30/01/2009

Una vez leí no sé dónde que la calidad de un festival no solo se debe valorar a partir de los buenos grupos que contrata, […]

Una vez leí no sé dónde que la calidad de un festival no solo se debe valorar a partir de los buenos grupos que contrata, sino también por los malos que deja de contratar. Siguiendo este rasero, el californiano festival Coachella es, estrictamente, regular. Empezamos por los «malos»: unos The Killers que nos engañaron a todos con ‘Mr. Brightside’ pero que con ‘When You Were Young’ ya no nos la pegaron, así que imagínense ahora; un Paul McCartney más mencionado por sus divorcios que por sus discos; un Morrissey que ya no es capaz ni de dar con un buen single; una Amy Winehouse que ha quemado su neo-soul a base de jeringas; unos Franz Ferdinand que, en serio, no sé qué les ve el míster; y unos Peter Bjorn & John, los más listos de todos, que aún no se creen como un silbido puede dar para tanto. Porque no me dirán que un instrumental disco conceptual sueco da para aparecer en la tercera línea del Coachella. Y no me hagan hablar de We Are Scientists, The Ting Tings o Paolo Nutini, que no sé quién es pero suena a cantante melódico chungo.

Sin embargo, seríamos unos cuantos que nos iríamos a Indio, California, con los ojos cerrados para ver llorar de nuevo con Leonard Cohen; admirar al maestro Conor Oberst con su banda del Valle Místico y su rollo guacamole; repetir con My Bloody Valentine aunque vengan luego al Primavera por partida doble, que si el del FIB 2008 fue su peor concierto de la gira según Kevin Shields, no quiero imaginarme qué harán en uno normal; disfrutar del Cease To Begin de Band Of Horses, aprovechar de una vez la oportunidad de ver A Place To Bury Strangers; pasarlo en grande con Dr. Dog; bailar un pogo con Fucked Up; sonreir con Noah and the Whale y gritar aquello «fun!, fun!, fun! when we were drinking!«; y tirarle piedras a Billy Tallent, que imagino que les habrán contratado para eso.

Vean el cartel completo:

coachella

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