15/10/2009

Podría decirse que Drummer es fruto del miedo al aburrimiento de un hombre: Patrick Carney, batería y mitad del grupo de rock garajero The Black […]

Podría decirse que Drummer es fruto del miedo al aburrimiento de un hombre: Patrick Carney, batería y mitad del grupo de rock garajero The Black Keys. Y es que cuando a principios de año su compañero de banda Dan Auerbach le comentó que iba a emprender una gira para promocionar su aventura en solitario al bueno de Patrick le entraron todos los males. «No puedo quedarme en casa sin hacer nada», debió de pensar, así que dicho y hecho, llamó a cuatro de sus amigotes y formaron Drummer en un abrir y cerrar de ojos.

¿Por qué Drummer? se preguntarán los más curiosos. Muy sencillo: porque todos sus integrantes tocan la batería en sus respectivas formaciones, que a su vez provienen del ¿bonito? estado de Ohio, en los EE.UU. Esta particularidad puede atraer y asustar a muchos, pero que no se preocupen los más reacios a esta suerte de supergrupos, Drummer no tocan con cinco baterías y no hacen largos e interminables solos en los que cada uno de sus miembros intenta demostrar su valía con las baquetas. Nada de todo eso. Se reparten los instrumentos como buenos hermanos (y multiinstrumentalistas) y mientras Carney se encarga del bajo, Greg Boyd (Ghostman & Sandman) es el único de los cinco que sigue aporreando los platillos. A las guitarras tenemos a Jamie Stillman (Harriet the Spy, Teeth of the Hydra, The Party of Helicopters) y a Jon Finley (Beaten Awake, The Party of Helicopters), que también ejerce de cantante, y a los teclados a Steven Clements (Houseguest, The Six Parts Seven).

Hechas las presentaciones pasamos al terreno musical, donde la banda presenta luces y sombres a partes iguales en Feel Good Together, su recientemente editado álbum de debut. Con un sonido que bebe del rock más clásico de los años 90 pero también del que practican muchos de los actualmente llamados grupos de estadio (la mezcla no suena muy atractiva, soy consciente de ello), Drummer tienen el mérito de sonar compactos, bien engrasados que se dice. Afiladas guitarras, frenéticos sintetizadores y un (como no) excelente trabajo de percusión consiguen (junto con ese constante fuzz y alguna que otra leve distorsión que les acerca tímidamente al shoegaze) facturar buenas canciones y algun que otro temazo marca de la casa. Es el caso de ‘Summer Control’, ‘Good Golly’, ‘Feel Good Together’ o la enorme ‘Mature Fantasy’, himno canción con la que cuesta no desgañitarse y cuyos riffs invitan a tocar esa guitarra fictícia que estando solos todos hemos tocado alguna vez delante del espejo.

Sin embargo, y pese al puñado de temas más que notables que nos ofrece, tras varias escuchas uno tiene la sensación de que Feel Good Together no acaba de funcionar. Por lo general las estructuras resultan un poco repetitivas y no me hagan decir porqué pero no hay suficiente frescura en las composiciones como para quitarse de encima la sensación de que la música de Drummer ya la hemos escuchado muchas veces y en muchos lugares. Además, la voz de Finley no acaba de imponerse y a menudo suena demasiado impersonal, lo cual no ayuda en absoluto a levantar el vuelo (en algo tenía que notarse que el hombre es más batería que vocalista). Lo dicho, luces y sombras, ritmo a tutiplén y reminiscencias tanto de My Morning Jacket como de Jet, entre otros. Ámenlos u odienlos, eso es cosa suya, pero no dejen de escuchar ‘Mature Fantasy’ a todo volumen si quieren llenarse de optimismo y energía. De verdad que funciona mejor que un Red Bull.

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