20/02/2010

Existen muchas maneras de medir la grandeza de un artista más allá de lo estrictamente musical. Una de ellas es la capacidad para llenar un […]

Existen muchas maneras de medir la grandeza de un artista más allá de lo estrictamente musical. Una de ellas es la capacidad para llenar un escenario, algo difícil de conseguir si la o las personas que se disponen a actuar ante un buen número de seguidores no tienen una presencia por lo menos notable. Pues bien, por lo comprobado el pasado lunes Bill Callahan es de lo más grande que hemos visto en bastante tiempo. Contemplarle ahí arriba, altivo, elegante y solemne como un águila a punto de atacar a su presa valió casi tanto la pena como escuchar la delicadeza y la emoción de sus inmortales melodías a fuego lento, que aderezadas con la imponente voz que le caracteriza resultaron todo un regalo para nuestros oídos. Pese a contar con el único acompañamiento de un particular batería llamado Neal Morgan, el de Maryland consiguió en muchos momentos agrandar su figura de tal manera que el escenario de la sala Apolo no parecía para nada medio vacío, sino todo lo contrario.

No fue así con los barceloneses Bedroom, que aún y siendo un buen puñado de componentes ofrecieron una propuesta que no acabó de calar entre el público. Por momentos apuntaron maneras, pero su música acabó languideciendo irremediablemente y nos dejó la impresión de que a día de hoy las comparaciones con artistas de la talla de Leonard Cohen o Will Oldham (el hombre que se esconde bajo el seudónimo Bonnie Prince Billy) no están justificadas. Sin embargo, y para sorpresa de todos, no fueron ellos sino el tal Neal Morgan quien abrió la velada con 20 minutos de canciones a capela acompañadas de percusiones que resultaron un tanto estrambóticas.

Y al fin, media hora más tarde de lo previsto, Bill Callahan hizo acto de presencia. Tímidos aplausos y un silencio sepulcral, como de admiración contenida, recibieron a uno de los mejores cantautores de los últimos veinte años, que sin apenas mediar palabra y tras casi cinco minutos afinando su guitarra rompió el hielo con ‘Jim Cain’. El viaje sideral había comenzado, aunque constatar que los temas del maravilloso Sometimes I Wish We Were An Eagle (disco en el que se iba a basar gran parte del concierto) quedaban demasiado desnudos sin los coros y los arreglos de cuerda supuso un contratiempo para muchos inesperado. Hasta que llegó una enorme ‘Bathysphere’, primera incursión en territorio Smog, y las aguas volvieron a un cauce que se mantuvo estable con la dulzura de ‘Sycamore’, única referencia que hubo al no-tan-excepcional-como-de-costumbre Woke On A Whaleheart.

BC

spaceballLa por momentos desfigurada ‘Eid Ma Clack Shaw’ marcó el punto de inflexión de un set que a partir de entonces cogió velocidad de crucero y se asentó en la excelencia ya hasta el final. Si la magistral interpretación de ‘The Wind And The Dove’ se llevó la ovación de la noche, la inesperada y mágica ‘Teenage Spaceship’ («I was beautiful with all my lights, loomed so large on the horizon, so large, people thought my windows were stars») nos hizo poner el babero a todos. Babero que iría humedeciéndose paulatinamente por culpa de una certera versión de Kath Bloom, el psicodélico desenlace sónico de la vitoreada ‘Say Valley Maker’ y la deliciosa ‘In The Pines’.

El bis, con protagonismo absoluto para esa infravalorada obra de arte que es A River Ain’t Too Much To Love, no pudo ser más perfecto. El magnetismo de ‘Rock Bottom Riser’ hipnotizó al respetable, que absorto por la profundísima y envolviente voz de Callahan (que aseguró llevar un buen catarro encima) acabó claudicando con ‘The Well’. Fue la sutil y definitiva estocada de ‘el hombre’, que incluso sin una banda que realzara las virtudes de su estupendo último trabajo supo llevar el concierto por los derroteros que más le convenían, en este caso Smog. Una lástima que algunos no respetaran su petición expresa de no fumar: «It’s only 90 minutes without smoking. I’m sure you will survive». Inconmensurable.

Setlist

Jim Cain
Rococo Zephyr
All Thoughts Are Prey To Some Beast
Bathysphere
Sycamore
Eid Ma Clack Shaw
Too Many Birds
Teenage Spaceship
The Wind And The Dove
The Breeze/My Baby Cries (versión de Kath Bloom)
Say Valley Maker
In The Pines

(Bis)

Rock Bottom Riser
The Well

*Fotos extraídas del Flickr de El chico de la leche

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