19/12/2009

Por mucho que lo intentamos, no vimos ni de lejos la mayoría del cartel del Primavera Club 09. Se nos quedaron en el tintero grupos […]

Por mucho que lo intentamos, no vimos ni de lejos la mayoría del cartel del Primavera Club 09. Se nos quedaron en el tintero grupos que nos despertaban curiosidad, como So Cow, Scout Niblett o Woods, y valores seguros como The Ladybug Transistor o Beach House, por aquello de las salas simultáneas y los compromisos ineludibles y los “hoy veo a estos, así mañana me los puedo saltar y al día siguiente ver a aquellos” que luego era imposible cumplir. El Primavera Club se hizo mayor en ésta, su cuarta edición, un festival de música en directo que, pese a que al final no fue tan grande como querían (cayó una sala tanto en Madrid como en Barcelona en los días previos), sí fue todo un éxito a la hora de movilizar al público, de reventar unas cuantas salas (eso es muy buen síntoma, aunque moleste a los que se queden fuera) y sobre todo de servir como escaparate de grupos nuevos, que al fin y al cabo y por mucho Devendra o The Soundtrack of Our Lives que dominaran el cartel, es lo que va este Primavera Club. Salvando algunos inconvenientes (el precio de la cerveza era exagerado, y era casi un milagro entrar en determinados conciertos de los pequeños), la sensación general con la que nos quedamos es que el cartel del Primavera Club 09 estaba repleto de joyas, así que sirva este artículo (en dos partes), para comentar las 12 que más nos gustaron, en una mezcla de crónica y ‘Conozcan a…’. Acompáñennos y añadan lo que consideren pertinente.

THE PASTELS
(Bikini, jueves 10 a las 20:30h)

pastels

Los conciertos de The Pastels en el PC09 tuvieron un efecto similar al de The Pains of Being Pure at Heart en su reciente visita a la península. No en vano los veteranos británicos son una referencia ineludible para los jóvenes americanos, y de igual manera su pop bonito, sincero y sobre todo amateur contentó a los fans de toda la vida y dejó algo fríos a los no tan habituados. En Bikini, durante su segundo concierto en Barcelona, había más curiosos que fans (que, supongo, habrían ido el día antes), lo cual sorprendió ligeramente a un David Keegan bastante charlatán y simpático. El set de The Pastels fue de menos a más, centrándose en sus canciones más bonitas y calmadas en detrimento de las abundantes canciones redondas con las que cuentan en su catálogo, aunque momentos como ‘Nothing To Be Done‘, ‘Fragile‘ o los pasajes instrumentales más shoegaze salvaron la papeleta. Podría haber sido mejor, escuchando maravillas como su Truckload Of Trouble, pero al mismo tiempo estas cosas son las que les definen: pop ingenuo, naïf y al margen de modas, obviedades y convenciones. Nostalgia del espíritu C-86 al poder. (Aleix)

MUJERES
(Apolo, jueves 10 a las 22h)

mujeres

Con absolutamente todo por ganar llegaban Mujeres a la sala grande de Apolo. Su fantástico debut acaba de publicarse, ahora cumplen casi un año (¡sólo!) desde su primer concierto, y la apuesta del Primavera Club por ellos era rotunda: escenario grande y acompañando a grupos de nivel. Los catalanes estuvieron a la altura, poniendo fin a un año vertiginoso que les ha valido para pasar de ser una banda prometedora a una nueva realidad y, por el proceso, no perder la etiqueta de ‘grupo más emocionante de Barcelona’. Sus directos son infecciosos, sin tregua, para bailar, cantar y disfrutar sin complejos: exactamente igual que hacen ellos en el escenario. Lo de ‘los Black Lips de Barcelona’ debería pasar pronto a la historia, porque Mujeres ya son un grupo con entidad propia, capaz de inaugurar la noche y, pese a eso, tener a medio concierto ya toda la sala vibrando al ritmo de su garage imparable. Canciones rotundas como ‘Blood Meridian’, ‘Frantic‘ y ‘Oh My!‘, una actitud escénica a prueba de bombas, y sobre todo, un poco de desmelene en vena. Serán grandes (ya lo son, pero lo serán más). (Aleix)

HEALTH
(Apolo, jueves 10 a la 1h)

health

Ya lo decían los que los habían visto antes: lo del directo de Health es una auténtica apisonadora. No hay otra manera de describirlo. Su noise con sintetizadores de tintes industriales y su entrega aplastan a cualquiera que les preste un poco de atención, especialmente gracias a la contundencia bestial de su batería, que casi parece que provenga de algún grupo de death metal. Health crean una burbuja sonora de la que es imposible escapar una vez se está dentro, capaz de producir un ensimismamiento similar al de Fuck Buttons aunque de tendencia más orgánica. La única concesión a la galería que hacen es con su single ‘Die Slow‘, con ligeros aires discotequeros: el resto de sus canciones son opresivas, arrolladoras, brutales. Quizá por ello puedan parece algo vacíos de contenido para cierto público, pero también son necesarios grupos que se dejen guiar por pulsiones y por instintos más que por ideas. Health son uno de ellos, y lo único que hubo que lamentar de sus dos descargas en la sala Apolo de Barcelona fue que se limitaran a 45 minutos, dejando con ganas de más a gran parte de sus incondicionales. (Aleix)

RETRIBUTION GOSPEL CHOIR
(Apolo, jueves 10 a las 2:30h)

retribution

Sin lugar a dudas, el concierto del festival, sobre todo para los que nos perdimos la visita, unos meses atrás, de Retribution Gospel Choir en La [2] de Apolo. Para cualquier persona que tenga en Alan Sparhawk a uno de los compositores más torturados, personales y maravillosos de la música actual, es un auténtico shock verle encima del escenario con su banda paralela (de la que hemos hablado precisamente hoy) como si estuviera poseído por el mismísimo demonio, escupiendo riffs de guitarra sin parar durante la hora que duró su set. Abrieron con ‘Breaker‘, canción compartida con Low (e incluida tanto en Drums and Guns como en el debut de Retribution Gospel Choir), y ya desde entonces se demostró que lo este trío iba a transitar por un stoner rock musculoso, contundente y extático, liderados por un Alan que alternaba movimientos de exorcismo con frases turbadoras de tan sinceras. Retribution Gospel Choir son exactamente eso: una versión de Low poseída por el Diablo. Y son impresionantes. (Aleix)

CASS MCCOMBS
(Círculo de Bellas Artes, viernes 11 a las 19h)

Haciendo honor al título de su ultimo álbum, Catacombs, parecía que Cass McCombs había salido de las mismas catacumbas. La “puta resaca” (sic) le obligó incluso a pedir que bajaran la intensidad de uno de los focos que lo hacían visible, para desconcierto del iluminador. McCombs es un singer-songwriter con algunas peculiaridades que lo sacan del montón. Para empezar, su voz limpia y afilada, y luego su forma precisa de tocar la guitarra, de solear como a espasmos con ese deje sureño raro. Y sus canciones, claro. Sobre las tablas yo disfruté más de las de su anterior álbum, Dropping the Wirt. Temas como ‘Lionkiller‘ o ‘That’s That‘. Aunque otras del último como ‘The Executioner’s Song‘, con esa iluminación tenue que exigió, resultaron muy emocionantes. El Círculo sonó regular, pero a su música como para conducir de noche no le afectó demasiado. Buen concierto. (Daniel)

CYMBALS EAT GUITARS
(Caracol, viernes 11 a las 0:30h)

cymbals

Escuchando Why are we mountains era muy fácil imaginarse un directo potente, pero también era fácil temer un sonido desilusionante. Sobre el escenario de la sala Caracol (¡una sala que suena bien en Madrid!) los de Staten Island dieron un concierto que fue vitamina pura. Empezaron con ‘…And the hazy sea‘, un cañón, pararon hacia la mitad para decir “somos Cymbals Eat Guitars de Staten Island, Nueva York“, y siguieron devorando su repertorio hasta ‘Wind Phoenix‘ sin pararse ni a respirar. Una colección de canciones electrizantes en las que no puede firmarse nunca que este es el último cambio y esta la última explosión. ¿Interpretadas agresivamente? Desde luego, pero para bien. Faltaron, eso sí, los vientos del álbum, reproducidos en directo con un teclado que no dio el pego. A pesar de la poca comunicación y la timidez aparentemente patológica que mostró Joseph Ferocious, cantante y guitarrista, el chaval es un espectáculo de contorsionismo y buen hacer. Una actuación breve, por falta de repertorio, pero brillante. (Daniel)

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