07/11/2009

La vida es cuestión de contrastes. Y, más allá de eso, de cómo se complementan y funcionan en conjunto. El yin y el yang, además […]

La vida es cuestión de contrastes. Y, más allá de eso, de cómo se complementan y funcionan en conjunto. El yin y el yang, además de argumentar gráficamente que en todo blanco hay negro y viceversa, y que nacen y se nutren el uno del otro, denota que las dos piezas juntas forman el círculo, y si una de ellas falla, la imagen global se desmorona. Kings of Convenience lo saben y su concierto de anoche en el precioso Palau de la Música de Barcelona fue un ejemplo fehaciente de balances compensados; de contrastes en su justa medida que dieron como lugar un círculo perfecto que hizo que la inmensa mayoría del público asistente saliera con una sonrisa de oreja a oreja de un recinto que últimamente sólo ha conllevado malas noticias. Para empezar, Erlend Øye y Eirik Glambek Bøe son conscientes de que su música no es precisamente animada ni especialmente divertida, así que lo compensan con naturalidad, gracia, y un poco de humor. Todo en su justa medida. Da igual que estén tocando en un recinto histórico ante más de mil personas: ellos hablan como si estuvieran en un pequeño bar, de manera pausada, casi susurrando y contando anécdotas como la invención sobre por qué Catalunya se llama así (por unos noruegos que vinieron aquí desde Gotenlandia) o por qué nos sudan las manos cuando nos ponemos nervioso (porque en la prehistoria, cuando un animal perseguía a un humano, éste tenía que lubricar manos y pies para correr más rápido). Es precisamente en estos intervalos en los que también vemos cómo se complementan entre ellos, esa mágica química que debe existir para que un dúo funcione: mientras Eirik parece el cerebro compositivo de las canciones, la parte más racional y moderada, Erlend es el contrapunto perfecto, divirtiendo al público con sus movimientos, sus bailes y su fino sentido del humor, con un desparpajo que nadie adivinaría al ver una foto suya por primera vez. Funcionando juntos son imbatibles. Sencillos, convincentes, humildes. Y luego están, claro, las canciones. ¡Qué canciones!

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Una hora y tres cuartos que dieron de sí para repasar extensamente su nuevo álbum, Declaration of Dependence, amén de recuperar esas joyas de los dos anteriores, Quiet Is The New Loud y Riot On An Empty Street, que nos conmueven, emocionan, y arrancan aplausos durante sus primeros compases. Y de todo este tiempo, sólo hubo dos momentos en las que el concierto flojeó ligeramente: el inicio con la lánguida ‘My Ship Isn’t Pretty‘, y ‘Rule My World‘ (ambas de Declaration of Dependence), que sonó algo destartalada comparada con la precisión que ejecutaron el resto de canciones. Pero incluso así, supieron salvarlas, añadiendo en el primer caso la bonita ‘24-25‘ justo después, y terminando la segunda con una suerte de jam que hacía olvidar cualquier cosa que hubiera pasado los minutos antes. Es un tema recurrente cuando se habla de ellos, pero resulta casi inexplicable cómo unas canciones que surgen de Noruega («oscuro«, repetía Erlend; «oscuro«) pueden sonar tan extraordinariamente cálidas, soleadas, reconfortantes y hasta veraniegas. Pues imaginen eso en un entorno privilegiado como el Palau de la Música, de acústica impecable, y además durante la segunda mitad del concierto, acompañados por violín y contrabajo, compensando de nuevo, ahora de dúo a dúo, la sutileza y perfecta ejecución con la que Erlend y Eirik abordaban sus pequeñas canciones.

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Así, entre bromas susurradas, bailes y miradas hacia el público, redescubrimos su último disco con ‘Renegade‘ o ‘Power Of Not Knowing‘, que brilló especialmente con ‘Me In You‘ y por supuesto la extraordinaria ‘Mrs Cold‘; asentimos al son de la deliciosa ‘I Don’t Know What I Can Save You From‘, sonreímos ante el coro de chicas de público en ‘Know How‘ que sustituía la parte que canta Feist (con un resultado bastante impresionante), y, claro, nos estremecimos ante las clásicas ‘Toxic Girl‘, ‘Cayman Islands‘ y, sobre todo, ante la colosal ‘Homesick‘ (quizá la mejor canción del concierto). Ya hacia el final, una mágica ‘Misread‘ (cuyo vídeo pueden ver aquí), enlazada con ‘Boat Behind‘ (con jam incluida, seguramente instigada por el propio Erlend, quien seguro que aplica su experiencia en The Whitest Boy Alive para dinamizar un poco los conciertos), y para el bis dejaron una canción que normalmente no tocan más que para ellos mismos, o al menos eso dijeron: ‘Always On My Mind‘, de Elvis Presley pero en la versión que hace años hicieron Pet Shop Boys. Preciosa. Y para despedirse, otro hit infalible: ‘I’d Rather Dance With You‘ y Erlend cantando y bailando entre el público, subido a las butacas y generando el mayor éxtasis colectivo que uno puede esperar de un concierto de Kings of Convenience. Y luego, la ovación unánime. Fácil y bonito. Reyes.

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Fotos extraídas del flickr de Josep Mª Martí, menos la última, que es de Romà Bertran.

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