10/01/2009

Eufórico estaba ayer Antonio Luque. Eufórico dentro de su timidez y habitual introspección, pero eufórico al fin y al cabo, y es que su paso […]

Eufórico estaba ayer Antonio Luque. Eufórico dentro de su timidez y habitual introspección, pero eufórico al fin y al cabo, y es que su paso por La [2] ayer por la noche lo tuvo todo: un ambiente de gala (la sala estaba llena hasta los topes), un Luque en estado de gracia, y un repertorio que dejó saciados a todos. Pero como siempre, vayamos por partes…

Sólo salir al escenario, tras un concierto de Extraperlo del que sólo vimos las últimas dos canciones (aunque estuvimos en el del Heliogàbal el 3 de enero y nos parecieron un grupo muy interesante y divertido, aunque con una ligera reiteración que esperemos que en su debut, Desayuno continental -a publicar en breve-, no sea tal), Antonio Luque ya confesó que era un placer que estuviéramos todos «apretados» en La [2], después de haber tocado «solo» tantas veces en el Apolo grande. Fue sólo una de las muchas charlas que nos dio Luque, con un humor finísimo y a veces algo negro, pero que servían de perfectos enlaces entre esas canciones costumbristas cuyas palabras acaban siendo tuyas y cuya voz grave resulta tan difícil de imitar, y que además despejaban del todo el tópico de que es un artista altivo como se decía hace años.

Luque estaba, pues, eufórico, contento, y en parte debe de ser porque Sr. Chinarro está sin duda en su mejor momento: sus tres últimos discos, El fuego amigo (2005), El mundo según (2006), y Ronroneando (2008 ) han sido aclamados unánimamente por crítica y público, gracias a tremendas canciones de pop sencillo pero certero, y precisamente en estos tres trabajos cimentó su repertorio, repasando ampliamente los temazos que ansiábamos escuchar: ‘El cabo de Trafalgar‘ (sorprendente inicio), ‘Dos besugos‘, la grandiosa ‘El peor poema‘ y ‘El rayo verde‘ de El fuego amigo (personalmente, mi preferido, ¡un disco sublime!); ‘Esplendor en la hierba‘, ‘La decoración‘, ‘Ni lo sé ni lo quiero pensar‘, ‘G. G. Penningstone‘ o ‘Militar‘ («la canción protesta«) de El mundo según; y ‘Los Ángeles‘, ‘Tímidos‘ (¡qué himno!), ‘Los amores reñidos‘, o ‘El gran poder‘ de su reciente Ronroneando, que fueron muy celebradas, algo que emocionó a Antonio porque no es habitual que el público aplauda tanto las canciones del último disco, especialmente con alguien de la trayectoria de Luque (20 años en el mundo de la música dijo ayer que lleva, y todavía se preguntaba en voz alta si G significa «Sol»… entrañable).

Al margen, anécdotas como su proclama de ser «progre» por hacer caso a Zapatero cuando dijo que había que comer conejo, la cuerda de guitarra rota que durante el camino Luque había anticipado que sucedería («y aún así no la cambié«), o la confusión del día antes entre ‘El peor poema’ y ‘Los amores reñidos’, ciertamente muy parecidas pero qué buenas son ambas. El caso es que si a unas canciones que ya de por sí transmiten y epatan, le sumas una banda que las interpreta a la perfección y un artista que resulta honesto de principio a final, bebiendo a morro de su botella de vino  y mirando al suelo cada vez que sonríe, como si esto no fuera con él, como si todavía no hubiera asimilado que es uno de los mejores músicos y letristas en castellano de los últimos años,… si conjugas todo esto, si logras reunirlo como hizo ayer Sr. Chinarro, una noche no puede sino ser perfecta. A tus pies, Antonio.

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