18/06/2009

Piden respeto, pleitesía o… comprensión La labor de rastreo, recuperación y puesta en orbita de viejas glorias que efectúa desde hace unos cuantos años el […]

Piden respeto, pleitesía o… comprensión


La labor de rastreo, recuperación y puesta en orbita de viejas glorias que efectúa desde hace unos cuantos años el festival más avanzado (pero que más mira para atrás) del mundo es digna de elogio, a pesar del peligro que conlleva intentar revivir a grupos en el coma artístico. Si el año pasado se desmarcaron con la feliz incorporación de Madness como eje de una noche dedicada exclusivamente al hedonismo, y al día siguiente volvían con la competente pero fría actuación de Yazoo, este año le toca el turno a Grace Jones y Orbital, cuando uno apostaba por The Prodigy, el único gran dinosaurio electrónico de los 90 que falta por homenajear en el Sónar, ahora que están rodando por medio mundo su flamante Invaders Must Die.

La memoria juega muchas malas pasadas, pero recuerdo con total nitidez que la última vez que actuaron los hermanos Hartnoll el piropo más lisonjero que se llevaron fue el de acabados dedicados a rememorar glorias pasadas para dignificar su directo. Pasado un tropel de años y con un disco de grandes éxitos bajo el brazo… y un directo que ya han anunciado que no aporta grandes novedades a parte de un renovado show visual y una secuencia non stop de los temas que presentan, todo es excitación… Estés en el año que estés no te los debes perder, por cumplir y poder decir “yo los ví”, por las linternitas (aunque los AC DC los han rebasado por el carril derecho con sus cuernos luminosos), por su cuidadas y epilépticas imágenes y porque, joder, ‘Satan‘, ‘Chime‘ y, sobre todo, ‘The Box‘ son ya clásicos imperecederos del nacimiento de la música de electrónica de masas.

grace-jones

Con el icono jamaicano las incógnitas son mayores, pero con que su actuación sea sólo la mitad de divertida que sus últimas entrevistas (si algo ha tenido siempre en forma es esa inquieta lengua viperina) tenemos uno de los conciertos del año. Aunque su cancionero, con Corporate Canibal y William’s blood como puntas de lanza, nunca me ha llamado la atención, siempre he sucumbido al poderío salvaje de su personalidad capaz de salir airosa de las pasarelas, los escenarios y las pantallas de cine y ejercer de dominatrix y comehombres total en la década de los 80.

Y no me quiero dejar en el tintero el que quizá sea el valor más seguro en lo que a directos se refiere y no son otros que los norteamericanos Bomb Squad. Gran parte de la historia clave del hip hop de bajos inflados, pinceladas dub, electro bass y old school, lleva la firma casi anónima de este combo que, con un pie en Nueva York y otro en Kingston,  haría las delicias de los raveros extraviados del Antisonar si alguno de ellos supiera situar en el mapa a quien  tiene el aval de haber estado a la sombra del sonido de nada más y nada menos que Public Enemy, Ice Cube o los inigualables Run DMC (vaaaale, y de Madonna y Janet Jackson).

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