18/06/2009

Ahora mismo está empezando la nueva edición del Sónar, y como nosotros tampoco sabemos mucho de música electrónica y siempre llegamos un poco tarde a […]

Ahora mismo está empezando la nueva edición del Sónar, y como nosotros tampoco sabemos mucho de música electrónica y siempre llegamos un poco tarde a todo, le pedimos a última hora a un experto en el tema, David Jiménez, que nos hiciera un resumen personal del festival de música más avanzado y vanguardista que tenemos en Barcelona (y puede que en el mundo). El caso es que es tan experto que el resultado es un auténtico dossier, elaboradísimo y con un repaso extensísimo a los artistas, tendencias e imperdibles del festival. Así que siéntense a leer, vayan al Sónar 2009 o no, porque esta Biblia merece la pena. Está dividido en siete páginas, así que lectores de feed, hagan click en la noticia, y si luego les entra la curiosidad, tienen los horarios completos y toda la información del festival aquí. Nos vemos por el CCCB esta tarde.

Abierta ya la veda de los grandes festivales y saliendo la mayoría de ellos airosos de su envite con la crisis, le toca ahora el turno a la primera de las grandes citas de la música electrónica patria (la otra es, para un servidor, Monegros). Sabiendo que en este foro la niña de los ojos es el maravilloso Primavera Sound y consciente de que uno es acérrimo militante del Sónar, ya por cuestiones casi más sentimentales que estrictamente musicales, Aleix me pide una guía (o algo parecido) de un festival que este año ha abierto el interés de mucha más gente de la habitual que no solía pisarlo por un nombre en concreto: Animal Collective. Propuesta musical en consonancia con lo que debería ser un Festival de Música Avanzada (algo que considero indiscutible, otra cosa es que el Sónar se hubiera enterado tarde como le suele ocurrir algunas veces con ciertas tendencias), o cebo para atraer a más gente en época de crisis (festivalera y mundial), que cada uno juzgue por si mismo. Con cierta promotora cumpliendo su castigo, durante este año, y a saber si alguno más, en el cuarto de las ratas y unos compañeros de tetras encargados de barrer los destrozos creados por su culpa (y el seguidismo de los demás, no seamos ciegos), nos encontramos con un Sónar de contención, distinto, al menos por un año, para superar una etapa de crisis y volver, esperemos, el año que viene con nuevos aires. Un cartel algo mermado de potencia hurgadora pero con soluciones tan originales y resolutivas (tirar del carro nacional ahora que está tan en auge y sale tan barato, cargarse un escenario nocturno y montar un minifestival infantil) que maquillan una situación, la de la música en vivo, bastante delicada.

animal-collective

Pero bueno, los retos no son nuevos en una cita acostumbrada a dar el salto necesario en el momento adecuado y que ha sabido sortear otros bretes quizá más determinantes para su consolidación como la del peligro de convertirse en una rave de pago del montón en la última época en el pabellón de la Mar Bella. Algo que se acabó solucionado, no con el cambio de recinto (pasó de ser una rave en la playa a una rave en un lugar mucho más feo), si no con la subida constante y sangrante del precio de las entradas, la internacionalización de la marca Sónar, la conversión de la ciudad de Barcelona en el centro mundial de todo lo que se cuece en el panorama musical electrónico durante toda una semana (tanto a nivel artístico como de negocios), la asunción definitiva que no es pecado hacer que la noche sea festiva y que eso no conlleva rebajar los estándares de calidad, y que su replica diurna sea contemplada y aceptada como un desfile continúo de palmitos agradables, amebas ausentes de bajón (o de eterno subidón, vete tú a saber), de curiosos desorientados y de algunos que quieren escuchar algo de música. Y, por qué no, mucho ha tenido que ver la génesis de su mutación bastarda y fiestera, el Antisónar.

Incapaz como soy de hacer una guía práctica, útil, y objetiva de lo que hay que ver, tanto por principios (¿quién coño soy yo para dar lecciones de nada?), como porque creo que este es un festival en el que perderse a tal o cual artista no es tan crucial como en otros eventos (algunas veces es casi mejor, si no quien me iba a decir a mi que la recuperación del espíritu hedonista que tanto pregonaba la edición del Smiley la iba a encontrar en un hombre vestido de bailarina fluorescente y su ración de electro schkranz y que respondía al nombre de Cursor Miner o que los  barrigotes sustitutos de última hora de la fatigada M.I.A., Bonde do role, me proporcionarían una de la noches más fiesteras e indecentes del año pasado), me inclino por hacer un poco de madame de las propuestas que alcanzo a comprender. Así que propongo con trazo grueso a algunos artistas sabedor que es un festival inabarcable para casi nadie. Pero tranquilo que ni tú ni yo ni el 95% de los que acuden al Sónar se conocen más del 50% del cartel de ese año, merito del festival. Eso es trabajo de un 5% que se debate entre los superhombres, que alguno hay, y los farsantes, los más, en un festival donde la impostura cotiza al alza.

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