15/06/2010

Inmersos en la vorágine festivalera, saltando de zamburguesa en zamburguesa ya sin el temor de que alguna haga chof (la época de las batallas suicidas […]

Inmersos en la vorágine festivalera, saltando de zamburguesa en zamburguesa ya sin el temor de que alguna haga chof (la época de las batallas suicidas parece ahora tan lejana) llegamos a la cita referencial de la electrónica. Una nueva edición de un Sónar que este año se desdobla entre Barcelona y Galicia. Y tengo que reconocer que, de buenas a primeras, al repasar el cartel pensé “menuda chusta de festival electrónico referente mundial y pollas en vinagre que han presentado”. También tengo que reconocer que cuesta mucho que entre algo en esta cabezota a la primera. Supongo que albergaba la esperanza de que su desdoblamiento gallego propiciara que los chicos de Advanced tiraran la casa por la ventana en cuanto a contratación de artistas de primer nivel (te ofrezco dos shows al precio de uno y medio). Pesaba, claro, la lógica de los ejemplos precedentes, el de la época del terrorismo summercasiano (aunque aquí más bien tiraban de te ofrezco dos shows al precio de cuatro), o el de la contratación de los Pixies en su primera visita post reunión, mano a mano entre Festimad y Primavera (menudo gol que le colaron al FIB). Pero este año el peso del cabeza de cartel recae en unos agotados, aunque motivadísimos, The Chemical Brothers (a los que hace un lustro se les rindió tributo) y en las chepas de los Roxy Music (grupo que se ofreció al festival). Y estos sólo tocan en Barcelona… Y sí, hay que llorar de alegría ante la presencia de unos LCD Soundsystem en su mejor momento (ojo, que esto huele a despedida), pero Air cabezón, lo que se dice cabezón, nunca lo ha sido. Pero pasemos dentro y hablemos más tranquilamente.

Y es que el horno no está para bollos. Las subvenciones y los patrocinios no son tan boyantes como en otras épocas. Y hay que tirar con lo que se tiene haciendo ver que no se ha perdido nada por el camino (como un escenario en el Sónar de noche o unas comodidades en la edición diurna). Estamos en crisis y esto se refleja a la hora de los fichajes (curiosamente no se refleja en el precio de las entradas que peca de una inflación que ni en la época de la peseta). Pero, como no hay mal que por bien no venga, esta situación ha servido a la gente de Advanced Music para desamodorrarse, tomar la senda del riesgo y escapar de esa inercia peligrosa que consistía básicamente en retener las 80.000 visitas anuales apostando sobre seguro con aquellos nombres que hacía tiempo que lo estaban petando. Una actitud que dejaba en entredicho esa máxima sonera de “nosotros presentamos lo que se va a llevar en el futuro”.

El cartel de este año se presenta repleto de todas esas propuestas que sólo en el Sónar, y pocos sitios más, tienen cabida. Y eso es uno de sus grandes activos. Disfrutar de grandes sorpresas y pensar que en otras te están tomando el pelo. Parece una tontería, pero es la salsa del festival. Si el año pasado ya dije que era un mérito llegar a saber de antemano el 50% del  cartel, yo creo que este año, con un 35%, me doy con un canto en los dientes. Yo, y la inmensa mayoría de aquellos que acudimos al Sónar con el único fin de divertirnos y no de curtirnos con baños de intelectualidad exasperantes (por vacíos y por quien los profesa). Así que no os toméis muy en serio este “pequeño” reportaje (reconozco que se me ha ido de las manos) sobre el festival más dichosamente contradictorio de la escena musical. Al fin y al cabo admito que fui de esa generación que jodió el Sónar de los puristas (los descerebrados que asaltamos la MarBella), así que no soy quien para dar clases de electrónica. Para eso, si realmente os interesa, hay unos cuantos lugares de referencia mucho más expertos en el tema como Playground, Scannerfm o Clubbingspain que se lo curran todos los días del año. Pues eso, salud y a disfrutar del único festival que mantiene una cerveza digna de nuestros exquisitos paladares.

Britain’s got talent (o ella tiene poder)

Era cuestión de tiempo. Cuando a la pérfida Albión se le mete algo entre ceja y ceja, ya puedes decir misa, que van a lograr salirse con la suya. Y este año han conseguido que el Sónar se olvide de su tour africano (que parecía que tenía que ir a más y ha frenado casi en seco) y vuelva a dedicar sus mimos (aunque es cierto que nunca dejó de dárselos) a todo lo que se cuece en la subcultura británica. Tanto a sus nuevas propuestas, como a algunas entraditas en años que presentan con el aura de “esto es un referente”. Da igual si por el camino van quedando cadáveres con el síndrome de nuevo salvador de… (Goldie, Ronie Size o Tricky vivos ejemplos de lo que pudo ser y no fue) porque inmediatamente ya tienen un relevo que extermina todo lo anterior y que demuestra que ellos siempre están a la última. En lo que se refiere a marketing son unos adelantados. En lo que refiere a música, joder, también. El problema es que tanto autobombo (y de los que le doran la píldora) puede indigestar un poco, provocando que en algunos momentos llegues a desconfiar incluso de aquello que realmente vale la pena. Y lo hay. Y mucho. Sólo unos nombres: Warp, Madchester, el sonido rave, Orbital, el psychotrance, New Order, el trip hop, A Guy Called Gerald… No esta nada mal.

Esta vez, la principal culpable de que todos los focos apunten a ses illes no es otra que la imponente Mary Ann Hobbs. Obstinada dj y caza talentos, que desde su programa de radio en la BBC 1, ha ido exportando a su pequeña embajada anual en el SónarLab todo lo que se nos iba a venir encima. La llegada a la cúspide del dubsteps (atención a esa fijación que tiene la rubia por los djs fornidos), la consagración del hip hop extraño, narcótico y alienígena (estoy aún por saber que significa) que están a puntito de dar el salto comercial, o tender puentes de conciliación entre compatriotas espirituales (el californiano Flying Lotus), son sólo algunos de sus méritos.

Pero no solo será ella la que hará de cicerone de sus artistas. El sello escocés Lucky Me también barre para casa aportando algunas propuestas de lo más variopintas, como el hip hop experimental y cósmico de Mike Slott, al que le sobran recomendaciones y parabienes del mundillo, o el postrock de los recomendables American Men, entre otros. Además, dará cancha a otra de esas promesas de los entornos arty como es el inquieto Machinedrum, un neoyorquino de físico agradecido para principiantes en el dibujo de cómics (por la falta de forma) que va  de “toco todos los palos” y tanto le da por arrancarse con una de booty minimal en ‘Don’t Wait’, una de french touch en ‘Gather2gether’ u otra de rap perezoso en ‘I’m Brat’. Será uno de esos recitales en los que hay que dejarse ver si quieres que te tengan en cuenta. Más allá de que te guste o no lo que suene.

Y diseminados por todos los escenarios del festival también quedará constancia de la cuota brit. Destaca el retorno de Broadcast, sus atmósferas brumosas y la voz inquietantemente celestial de Trish Keenan. Traen un nuevo proyecto bajo el brazo (a medias con The Focus Group) y es de esos conciertos por los que vale la pena pasarlas canutas en el infierno del SónarHall. Otra que vuelve (¿o al final canceló en 2009?) es GoldieLocks una de esas hijas de la Gran Bretaña que salieron como setas hace unos  años gracias al fenómeno myspace (Little Boots, Lily Allen) y que va presentando en pequeñas raciones (en formato EP) sus nuevas canciones. Su pop iconoclasta necesita de temazos y ella tiene por ahora buenas intenciones, como cuando se acerca al intimismo de Postal Service en ‘Creepin’ breaks’ o cuando se mira en el espejo de M.I.A.en ‘Dolla Dolla’. El jueves en el SónarDome dará cuenta de si posee la chispa suficiente para dar el salto de las tiendas chic del Born a la primera división de féminas con algo que decir. Otros con ansias de revancha son Hot Chip, que dejaron un regusto agridulce tras su paso por el SOS. 4.8 hace un mes (un día flojo lo tiene cualquiera) y que deberán mostrar aquí que esa retahíla de hits que se han ido labrando (descacharrente el video de ‘I Feel Better’ en plan boy band) tiene su plasmación en directo. Por no hablar ya que los dos cabezones del sábado, el primero unos clásicos históricos, Roxy Music, y otros que ya comienzan a serlo, mal que les pese, los Chemical Brothers.  Total, victoría por goleada de los ingleses (no como su selección). Seguramente dentro de unos años piense “me la han vuelto a colar” pero que me quiten lo bailado.

El Dubstep es el nuevo Nu Rave (que a su vez fue el nuevo Hard Techno)

El dubstep domina el Sónar, por lo tanto, el dubstep domina el Mundo. En esta época de frenesí absoluto, que ni el anuncio de Cucal lo explica mejor (“nacen, crecen…”), hay que saber montarse a tiempo al caballo ganador y saltar antes de que se perciba los primeros síntomas de senectud que nos deje en evidencia. Ahora un grupo de música dura lo que dura en salir otro que proponga algo más novedoso (que no significa mejor). Sólo unos pocos (los grupos de fans incondicionales y los que realmente escriben grandes canciones) pueden mantenerse en la línea del tiempo merecido.  Y me apuesto un par de birras a que el dubsteps va a ser incluso más efímero que el Nu Rave, ese género ya casi desahuciado este año (eso sí, después de darle tres años de preferencia absoluta).

Echemos cuentas. Del briboneo franchute sólo queda: 1) Uffie, y porque debe presentar ese retrasadísimo disco que ya poca gente espera (es que ha tardado tanto que un poco más y ni los Guns & Roses). Sex Dreams and Denim Jeans es un buen disco pero que, como se suponía, los nuevos temas no alcanzan las cotas de sus primeros y lustrosos singles más allá de ‘MCs Can Kiss’. Su actuación en el SOS 4.8 en plan Cabaret hizo echar un poco de menos la epatante época de alcohólica acabada que tanta fama le había dado, pero será un buen plato para el sábado en el Village, como el año anterior lo fue la actuación de La Roux. 2) Carte Blanche, o lo que es lo mismo, Riton con un Dj Mehdi que siempre le ha perdido el poder ramero del house y ahora por fin se quita la máscara. 3) Kool Clap, otro francés que se escora mucho más al french touch  que a la orgía del ritmo chirriante. 4) Y, bueno, podemos aceptar el barco del canadiense Lucine y de los británicos New Young Pony Club, que con su segundo disco, el estimable The Optimist, se han querido reinventar a lo Foals (oscuridad, pista y hits), aunque mantengan la constante de ritmo + estribillo coreable. Es lo que queda, poco y diluido, pero siempre será más que la cuota Hard techno que directamente desaparece en paralelo al boom del ladrillo.

Tal es el compromiso del Sónar con esta generación de artistas tan publicitadamente desafiantes, que parecen que los hayan sacado de las esquinas de The Wire (sólo falta que pinchen con chaleco antibalas, tampoco nos flipemos), que ha subido la apuesta programando a uno de ellos en el inmenso SónarClub. Caspa tendrá el honor de ser el primer dj de dubsteps en pasar a la sala mayor porque de todos los presentados es, sin ningún tipo de dudas, el más aceptable para el público. Un punto sin retorno entre el booty de Dj Assault, Deadmau5 (al que remezcla su ‘I Remember’) y David Guetta. Su ‘I beat my Robot’ es un temazo, pero la revisión de ’30 seconds to Mars’ da bastante mala espina. Lo que nos deja un directo con incógnitas y con el temor de que abuse del ponga un MC en su vida (en este caso Rod Azlan) que es el mal endémico del género.

Apostando por la vertiente más bailable no hay que dejar escapar al londinense Joy Orbison, más escorado al deep house y los breaks, y a Roska con su Uk Funky (ultimamente no eres nadie si no aportas una etiqueta nueva aunque suenes igual que ¿Dj Fresh? ¿Boy 8 Bit?) que es uno de esos artistas que cuanto más simplón más mola. ‘I need Love’ , ‘Wonderful’ y  ‘Squark’, son tontas bufonadas superdisfrutables. Es cuando se vuelve pasteloide que pierde galones. Y ‘Tomorrow is today’ bien podía servir como base musical para las rapeadas de las inigualables Salt-N-Pepa.

Curiosamente ambos estarán en el showcase de Mary Ann Hobbs junto al plato fuerte de la jornada: un Flying Lotus que a primeras es todo menos accesible a los pies. Presenta su tercer disco, el sustancial y retorcido Cosmogramma, y credenciales para ser considerado desde ya como uno de los nombres claves de la electrónica del nuevo siglo. En este caso es necesario que estés presente porque aún haciendo una actuación discreta lo van a poner por las nubes (así es el hype mal asimilado de los coolhunters). Mejor que lo veas y saques tus propias conclusiones.

Tirando del hilo de lo retorcido, pero mucho más disparatado ,nos encontramos con el compañero de sello de Flying (Warp es fiabilidad absoluta), Hudson Mowhake. Virando más al hip hop tiene en su haber  un album Butter. que es marca de la casa: haz lo que te salga de la pinza mientras demuestres talento. ‘Fuse’ mismo es una bizarrada echa con una sinfonía de un casio que le da el toque dramático de peli de serie B de karatekas ochentera. ‘Ice Viper’ lo entronca con los sonidos más afrancesados acercándolo a otros bichos raros como Sebastian Tellier o Breakbot. Será un  gran after después del emotivo viaje en el tiempo de los Sugarhill Gang. Por cierto, si queríamos etiquetas aquí van dos más : aquacrunk y wonky. Ingenio no falta.

La lista aún es más amplia (Robot Koch y sus toques de ciencia ficción, la rara avis de TokiMonsta, los españoles David M y Funkfordward…), pero creo que con estos ya vamos bien servidos.

La profesión va por dentro

Algunas veces mejorar no es igual que tomar el camino correcto. Me explico antes de que me lluevan unas cuantas y merecidísimas collejas. Algunas veces la gracia de un grupo se encuentra en el desparpajo y la falta de pretensiones y eso, en ocasiones, no se ensaya. Ejemplos claros tuvimos de todos los colores en este Primavera Sound (Matt & Kim se llevaron la palma; en el momento que se tomen en serio perderán toda su alma). Eso es lo que me parece que les ha ocurrido a 2ManyDjs.

Voy a dejar una cosa clara: ellos han marcado un antes y un después, les guste o no a los puristas. Antes de ellos la división entre electrónica y pop/rock (entre el dj y el grupo) era más que palpable. Te podía gustar lo uno y lo otro pero que no se mezclasen. Es una exageración, lo se, pero no voy tan desencaminado. Cuando el mundo de la electrónica no pisaba el presente, sino que en sus flashforward aprovechaban para traernos la música que iba a sonar en el siglo XXV, el rollo talibán lideraba las tertulias de toda esa gente tan advanced. Y de repente aparecen este par de hermanos belgas queriendo mezclar Vitalic con Nirvana y dices “joder, eso es lo que he querido hacer yo siempre” y sientes que las constelaciones giran a tu alrededor y el mundo es por una vez tal como debería ser. ¿Por qué no se puede mezclar TODA la música que te gusta? Es cierto, descuadraban más discos que los churumbeles en el Sónarkids, pero eso era casi tan celebrado como cuando les salía bien. Y realmente daba igual, porque la canción de antes y la canción de después eran la ostia de buenas. Y ya cuando comenzaron a perfilar sus delirantes mash up (glorioso el crossover de Dj Shadow con B-52’s) el mundo se vino abajo. Entonces alcanzaron el estrellato y se hicieron más profesionales. Con ello ganaron pulidez y solvencia pero comenzaron a dejar de sorprender y se convirtieron poco a poco en un valor seguro de fiesta en la pista, que está bien pero que no es lo mismo. Al Sónar hacen parada con su Under The Covers Tour, un show en que lucen unos estupendos visuales en perfecta sincronía con la música. Todo muy ensayado y quizá algo predecible (si hasta Fatboy Slim se ha apuntado al carro es que…), pero que presenta a unos 2many igual de buenos, aunque en las antípodas de esos cabezas huecas que no les importaba salir escaldados cada vez que se les ocurría una idea de bombero.

Algo parecido (aunque a menor escala, claro) les pasa a Round Table Knights. En una de esas benditas horas muertas… Un momento, creo que esto vale una explicación: hora muerta en el Sónar es aquella que para los que tampoco sabemos tanto de esto decimos “joder no hay nada que me interese”, entonces decides dar una vuelta (o perderte un poco más), y de repente te chocas con alguien que te pone la noche patas arriba. Así que… ¡¡¡no desaprovechéis las horas muertas!!! Pues eso, que en una de esas horas muertas nos dimos de bruces con un grupo de post adolescentes suizos marcándose una sesión tan facilona y a la vez tan llena de encanto (aunque lo de cuadrar los discos como que no), que acabó resultando del todo entrañable. Verlos encima del escenario haciendo turnos para pinchar y pegando unos que botes que daban buena cuenta de como iban de puestos, impagable. Ahora, eso se acabó, son suizos y eso significa que a cierta edad dejas de aparecer por el Saloufest y piensas en convertirte en un ser serio y afectado. Y tomas la diversión desde la ironía y las camisas floreadas y entreabiertas. Lo mejor de todo, es que en aquella ocasión nos lo vendieron con la vitola de que estaban preparando algo muy gordo. Ese algo tan gordo no es otra cosa que  ‘Calypso’, Cut on the top’ o ‘Belly Dance minimix’ (con su sampler de Klaxons) temas de house travieso que no son tan gordos como se vociferaba y que se desinflan al poco de darle al play por más que tiren de los previsibles subidones. Subidones que, para que nos vamos a engañar, en el Village, a la hora que están programados, y con el nivel etílico que llevará la gente, sabrán a gloria. Pocos grupos con tan poco han conseguido tanto. Y eso supongo que también es un mérito.

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