08/03/2009

El pasado viernes volvimos a hacer doblete de conciertos, esta vez primero con Styrofoam y Anorak en la sala BeCool, y justo después con Kokoshca […]

El pasado viernes volvimos a hacer doblete de conciertos, esta vez primero con Styrofoam y Anorak en la sala BeCool, y justo después con Kokoshca y Mujeres en La [2] de Apolo. Dos conciertos bastantes diferentes (el primero de indietronica sugerente y reconfortante, el segundo de lo-fi para echarse unos bailes) que confirmaron diversas cosas que ya intuíamos: que hay vida en el pop electrónico después de The Postal Service, y que Mujeres son la next big thing de la escena barcelonesa. Veamos por qué.

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La noche empezó con el concierto más flojo de todos: Anorak, que con su primer disco fueron tildados de los Postal Service de Barcelona, presentaban su segundo largo con poca fortuna: sonaron poco convincentes, demasiado convencionales y no despejaron las dudas que genera Neighbourhood Postcards, un disco con buenas canciones pero muy irregular. Todo lo contrario que Styrofoam, y eso que lo tenían un poco complicado: su indietronica es de aquellas de laboratorio, de las que suenan genial en disco por todos los matices que pueden aportar en el estudio, pero corre el riesgo de no cuajar en directo. Para ello, el belga Arne Van Petegem se acompaña en vivo de una teclista y corista, además de un batería que estaba constantemente sonriendo y daba muy buen rollo. Todo para ofrecer un gran concierto, mucho más contundente y con más alma de lo que cabría esperar (seguramente para compensar la meticulosidad del disco), en el que brillaron con luz propia la mágica ‘After Sunset‘, la discotequera ‘No Happy Endings‘ y ‘Final Offer‘ de A Thousand Words, y ‘Couches In Alleys‘ de Nothing’s Lost (donde en disco canta Ben Gibbard). Hubo lugar también para un distorsionado final pre-bis descomunal, tras lo que concluyeron el concierto de manera inmejorable con la catártica ‘A Thousand Words‘. Y aunque Arne desafinara un poco en algunas canciones y diera la sensación de que a veces (pocas) se les descompasaba el ritmo, el sabor de boca fue espléndido. Nostálgicos de The Postal Service, ¡síganles la pista!

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Pese a lo tarde que era (es lo único que no nos gusta de BeCool, ¡los conciertos empiezan muy tarde!), llegamos a tiempo a La [2] de Apolo para vivir desde sus primeros instantes la fiesta del programa de radio Buscant Jeff Mangum. Ambiente de gala en La [2], de los de pura escena, para ver a dos de los grupos más prometedores del underground estatal: primero los pamplonicas Kokoshca, trío (dos guitarras y batería) de lo-fi destartalado y naïf a partes iguales, que dejaron los primeros momentos memorables de la noche gracias a sus ‘Carreteras secundarias‘ (¿la resurección de Los Fresones Rebeldes?), sus recuerdos de las noches en ‘Salou‘, las peticiones de que nos uniéramos a ‘Kokoshca‘ o sus proclamas ‘Lo-Fi‘. Imposible dejar de sonreír ante el derroche de amateurismo sincero y sin complejos, punzante a ratos y ensoñador en otros.

Lo de Mujeres (foto principal), en cambio, es muy distinto. Con solo una demo en su haber y viéndolos encima del escenario, la sensación general es de que lo de este cuarteto de Barcelona es sencillamente imparable. Les faltan algunos conciertos más como el que dieron el viernes en La [2], arrollador, excitante, magnético y brutal, para dejar de ser ese secreto a voces que son ahora mismo. Pusieron patas arriba la sala con su garage descarado con influencias del surf y, sobre todo, con sus ansias de ponerla patas arriba, recordando a los Black Lips más gamberros en muchos momentos. El resultado fueron un par de cables rotos, el cantante tocando el tramo final del concierto con la guitarra de la chica de Kokoshca (se cargó la suya), un bajo que también tuvo sus problemas (todo por tirarse al público, claro), proclamas muy directas contra el Espanyol, desmadre generalizado entre el público y también en el escenario (cuando pidieron que el público subiera a ayudarles a cantar nada menos que ‘Vampiresa Mujer‘ de Jonathan Richman, por ejemplo), y éxtasis total en una noche muy esperanzadora. No sé cuánto tardarán, pero si nada falla estos cuatro impresentables con nombre femenino tienen muchos números para ser grandes, grandes.

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Fotos: Raquel Calvo

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