18/06/2009

Esta es mi gran oportunidad O como acabar con una carrera prometedora por una sobredosis de hype. Son un buen puñado los grupos que llegan […]

Esta es mi gran oportunidad

O como acabar con una carrera prometedora por una sobredosis de hype. Son un buen puñado los grupos que llegan al Sónar con la vitola de ser la nueva revelación dentro del panorama musical y pocos los que acaban confirmándose después. Pero el reto ahí está. Para empezar Crystal Castles son los que tienen más números para salir airosos del envite. La clave, un magnífico disco que socializa el sonido 8 bit (para que luego digan que Alec Empire no es un visionario: hace una década bajo el alias de Nintendo Teenage Robots se aventuró con un disco compuesto con sonidos generados por… una Game boy de las tochas, para que luego digan), a lo que hay que unir una muy cuidada imagen y un directo con una front woman con morbo y descaro, algo así como una China Patino pero con capacidad para levantar la libido. Recuerdan a los Fischerspooner buenos, los del primer disco, cuando no eran los horteras que se han convertido en la actualidad.

Late Of The Pier, son la otra gran esperanza, y vienen apadrinados por Erol Alkan (lo cual no significa absolutamente nada). Su carta de presentación es un puñado de buenos temas incluidos en su primer LP Fantasy Black Channel, entre ellos The bears are coming  y especialmente Heartbeat, de lo mejor de la cosecha anual. Lo mejor, esas reminiscencias de Supertramp, Gary Numan y The Korgis, grupos que ya tocaban ser reivindicados.

Kitsuné es el otro gran sello que se ha ido haciendo un nombre gracias al auge del Nu rave,  aunque siempre se han mostrado menos encorsetados a la hora de contratar nuevos artistas que sus vecinos de Ed Banger. Así es lógico que no desentone alguien como La Roux, duo inglés con querencias francesas que formulan un revival new wave que bebe esencialmente de Yazoo y Eurythmics. Hasta su cantante, Elly Jackson, parece una versión desgarbada de Annie Lennox, aunque su voz la entronque con voces más actuales como Yelle y compañía. Resultones (Quicksand es de lo más destacable) pero nada sorprendentes se debaten entre O.M.D. y Kate Perry, y eso aún no se si es bueno o malo.

la-roux

Como la cosa va de la reivindicación de la mujer artista cabe destacar la vuelta de Karin Dreijer Andersson, que es lo que viene a ser la mitad de The Knife ahora con disco en solitario bajo el alias de Fever Ray, y sin la compañía de su compañero musical y hermano Olof, lo cual no quita que las coordenadas musicales de su debut coincidan con las de su anterior grupo. Aún así su disco homónimo demuestra que tiene un discurso propio turbador y enigmático bastante alejado de la horda de chicas pop colorín inerte que últimamente asaltan las los escenarios y los myspace como Goldie Locks, Little Boots o Natalia Lafourcade.

También habrá que estar atentos a Micachu and The Shapes y su pop guitarrero más heterodoxo, que vienen apadrinados por Herbert (lo cual tampoco significa absolutamente nada, si no miren la bacheada carrera en solitario de Roisin Murphy salvada a que, gracias a su particular magnetismo, se ha convertido en un icono para muchas mujeres; lejos quedan ya las irresistibles perlas house de Moloko). De todas formas ese cruce imposible entre el rasgueo sincopado de unas Hole, unos  Bis de vuelta al ruedo y el desparpajo riott girrl hacen que su propuesta tenga bastante buena pinta. Y si no, a otra cosa.

micachu

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