26/03/2009

A pocos minutos de que Dan Ingala, léase Plushgun, saltara al pequeño escenario de la sala Sidecar, una chica a mi lado me pregunta si […]

A pocos minutos de que Dan Ingala, léase Plushgun, saltara al pequeño escenario de la sala Sidecar, una chica a mi lado me pregunta si conozco al grupo. Le respondo que sí, y se sorprende. «Es que estudié en la universidad con el cantante y no me creo que tenga fans y que la gente venga a verle«, me dice. Literatura en una universidad de Nueva York, cuenta. Y creo que es la mejor manera de definir el concierto de anoche: muy pero que muy amateur, cercano, y también por ello entrañable. Porque las canciones de Plushgun nacieron entre las cuatro paredes de la habitación de Dan en Brooklyn, con sólo una guitarra y un ordenador, y porque su puesta en escena no deja de ser un reflejo de eso, tratar de divertirse al máximo con los (escasos) medios disponibles. Pasen y les cuento.

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A decir verdad, poco o nada presagiaba un gran concierto a nivel técnico: la indietronica suele un género difÌcil de trasladar al directo, sobre todo si se intenta adaptar el sonido pulcro y milimetrado del disco al formato de banda habitual. Así que cuando Dan salió al escenario con su camisa y corbata casual junto a dos extraños acompañantes (un chaval emo con flequillo a la guitarra, y un punkrocker que no se quitó las Rayban Aviador en todo el concierto a la batería), nos temíamos lo peor. Superado el impacto inicial (cuando entra por primera vez la batería y te das cuenta de que no tiene mucho que ver con los beats del disco), sin embargo, todo cambió, en parte gracias a la salida a matar de Plushgun: nada menos que sus tres grandes temazos sirvieron para abrir el concierto, en el orden del disco: ‘Dancing In A Minefield‘, ‘This Is How We Roll‘, ‘Just Impolite‘. Lejos de ser una actitud suicida (¿quién toca sus tres mejores canciones al principio del concierto?), resultó ser la chispa que prendió la mecha, y a la tercera canción ya estaba toda la sala bailando (¡incluso Amable!) mientras agitábamos los glowsticks que Dan lanzó al principio del concierto. Festival.

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Con una actitud eufórica, realmente entrañable y, sí, amateur como si estuviera tocando en una college party de Estados Unidos, Dan se pasó casi todo el concierto dando botes y moviéndose por el escenario, mientras el batería y el guitarra trataban de vestir (algunas veces con mayor acierto que otras) las programaciones que el teclado del cantante lanzaba. Porque en directo Dan canta y poco más; de hecho, si te paras a analizar cómo suenan, la mayoría de canciones salen perdiendo en relación al disco, pero puede que, por ser conscientes de ello, Plushgun ofrecieran un concierto cortísimo (apenas 50 minutos) y realmente intenso, enfocado básicamente a que el público bailara y diera botes como Dan, jugando con sus glowsticks, y con un ritmo que no decayó pese a comenzar con lo mejor (ahí estuvieron ‘Union Pool‘ y ‘A Crush To Pass The Time‘ para mantener el tipo). Si hasta repitieron ‘Just Impolite‘ como colofón del concierto para terminar por todo lo grande. Lo dicho: entrañablemente amateur, pero una fiesta se mire por donde se mire.

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Fotos: Romà Bertran

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