27/12/2009

Triste Navidad la de este año, que se nos ha llevado al bueno de Vic Chesnutt después de una vida marcada por la lucha contra […]

Triste Navidad la de este año, que se nos ha llevado al bueno de Vic Chesnutt después de una vida marcada por la lucha contra las adversidades. Postrado en una maldita silla de ruedas desde el fatídico accidente de coche que sufrió cuando contaba con tan solo 18 años, el cantautor de Athens, Georgia, pasó casi tres décadas tratando de superar tanto sus limitaciones físicas como sus inseguridades y complejos. Unos miedos que cambiaron su manera de entender la música y que le llevaron a forjar una obra brutalmente honesta que muchos, él incluido, no supieron apreciar como es debido. Con sólo dos dedos hábiles y una voz con la que profería hondos y estremecedores alaridos compuso centenares de temas de una sencillez y una belleza sobrecogedoras. Puede que su prematura muerte, provocada según cuentan por una sobredosis de relajantes musculares que le hizo entrar en coma, le haga ganarse un reconocimiento tan merecido como tardío. Merecido por la calidad de una discografía que ya ha pasado a la posteridad y tardío porque por desgracia Chesnutt ya no podrá disfrutarlo entre nosotros. El vacío que deja es enorme pero nos reconforta saber que allá donde esté habrá conseguido su tan ansiado sueño, que no era otro que romper sus ataduras y ser, al fin, libre. Resulta irónico constatar que en canciones como la majestuosa ‘Coward’ su maltrecha autoestima le llevara a considerarse un cobarde. Todo lo contrario, Vic Chesnutt era un valiente, el más valiente de los cobardes si lo quieren, y la entereza que demostró a lo largo de sus 45 años de vida un ejemplo a seguir. Mientras nos hacemos a la idea de que nunca podremos verle presentar el magnífico At The Cut escucharemos sus discos y le recordaremos retorciéndose sobre el escenario de la sala Apolo durante una noche de septiembre de 2008 en que su música, su humanidad y su valentía consiguieron estremecernos como nunca. Te echaremos de menos, eterno Vic.

‘Everything I Say’

Entrevista

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