin él, habrá que conformarse con una plantilla techno de lo más escuálida: los opacos Sandwell District, el funk juguetón de Claude VonStroke y un huérfano Ángel Molina. Habrá que saltar al día para disfrutar del neo-techno (aunque de neo tiene más bien poco) de Photonz, dúo lisboeta que cuenta con un puñado de temas la mar de estimulantes como ‘Shaboo‘, ‘No Fear‘ o ‘Aquarian Ball‘. Apelan tanto a la ciudad del motor como a Deetron o Garnier y tienen la misión de cerrar el SónarDome el viernes, o sea que les llegará un público en el punto idóneo de cocción.

Lo que no va a faltar seguro es house. Si la tónica de los últimos años consistía en repetir una y otra vez el mismo patrón (la consabida nueva promesa y alguna gran estrella  tipo Satoshi Tomiie, Sasha o Masters at Work), en la edición de los fantasmas se ha mimado al máximo. Algunos nombres para apuntar: 2020 Soundsystem presentando Falling, su segundo disco de e-funk (house de siempre pero más neumático y orgánico), John Talabot como gran esperanza del panorama estatal (pinchando en el SónarClub), Moodyman, Dixon, unos muy poco publicitados Booka Shade (cuando hace nada eran la panacea para los entendidos), Nacho Marco y un Dj Hell que nos tendrá a la expectativa de ver si consigue atraer a Brian Ferry para que cante el flojísimo “U Can Dance”. Hasta el rara avis de Mathew Herbert se apuntará a una peculiar sesión clubber. Aunque de un hombre que idea una actuación con un disco de Rosa y una hamburguesa del McDonalds estampados contra los micros (el lo llama critica del sistema capitalista…), clubber es una etiqueta que deja de tener sentido alguno.

Cosas que realmente pueden molar (y mucho)

Grupos con el hype por las nubes y otros que buscan desesperadamente alcanzar ese status. Por supuesto, hablamos de esos nombres que echan humo en las revistas de tendencias y que en muchos casos quedan totalmente olvidados al pasar página.

No creo, por eso, que vaya a ser el caso de Caribou (anteriormente conocido como Manitoba), que viene al Sónar a defender uno de los discos del año, Swim. Un heterogéneo y cálido tratado sobre la música dance lleno de perlas como  ‘Found Out‘, ‘Odessa‘ y ‘Leave House‘. Tiene pinta de ser el Beach Party del Sónar, ese concierto que nadie se querrá perder porque hay que estar ahí.


En cambio, con Shake Aletti y su estética entre Keith Haring y American Apparel me asaltan las dudas de si su pop bailable y ochentero, que bebe tanto del Prince más alegre como de las inigualables J.J. Fad, no es mera cosmética. Son horteras y eso mola. Ahora falta que ‘Let me Go‘ y ‘My Bounce‘ enganchen igual de bien encima del escenario como vía streaming.

Post War Years es un banda de jovenzuelos ingleses que tenía totalmente desubicada y que me han sorprendido gratamente. Viene a cubrir esa parcela de grupo pop con ínfulas que el año pasado estuvo desempeñando Micachu & The Shapes. Su propuesta toma como referentes el art pop de mediados de los ochenta (Talking Heads, otros que algún día caerán por aquí), arriesgándose con las armonías vocales y una disposición instrumental un tanto insólita. Méritos suficientes para que el Sónar les eche el guante.

Más huecos por cubrir. Necro Deathmort hará lo propio con la cuota de doom metal  electrónico. This Beat Is Necrotronic (cachondo título) se mira en el espejo tanto de los alabados Sunn O))) como de los bestiales Atari Teenage Riot. Dos grupos que abrieron la puerta para que ellos tengan vía libre para hacer sangrar los oídos de los inconscientes que se pasen por el Hall a verlos.

Y dejo para el final una preferencia personal, Le Butcherettes. Un dúo procedente de México que dará que hablar si consiguen cristalizar en un largo las buenas sensaciones que transmite su EP Kiss & Kill. Un trabajo digno de auténticas riott girrls militantes, a medio camino entre Hole, Scoutt Niblett y unas primerizas Sleater Kinney. Teri Gender Bender y Normandi Heuxdaflo adaptan la fórmula de éxito de los White Stripes (guitarra-voz y batería, no se necesita más, mira Japandroids) pero con una fuerte carga feminista en las letras y un bombo rítmico que va a ser muy apreciado en el SónarDome. Quizá les falta aún un poquito más de personalidad, pero ‘I’m the Queen‘ es un temazo de los gordos.

Publicidad
Publicidad