13/12/2008

Después de los aperitivos de Primavera Club del miércoles y el jueves, el viernes 12 suponía la primera jornada festivalera con todas las letras, aunque […]

Después de los aperitivos de Primavera Club del miércoles y el jueves, el viernes 12 suponía la primera jornada festivalera con todas las letras, aunque a última hora quedó algo desvirtuado por algo tan inexplicable como que Yelle tocara esa misma noche en Razzmatazz. Manel subían al escenario del Auditori del Fòrum a las 5 de la tarde y doce horas más tarde terminaba la fiesta en las dos salas de la avenida del Paral·lel con las destacadísimas actuaciones de Mika Miko y Deerhoof. Nueve conciertos programados y volvíamos al mejor recinto de conciertos de la ciudad, el Auditori del Fòrum, después de seis meses desde el anterior Primavera Sound (aunque algunos ya habían vuelto), y solo esto ya era un buen motivo para estar allí desde primera hora para ver al grupo del que todos hablan ahora…

Sentíamos algo de morbo para ver cómo Manel se desenvolvían en el Auditori, si se empequeñecerían, si la intempestiva hora a la que estaban programados atraería suficiente público o de si la magnificiencia del sonido del recinto ayudaría o perjudicaría al ukelele de Guillem Gisbert. Además, empezamos a tenerlos muy vistos, con lo que debemos andarnos con cuidado de no quemarlos; pero nada de eso. Ningún imprevisto jodió la puesta en escena del grupo, al que vieron unas mil personas (según fuentes fiables) y que fueron directos al grano, solo con un par de preámbulos marca de la casa y acabando con la logradísima versión de ‘Common People’ de Pulp. Eso sí, no acabaron de calentar al público, que calló vilmente en los coros de ‘En la que el Bernat se’t troba’, pero es que era la hora de la siesta.

The Dodos

Los que sí calentaron al público y de qué manera fueron The Dodos, que la liaron parda con una acústica, una batería sin bombo y un vibráfono. El dúo, convertido en trío para el directo, hizo uno de los conciertos del día con solo un álbum a sus espaldas, el magnífico Visiter. Tocaron sin apenas parar entre tema y tema, haciendo que la hora de la que disponían se quedara corta. Les siguieron el maestro Howe Gelb («any question?«) y sus Giant Sand, que dividió su tiempo entre una primera parte donde brilló su atrevido country sureño y una segunda parte con los temas más reposados del último disco *proVISIONS* con la compañía de la cordobesa Rocío (WTF) en la voz. Cerraron el Auditori del Fòrum el dúo más estelar de la noche. Isobel Campbell y Mark Lanegan aparecían el cartelería del Primavera Club 08 presentando su último disco Sunday At Devil Dirt, pero afortunadamente no dejaron de rescatar temones de su primer álbum conjunto como ‘Ballad Of Broken Seas‘ o ‘The Circus Is Leaving Town‘. Sin embargo, su aura de estrella distante y la mala iluminación del escenario que impedía que Campbell y Lanegan no fueran más que dos sombras, restó puntos al concierto. Pero bueno, con esas dos voces, incluso cerrando los ojos…

Después de esto, vuelta rápida y parada técnica en boxes para comer algo (nota para la organización: algo de comida en la barra del Auditori no vendría mal) para llegar a tiempo a la sala Apolo y ver cómo Deerhoof partían sus instrumentos para dar con esa mezcla de art-rock, melodías azucaradas y letras en japonés (o lo que sea eso que cantan). Escuchando Offend Maggie nos temíamos que en directo podían ser una garantía y la verdad es que no andábamos equivocados. A esa hora, el efecto Yelle empezaba a hacer daño, aunque cuando The Thermals subieron al escenario, aún había menos gente en la sala grande del Paral·lel. Estos dieron un concierto correcto, aunque algo monótono. Sus temas de The Body, The Blood, The Machine no acabaron de despegar y Mika Miko estaba por empezar en La [2], así que allá fuimos y para qué contaros. A ese femenino quinteto les costó medio segundo para armar un pogo en las primeras filas que no paró en la media hora que tocaron. Un muy buen fin de fiesta para volver a la grande a coger los abrigos y ver como esta estaba completamente vacía mientras acababan de montar el jaleo que llevaba Meneo, el de las Game-Boys. El efecto Yelle.

Publicidad
Publicidad