14/05/2009

El cielo está de un gris tan monótono que parece que en cualquier momento hará desaparecer los edificios por los que asoma. El nuevo disco […]

El cielo está de un gris tan monótono que parece que en cualquier momento hará desaparecer los edificios por los que asoma. El nuevo disco de Isis ha llegado en el mejor momento, como siempre directamente de las entrañas de Aaron Turner y los suyos. Auriculares, play, empiezas a andar. Apagas el móvil. Miras al cielo y sigue desafiante, anunciando la llegada del fin del mundo, y lo que escuchas no te contradice en absoluto, porque Isis hacen música que podría servir de banda sonora del Apocalipsis, del peor de los finales posibles. Los coches circulan al vaivén del mecánico ritmo, todo huele a metal, a animal mecanizado funcionando por inercia y sin alma. Puede que Isis hayan usado la palabra radiante en el título de su disco pero se queda allí, en el nombre, porque sus canciones siguen siendo angustiantes, tenebrosas, tristes y duras como las de Panopticon e In The Absence of Truth. No necesitan hacer avanzar su post-metal de tan avanzado que era desde el principio, y luego ‘Hail of the Dead‘, ‘20 Minutes/40 Years‘ o ‘Threshold of Transformation‘ se encargan de recordarte que Isis no están aquí para gustarte, ni hacerte sonreír, ni para que te desahogues o te sientas bien, están aquí para colarse por los recovecos de tus instintos humanos, de tus debilidades, que necesitan de la oscuridad como contraste y de la desazón como terapia. Y están de vuelta. Les echábamos de menos.

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