10/11/2009

No era fácil para The xx salvar la papeleta con la que llegaban a la fecha final de su gira europea, precisamente en Barcelona. Tenían […]

No era fácil para The xx salvar la papeleta con la que llegaban a la fecha final de su gira europea, precisamente en Barcelona. Tenían ante sí un público expectante por ver al enésimo hype de la temporada; tan numeroso que el concierto se trasladó desde Razz 3 (apenas 200 personas) a Razz 2 (casi mil)… ¡y aún así agotó todas las entradas! De esas cosas que en esta ciudad sólo suceden de vez en cuando cuando se alinean los astros y demás. Y a esta presión implícita le tenemos que sumar, como ya sabrán muchos, el hecho de que The xx ya no son un cuarteto sino un trío, desde la marcha (temporal, dicen, pero no tiene buena pinta) de la segunda guitarrista y teclista Baria Qureshi. Que algo así te pase en tu primera gira de envergadura no tiene que ser sencillo. Pero The xx, por suerte, basan su propuesta en el minimalismo sonoro, orgánico e intrigante y, para ser sinceros, creo que ni acusaron la expectación generada, ni (aunque quede mal decirlo) la ausencia de Baria.

Habían abierto la noche unos Extraperlo en plena forma, cada vez disfrutando más encima del escenario y que con su set breve pero plagado de las canciones que más nos gustan de ellos (‘Las palmeras del amor‘, ‘Bañadores‘, ‘Entre las plantas‘) convencieron al mismo tiempo que se quitaban encima la mala experiencia de su último paso por esa sala (en su concierto junto a Delorean del año pasado) y nos hacían desear que volviera el verano y poder ponernos otra vez chanclas y camisas hawaianas.

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Todo lo contrario, precisamente, que lo que transmiten The xx, el (inicialmente) cuarteto del sur de Londres del que ya hablamos y sin duda alguna se han convertido en uno de los grupos revelación del año. Su debut crece y crece con las escuchas, y su directo no defraudó porque se limitó a ofrecer exactamente eso, ni más ni menos: empezando por la fenomenal ‘Intro‘, que abre el disco, y enlazándola como era debido con ‘Vcr‘, el primer hit de la noche, los chavales londinenses tiñeron de negro y melodías gélidas una sala Razzmatazz 2 que temblaba en momentos concretos por la potencia de los bajos (y la rugosidad habitual de su sonido como sala). Por el camino iban soltando todas esas perlas de su debut, desde la fabulosa ‘Islands‘ a ‘Heart Skipped A Beat‘, pasando por ‘Shelter‘ y, por supuesto, ‘Crystalized‘, que según ellos es una de las canciones más difíciles de tocar en formato trío, aunque si les digo la verdad a mí su interpretación me convenció con creces. Sorprendió la naturalidad con la que se enfrentaban al escenario, sonriendo a menudo (¡con las pintas góticas que llevan!) e incluso teniendo que parar al principio de ‘Teardrops‘, versión de Womach & Womack con la que sorprendieron, porque a Romy, guitarra y cantante que lleva las riendas, «se le caía el moquillo» (eso dicen desde las primeras filas, de verdad).

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El caso es que, con todo, y pese a que se fueran sin un esperado bis (50 minutos siempre saben a poco, aunque haya poco más donde rascar), si The xx confirmaron algo anoche fue que son un grupo a tener en cuenta: ni se revelaron como una auténtica revolución, ni sucumbieron ante la presión generada. Son el grupo que aparentan en su debut, con canciones a priori sencillas pero hirientes, influencias reconocibles (Young Marble Giants, Joy Division, Chris Isaak) pero bien asimiladas, y sobre todo capaces de defender con dignidad, e incluso en inferioridad numérica, temas que destilan intensidad por todas partes. Por todo ello, salen victoriosos y con más números para estar bien arriba en las listas de lo mejor del año. Que ya están al caer…

Fotos: Andreu Llos

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