14/12/2008

O el que pasará a ser recordado como ‘el día de Eli Paperboy Reed‘. Sin discusión alguna, su concierto en este Primavera Club que ya […]

O el que pasará a ser recordado como ‘el día de Eli Paperboy Reed‘. Sin discusión alguna, su concierto en este Primavera Club que ya ha terminado fue el más intenso, espectacular y desbordante de todos. No importaba que ya hubieran pasado todos los artistas del festival y que el listón estuviera muy alto; ni que coincidiera con el Barça-Madrid (qué error hubiera sido optar por ver el partido) porque ‘Paperboy’ no sólo vuelve al soul sixties en su primer disco, Roll With You, sino que lo hace en su puesta en escena: vestimenta, interacción con el público, y sobre todo actitud, mucha actitud. En la segunda canción ya estaba todo el Auditori del Fòrum en pie, y mucho antes del final la mitad del público encima del escenario rodeando a Reed y su grandiosa banda de acompañamiento. De aquellos conciertos difíciles de olvidar. Pero hubo más, mucho más…

Porque la cita del sábado se inauguró a las 5 de la tarde con Espaldamaceta. José Juan González, solo, nervioso y agradecido en el escenario, se retorcía con su guitarra como si fuera Vic Chesnutt cuando no explicaba anécdotas sobre su profesión (es maestro de primaria) y sus experiencias de ir a recoger aceitunas. La propuesta de Espaldamaceta fue, desde luego, perfecta para empezar la jornada del sábado: canciones íntimas de guitarra y voz, de su apreciado debut Madera y poca luz con un Auditori relativamente lleno para  tratarse de la primera cita del día.

Luego llegó el turno de High Places, que en formación dúo y ante una mesa repleta de sintetizadores y aparatejos varios (ningún ordenador, eso sí), dieron su propia versión del tropicalismo electrónico con ritmos tribales que tan de moda se ha puesto. Muy en la línea de Animal Collective mezclado con los sonidos en plan naturaleza que usan por ejemplo Fuck Buttons, su concierto en general se saldó con buena nota, aunque en ocasiones sus canciones caían en cierta reiteración, y personalmente hubiera deseado que la voz de Mary se escuchara un poco más.

high-places

Tampoco Abe Vigoda se fueron muy satisfechos, o al menos eso parecía. Eran uno de nuestros deberes, y ya decíamos que era raro que, estando en la línea de No Age, fueran emplazados al Auditori del Fòrum. La jugada no salió bien, porque según lo que creí entender no les permitían subir el volumen más, y por ello tenían problemas con el sonido de una de las guitarras. Su punk tropical era quizá demasiado ruidoso para la acústica del lugar, aunque pese a ello convencieron gracias a su mezcla entre intensidad y matices que sirvieron para que nos despertáramos un poco después de los etéreos High Places.

Lo de La Buena Vida fue un conciertazo. Con precisión milimétrica y puesta en escena exacta, reprodujeron al dedillo Soidemersol, su célebre trabajo de 1997, junto a una orquestra y diversos invitados especiales para la ocasión. Supo mal que no nos deleitaran, como hacen la mayoría de grupos en los conciertos Don’t Look Back, con dos o tres temas más recientes, pero las emociones que lograron imprimir a lo largo de canciones como ‘Buenas cosas mal dispuestas‘, ‘Pacífico‘ o especialmente ‘Desde hoy en adelante‘ dejaron bien claro por qué son uno de los grupos de referencia del pop en castellano. Ellos sí que eran el grupo ideal para ver en este recinto, aunque sí es cierto que el ritmo del concierto se vio un poco mermado por los constantes cambios de guitarra que hacían que el roadie encargado de ellas no parara de entrar y salir del escenario, algo que chocaba del todo con la calma que los integrantes de La Buena Vida afrontan la interpretación de sus composiciones. Por cierto, el bis con el bonus track del disco, con el grupo más invitados silbando al son de las guitarras acústicas, fue bastante surrealista.

Y luego Eli ‘Paperboy’ Reed. Revival de soul sixtie, una banda con guitarra, bajo, batería y una trompeta y dos saxos, y eufóricos comentarios acerca de su concierto en Madrid la noche anterior. ¿Era ese un buen concierto para ver sentados, o mejor en una sala con más alma como el Apolo? En realidad dio igual, porque cuando salió al escenario Eli, tras una presentación a cargo de uno de sus saxofonistas al más puro estilo estrella del rock, el público presente se olvidó de dónde estaba. Parece mentira que un veinteañero que acaba de publicar su primer disco consiga tal efectividad sobre el escenario, y lo hace únicamente trasladándose a los años 60, rememorando a James Brown y Sam Cooke y al sentido de espectáculo que los soulmans consideraban parte indispensable de su concierto. Reed cantó (¡extraordinaria voz!), rió exageradamente, animó al público a levantarse, a cantar, e incluso cuando hubo el intento de invasión de escenario (promulgado por el propio grupo) que la seguridad del Auditori se encargó de evitar, Reed pidió al publicó que ocupara los lados del escenario para que el resto de la sala pudiera seguir viendo qué ocurría en el escenario. Eso es pensar en su público. Y entonces aquello se convirtió en una comunión total entre un chaval expirando soul y un público extasiado que no acababa de creerse lo que estaba viviendo. Era el final de una gira de siete meses para el grupo, y seguro que nadie podía imaginar un final mejor. Para recordar.

Además, el Barça gana 2 a 0 y algunos afortunados hasta consiguen ver los goles en directo. ¿Qué más pedir?

Pues algo para rubricar la noche y, en general, el Primavera Club 08 al completo. Lo hubo. Su nombre, The Extraordinaires. Madre mía. Todavía andábamos hablando del concierto de Eli ‘Paperboy’ Reed, y aparecen en el escenario de La [2] cinco tipos, el más llamativo de todos el cantante, disfrazado de oso y con una guitarra tuneada con motivos marinos. Madre mía. Edu ya lo avisó en sus deberes, pero tengo que confesar que las primeras tres canciones del concierto de The Extraordinaires me dejaron absolutamente noqueado: salieron al 200%, y no bajaron el ritmo a lo largo de su hora de concierto, de la que no creo que ni uno de los asistentes que abarrotaba la sala tenga ni una sola queja. El grupo suena engrasado, con momentos que recuerdan a la locura de Gogol Bordello, y el magnetismo del cantante es impresionante. The Extraordinaires demuestran dar mucha importancia a la interpretación teatral de sus canciones, con movimientos histriónicos, coros hilarantes y unas ganas de fiesta que contagian al personal desde el minuto uno, pero además no se olvidan de hacer grandes canciones, que convierten en cóctel final en algo explosivo. Volverán para el Primavera Sound 09, casi seguro, aunque superar lo de ayer será difícil. Sin duda la mejor sorpresa de un festival que no voy a tratar de resumir en esta última línea porque con el rollo que he metido nadie habrá llegado hasta aquí. Mañana, el balance.

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