19/04/2009

Con la excusa de las reediciones de los tres primeros discos de Radiohead, en Pitchfork han aprovechado para reivindicarse una vez más como únicos y […]

Con la excusa de las reediciones de los tres primeros discos de Radiohead, en Pitchfork han aprovechado para reivindicarse una vez más como únicos y se han atrevido a despedazar Pablo Honey, el debut de la banda de Thom Yorke, conocido mundialmente por contener esa canción, ‘Creep‘. Resulta que Pablo Honey, The Bends y OK Computer han sido reeditados ahora por Capitol/EMI (de nuevo, sin contar con Radiohead), y parecía la ocasión perfecta para analizar los tres discos y dejar unas cuantas cosas claras. Mientras The Bends y OK Computer reciben sendos dieces, Pablo Honey cae hasta el 5.4, principalmente por su deje «post-grunge», como cuentan en la crítica, y por no ser más que un homenaje mimético a grupos americanos como Pixies, Dinosaur Jr. y REM. El texto también reflexiona acerca de la carrera de Radiohead, que empezaron siendo el clásico paradigma de one-hit wonders, gracias a/por culpa del éxito masivo de ‘Creep‘, y que a partir de ahí y por suerte decidieron optar por las ambiciones artísticas en vez de preocuparse por su carrera musical, lo que al fin y al cabo se ha traducido como la decisión más sabia que podían tomar.

De ahí surgieron las obras maestras posteriores, entre la que es común encumbrar a OK Computer pero Pitchfork se encarga de hacerlo también con el maravilloso The Bends (con este 10) y con Kid A y Amnesiac (llamándolos dos de los discos «álgidos» de la década): ya saben que Radiohead es de los pocos grupos actuales que pueden casar éxito de público e idilio con la crítica. Precisamente de OK Computer dicen cosas interesantes, como que fue «el equilibrio» entre canciones reales y tecnología que todo el mundo esperaba, que jugaron a ser futuristas desde la perspectiva de su día a día, y que el único paso en falso del disco es ‘Electrioneering‘ (en eso no estamos de acuerdo, yo creo que es una canción tremenda).

Además, pese al carácter meramente mercantilista de estas reediciones, recomiendan fervientemente hacerse con las nuevas ediciones de OK Computer y The Bends, puesto que, aseguran, están repletas de caras B, tomas en directo y detalles de la época que harán salivar a cualquier fan de esta banda tan creativamente prolífica que, sin embargo, se toma su tiempo antes de publicar cada disco con tal grado de misterio que nunca sabes si su próximo trabajo está a la vuelta de la esquina o a dos años vista. In Rainbows salió en 2007, ya empezaría a tocar una continuación, ¿no?

Y ya que se reedita y Pitchfork vuelven a analizar OK Computer, yo también aprovecho y recupero un antiguo texto que escribí a raíz del décimo aniversario del disco, en junio de 2007, cuando indiespot todavía no existía e In Rainbows no era más que un simple rumor del que nadie sabía nada. Ahí va:

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«Suicidio comercial«. Fueron las palabras de Capitol, la discográfica de Radiohead, cuando escucharon por primera vez el máster terminado de OK Computer. Claro que también hay que entenderlos: ¿cómo ser consciente de si lo que tienes entre manos es una obra maestra o un simple desvarío sin sentido? Es el tiempo quien lo dictamina, y si además te alejas, como se alejaba tan estrepitosamente OK Computer, de todo lo que había hecho la banda antes, la cosa se ponía negra. Thom Yorke y su grupo habían pedido irse a una mansión perdida -que conviertieron en su particular estudio- en el medio de Inglaterra, con un chaval más joven que ellos como productor (el ahora aclamado pero en aquel momento desconocido Nigel Gondrich), y volvieron con 11 tortuosas canciones y un interludio cuya primera escucha atenta colapsa, sobrecoge y deja sin respiración. Sin palabras. Era OK Computer, un disco sin el cual es probable que Radiohead actualmente no existieran.

Desde los desvaríos constantes de ‘Paranoid Android‘, un tema que surgió de la mezcla de tres canciones distintas y que seguramente sea el perfecto reflejo de paranoia dentro de la misma paranoia una y otra vez hasta el infinito, la perturbadora contención de ‘Subterranean Homesick Alien‘, la aparentemente cálida ‘Exit Music (For a Film)‘ que sin embargo te desmonta cuando Yorke saca de sus entrañas eso de «we hope that you choke» («esperamos que te ahogues»), el reflejo en forma de pop hipnótico de ‘Karma Police‘ y aquel momento en que te has perdido a ti mismo, a la sintética realidad de ‘Fitter Happier‘ en menos dos minutos, para después seguir transitando por el aullido desesperado de ‘Electioneering‘ («whenigoforwardyougobackwardsandsomewherewewillmeet»), la desesperación de ‘Climbing Up The Walls‘, la esperanza desesperanzadora de ‘No Surprises‘, silencio, y ‘Lucky‘, hasta de nuevo la súplica, ‘The Tourist‘, no corras, vigila, estás en peligro, y vuelta al principio, ‘Airbag‘, porque esto no se acaba y no hay nada que nos mantenga a salvo, es OK Computer un disco retorcido, enfermo, víctima de un futuro que todavía está por llegar y que nos atrapará en celdas individuales de las que no podremos salir porque ni siquiera querremos. Ellos lo avisaron, Thom Yorke lo canta, lo narra, lo ve suceder en la maravillosa ‘Let Down‘, el más vacío de los sentimientos, personas decepcionadas, no te pongas sentimental, ya sabes con quién estás. Defraudados y deambulando. El suelo se colapsa, cayendo, saltando de nuevo, un día me crecerán alas, una reacción química, histérica y sin utilidad. Gracias.
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