20/11/2008

No nos gusta hacer esperar. Aquí tienen la segunda y última entrega de esta crónica sesgada del festival Tanned Tin, celebrado el pasado fin de […]

No nos gusta hacer esperar. Aquí tienen la segunda y última entrega de esta crónica sesgada del festival Tanned Tin, celebrado el pasado fin de semana en Castelló de la Plana, con las breves crónicas de grupos idolatrados de antemano (Mount Eerie o The New Year) y de otros que han adquirido ese privilegio a partir de ahora (Deer Tick o Sam Amidon). Hasta el año que viene, Tanned.

Neptune
Seamos sinceros. Lo que más impresiona de los americanos Neptune no es su música. Lo que sorprende de verdad son sus instrumentos. Los componentes de este trío son cada uno una mezcla de luthiers y chatarreros, pues se fabrican ellos mismos las guitarras y las baterías y luego, ahora sí, se dedican a aporrear sus cachivaches para armar jaleo. ¿Pop? ¿Alguien dijo pop? A dónde va a parar, esto sí es la antítesis de la música comercial. Percusiones arriba y riffs abajo y así concluyó nuestro primer día de festival, el tercero oficial, que después de sendos conciertos de Zu y Dälek dejó al respetable flotando al salir del teatro. (Eduard Gras)

Los cachivaches y Neptune

Samamidon
El niño sensible del folk (escuchen el genial But this chicken proved falsehearted -Plug Research, 07- y entenderán lo que digo) se ha convertido en hombre en All Is Well (Bedroom Community, 08) sin perder ni un ápice de lo que le caracterizaba. Amidon se comió el sábado el escenario y a sus congéneres (léase entre líneas PG Six) ofreciendo una auténtica lección de folk que se balanceaba entre lo tradicional (las canciones elegidas) y la renovación (la interpretación modernizada de las mismas). Carismático, raruno (bastaba con verlo hacer flexiones sobre el escenario o bailando a lo buzzer, que vendría a significar «timbre» en inglés) y simpático, el neoyorkino terminó su recital con la bonita ‘All Is Well’, que vendría a connotar -tanto a nivel musical como prosaico- el resultado de su impecable actuación. Un último apunte: lo acompañaba Doveman al piano, quien resultó ser el peor artista (a mi parecer) del festival. (Carlota Surós)

El sensible Sam Amidon

Deer Tick
Quién iba a decir que un grupo con un disco (War Elephant, Partisan Records, 08) y con una portada tan espantosa (miren, miren) ofrecería un concierto tan completo, próximo, divertido y ameno como el de Deer Tick el sábado. Tomen nota, pues parece que todo grupo que contenga la palabra «Deer» promete, especialmente si sus integrantes cumplen los requisitos siguientes: barbas, camisas de cuadros y ganas de pasarlo bien. De influencias clásicas (y claras: Bob Dylan o Will Oldham), los de Brooklyn juguetearon con el blues, el folk y el country más arraigado, renovando -eso sí- ritmos y tiempos; y hasta se atrevieron con ‘La Bamba’ sin caer en el tópico ni el ridículo. Lo suyo es algo así como la banda sonora perfecta de la América profunda; las historias de Beatnicks, de aventuras, de ácidos lisérgicos, de tabernas y carreteras. Si alguna vez van a hacer la ruta 66, ya saben: cómprense el disco. Si quieren sentirlo, trasládense al Tanned Tin. No se arrepentirán. Yo, por lo menos, no lo haré. (CS)

Deer Tick

Mount Eerie
Phil Elverum se subió solo al escenario, como era de esperar, para presentar las canciones que ha ido dando a conocer en su multitud de referencias publicadas este 2008. Quizá por estar acompañado solo por su guitarra, se centró en los temas de Lost Wisdom y Dawn, acústicos todos ellos, y no tanto en Black Wooden Ceiling Opening, amalgama de distorsión y del que apenas sonó ‘Domesticated Dog’. Pero lo poco bastó. ¡Vamos si bastó!. Las canciones de Mount Eerie tienen capacidad hipnótica y la voz y las palabras que canta Elverum ayudan a ahogarse más fácilmente en un mar de oscuridad, depresión y catarsis que si bien igual no era del todo ideal para la una de la madrugada, no deja de ser nunca bienvenido. (EG)

Phil Elverum es Mount Eerie

The New Year
Habría que hacerlo muy mal para que un concierto que empieza con ‘Folios‘, que termina con ‘18‘ y en medio van sonando canciones como ‘The Idea Of You’, ‘The End’s Not Near’ (¡uf!), ‘Newness Ends’ o ‘MMV’ no fuera un buen concierto. Los hermanos Kadane tenían la difícil papeleta, al igual que Mount Eerie, de tocar después del derroche de Come, pero a pesar de eso y gracias a la carga emocional de su slowcore, no les costó tanto como presagiaron al inicio del concierto. El de The New Year fue, sin duda, de los mejores conciertos del festival aunque los Kadane no definan la palabra carisma ni vayan a por el recurso fácil de alargar los temas para aumentar en emotividad. Sus canciones hablan por sí solas, y cinco años después de su único concierto en la península (también en el Tanned Tin), las expectativas sí se cumplieron. No se nos ocurre mejor manera para terminar el festival. (EG)

The New Year

Bubba Kadane

Fotos de Andrea Valverde i Carlota Surós para Scanner FM

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