02/06/2009

Vaya por delante mi desconocimiento casi total sobre la banda californiana Wavves. Su propuesta lo-fi acompañada de ruido nunca me ha llamado la atención, de […]

Vaya por delante mi desconocimiento casi total sobre la banda californiana Wavves. Su propuesta lo-fi acompañada de ruido nunca me ha llamado la atención, de modo que su presencia en el Primavera Sound que justo acaba (snif!) me despertó tan poca curiosidad que ni me planteé acortar el rendez-vous del jueves 28 con Aphex Twin para ir a ver cómo se desenvolvía Nathan Williams sobre un escenario. Eso mismo debieron de pensar el resto de miembros de la redacción de indiespot, que también pasaron por alto la primera visita de Wavves a nuestro país. Craso error, y es que como supimos a posteriori los de San Diego la liaron parda, pero en el mal sentido de la palabra. Pasen dentro y les cuento.

Pongámonos en situación: jornada inaugural del festival. Escenario Pitchfork. 2:20 de la madrugada. El dúo sale a escena con aparente mala predisposición para tocar, y ya para empezar Williams se tira 15 minutos probando el sonido de su guitarra, quejándose de todo y por todo a los técnicos y discutiéndose con el batería Ryan Ulsh. Impaciente ante semejante representación de opereta, el público empieza a abuchear a la banda, que por fin decide mirar de tocar una canción. Y digo «mirar de» porque eso es lo que intenta Williams durante 5 minutos en los que por lo visto no da pie con bola. Entonces se hace la luz y, ¡milagro!, el respetable consigue escuchar algo parecido a un puñado de melodías, suficiente como para animarse durante un rato. Sin embargo, Williams ha decidido hacer algo grande esta noche, y entre canción y canción empieza a meterse con los allí presentes, que hasta el gorro de la tomadura de pelo proceden a un lanzamiento de botellas (y hasta de un zapato) más propio de los festivales ingleses. Ulsh, por su parte, también parece estar harto de su compañero de correrías, así que se levanta, le echa un vaso de cerveza por encima y desaparece. Furioso, Williams le espeta un «¡Vuelve, hijo de puta, aun no hemos acabado!» mientras observa cómo los técnicos comienzan a desmontar la batería. Desesperado, intenta volver a tocar la guitarra, a lo que los organizadores deciden cortarle el sonido y encender las luces. Son las 3 de la mañana. Fin de fiesta para Wavves.

Las reacciones no se hacen esperar, la red echa humo, y mientras Pitchfork (los padres del hype) habla del «desplome más épico en un escenario jamás protagonizado por una banda de sus dimensiones» Williams publica una nota de disculpa en que comenta que tomarse una mezcla de éxtasis, Valium y Xanax (casi nada) antes de salir a tocar fue una de las peores decisiones que ha tomado en su vida. También hace referencia a problemas con el alcohol, lo que a sus 22 años le deja bien posicionado para convertirse en el nuevo Pete Doherty. Bromas aparte, el numerito del jueves le puede salir caro a Wavves, que ha cancelado lo que quedaba de su extensa gira europea (ni más ni menos que 29 conciertos; el del Primavera era sólo el segundo). Pues eso, a ver quién es el guapo que los contrata ahora.

Aquí tienen algunas imágenes de lo sucedido:

Vía: Pitchfork

Publicidad
Publicidad