01/05/2009

¿Es posible que ayer por la noche Joan Miquel Oliver estuviera nervioso? Eso explicaría los problemas que tuvo al principio para controlar el inicio de […]

¿Es posible que ayer por la noche Joan Miquel Oliver estuviera nervioso? Eso explicaría los problemas que tuvo al principio para controlar el inicio de cada canción en los que se aceleraba peligrosamente. La primera mitad de la presentación de Bombón mallorquín en el Casino de l’Aliança del Poblenou, con la hipnotizante ‘Polo de llimona’ para empezar y buena parte del resto de temas del álbum a continuación, quedó deslucida por los repentinos ataques de velocidad y la modesta formación de guitarra, bajo o banjo laúd y batería. La ausencia de teclados (que aparecieron en el bis) y la intermitente presencia del bajo dañó el set del guitarrista de Antònia Font, que esperó a la segunda mitad para mostrar todo su potencial.

Y es que un mejor disco no garantiza un mejor directo. Canción por canción, Bombón mallorquín es una clara progresión ascendente respecto a Surfistes en càmera lenta, pero no fue hasta que empezó a recuperar las canciones de este álbum que la máquina sonó engrasada y él a parecer cómodo en el escenario. A su favor, el concierto en el entrañable teatro del barrio barcelonés del Poblenou ha sido de los primeros en que Oliver ha tenido la ocasión de tocar las nuevas canciones, y el abarrotado aspecto del Casino no ayudaba a relajar los ánimos.

Intentó el de Sòller actuar como lo hace en los conciertos de su grupo, Antònia Font, a jugar a ser el guitarrista serio que no reclama protagonismo. En estas ocasiones, el tipo se pone serio, no sonríe ni que lo maten y con esta cara de pocos amigos la pinta le queda fenomenal. Pasa que como reclamo único y objeto de todas las miradas, sabiendo lo empático que es, la postura le quedaba rara a Oliver. Arreglado este asunto y irradiando frescura con los temas viejos, Joan Miquel se puso al auditorio en el bolsillo todavía más de lo que ya estaba de entrada, en una de esas ocasiones que el público está totalmente vendido y se comerá cualquier cosa. Aplausos nada contenidos durante el concierto y una ovación final totalmente merecida, solo por ser uno de los artistas populares más dignificantes de estas comarcas.

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