12/05/2009

Quizá por culpa del espectacular sold out registrado ya hace semanas para su concierto en la sala Apolo del próximo 22 de mayo o sencillamente […]

Quizá por culpa del espectacular sold out registrado ya hace semanas para su concierto en la sala Apolo del próximo 22 de mayo o sencillamente por inercia, la Plaça Font i Cussó de Badalona se quedó ayer más que pequeña para albergar a los cientos de fans reunidos para ver a Manel. Un error de los organizadores, quienes, seguramente desconociendo el boom Manel, habían colocado sillas en gran parte de la plaza (a la que se tenía que acceder a través de escaleras) provocaron que se produjera un desesperante embotellamiento en la misma, de manera que si alguien llegaba tarde (como un servidor, para variar) era prácticamente imposible llegar a ver el escenario. En el fondo era lo de menos, porque en directo Manel siguen siendo el grupo que salió nervioso en el Primavera Club 08, y a grandes rasgos, los cuatro amigos en el escenario casi a ras de suelo de Jardinets de Gràcia el pasado septiembre, cuando el público reunido para verles no superaba la cuarentena. Guillem ya encandilaba a la audiencia gracias a su enorme carisma, el grupo sonaba bien (a secas), y Els millors professors europeus apuntaba a uno de los mejores discos de 2008, cosa que en efecto fue (y sigue siendo, claro). Así, ¿qué ha cambiado?

Pues que Manel son ya un grupo de masas. Y lo digo literalmente, porque a raíz de lo visto (el sold out de Apolo), escuchado (llenan vayan al pueblo que vayan) y presenciado (el karaoke del público en Badalona era muy considerable), el fenómeno Manel sólo es comparable al de Vetusta Morla o Russian Red, y no en proporción sino a escala real. Manel cantan en catalán, sí, pero su aceptación en Catalunya, su explotación en los medios de comunicación y el boca-oreja han sido tales, que ahora se encuentran en una difícil disyuntiva: están a un paso de convertirse en un grupo de fiesta mayor, algo así como los herederos folk de Els Pets, y si este verano no moderan su marcha parecen destinados a serlo, porque hacía muchos años que la escena catalana esperaba algo así. Yo personalmente prefiero que sigan el camino de Mishima o Antònia Font, aunque eso sólo dependerá de ellos, y esto parece difícil de parar. Así que veremos.

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