02/11/2009

«Vamos a hacer versiones raras«, advertía Enric Montefusco al término de la segunda canción de la noche, con la única presencia de Ricky Faulkner a […]

«Vamos a hacer versiones raras«, advertía Enric Montefusco al término de la segunda canción de la noche, con la única presencia de Ricky Faulkner a su lado y de sendas guitarras acústicas como arma. Y lo vimos de verdad cuando, después de la introducción de ‘¿Por qué me llamas a estas horas?‘, suspiró y arqueó las cejas como diciendo «a ver cómo lo hacemos«. Y salió bien, porque incluso en acústico, lo de romper un silencio así no tiene perdón sigue sonando convincente, emocional y catártico, y toda la sala contuvo la respiración mientras Enric susurraba si no te importa oír su voz mientras el universo ronca. Y las canciones epataron, lógico pues que la inmensa mayoría fueran en castellano (salvo la clásica ‘Let Them Burn‘ y un par más), porque era una noche para escuchar, para prestar atención a las letras a menudo crípticas e incomprensibles que suelta Enric pero que, aunque no lo parezcan, tienen sentido, en serio. E incluso avanzaron nuevas canciones, hasta cuatro, precisamente de letras más concretas y menos abstractas, o eso me pareció. ¿Y hasta de amor? Puede ser, puede ser. Y me quedé con una frase, «me voy a inventar un plan para escapar hacia adelante«. Y si luego surgen dudas, seguía cantando, será otra excusa para escapar. Qué bonito, ¿no? Y lo cantó dos veces, en algo que no acabé de entender: dos canciones diferentes pero con la misma letra, o al menos muy similar; un misterio. Y confirmó que terminarán su nuevo disco en diciembre, ¡y qué ganas de escucharlo ya! Y pese a las ausencias (¡me faltó ‘Noticias del frente’!), hubo canciones que crecieron sorprendentemente en versión acústica, como ‘1, 2, 3, sol‘ o, especialmente, ‘La mirada de los mil metros‘. Y hasta nos hizo reír, por complicidad absoluta, cuando intentó cantar hasta tres veces el principio de ‘Cuando‘, pero no podía porque se le escapaba la risa o confundía la letra. Y la tuvieron que dejar para el bis, única canción, y su final fue colosal, con Enric desgañitándose y el público vibrando. Y salí de la sala y no hacía nada de frío, como dice la canción de Los Planetas, y pensé que había sido una noche especial, pero que cualquier noche es especial si Standstill suben a un escenario. Y que, de verdad, es un auténtico privilegio tener a un grupo de su envergadura en esta ciudad. (Foto extraída del flickr de bad_luck).

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