19/11/2008

Ya nos hubiera gustado, pero afortunadamente tenemos otras ocupaciones que nos impidieron bajar a Castelló de la Plana el miércoles 12 y que asimismo, nos […]

Ya nos hubiera gustado, pero afortunadamente tenemos otras ocupaciones que nos impidieron bajar a Castelló de la Plana el miércoles 12 y que asimismo, nos obligaron a volver a Barcelona el domingo 16. Por culpa de ello, nos perdimos conciertos (que por lo visto fueron algunos muy buenos) como The Wave Pictures, Retribution Gospel Choir, Eric ChenauxJana Hunter o Nacho Vegas. Sin embargo, ante nosotros teníamos un viernes y un sábado con un montón de propuestas conocidas (pocas) y desconocidas (la mayoría) que, desde el Teatre Principal de la capital de la Plana, nos han alegrado este otoño. A continuación y para todos ustedes, nuestra particular visión de lo que ha sido este décima edición del festival Tanned Tin.

Thalia Zedek Band / Come
La reunión de la mítica banda de indie rock Come era, sin duda, el nombre más sorprendente del cartel. Un concierto único e irrepetible (en principio) de la banda que formaron en los 90 Thalia Zedek y Chris Brokaw. La presencia de ambos en el festival castellonense (Brokaw toca la batería para The New Year) y la amistad entre Zedek y el máximo responsable del sello Acuarela Jesús Llorente propició la reunión. Sin embargo, el día antes de dicha efeméride, la Thalia Zedek Band se marcó un concierto de rock alternativo, de puro club americano. La voz rota de Thalia y la fuerza de las canciones provocó sorpresa después de ver que la tónica general del festival era más bien mucho cantante folkie con su guitarrita. Al día siguiente, Come aumentó exponencialmente las sensaciones generadas el día anterior. El público completamente entregado y dejándose hacer de todo, y encima del escenario, consciente de lo irrepetible de la ocasión, superando la obvia falta de rodaje con unas ganas que ojalá pudiéramos ver más a menudo en los conciertos. (Eduard Gras)

Come

Audrey
Este es el típico grupo del que uno podría adivinar su procedencia hasta con los ojos cerrados. Destilan ese aura nórdico que tanto parece haberse puesto de moda hoy en día, y, aún así, su sonido se aleja de la accesibilidad y condescendencia que suelen caracterizar a la mayoría de grupos de pop sueco. Alejadas de la radiofórmula, este cuarteto exclusivamente femenino consiguió meterse al público en el bolsillo sin necesidad de aproximarse a él. Frías, distantes, pero extrañamente asertivas, desgranaron los temas de su prometedor The Fierce and The Longuing (Tender Version, 08) con una fragilidad y una desnudez inusual. Emelie Molin, una de las vocalistas, parecía ser una doble de Kirsten Dunst con voz de Björk versionando a Slint o a Mogwai. Una curiosa mezcla que funcionó: tintes de post rock, lírica cruda y grave junto a melodías sencillas y delicadas, oscuridad y surrealismo. Algo así como el acompañamiento ideal para los sueños hipnóticos de los que hablaba Breton. En conjunto, lo de Audrey es un agregado dispar pero efectivo, que no cae (por suerte) ni en lo típico ni en lo tópico, tan glacial como paradójicamente hendible. Y, espérense, porque eso es sólo la punta del iceberg. (Carlota Surós / Dua)

La doble de Kirsten Dunst

Sr. Chinarro
Casi Todos conocemos a Luque y su forma de tocar, como si en realidad no le importara nada. Resulta curioso ver su forma de cerrar los ojos a cámara lenta mientras desgrana sus piezas, con esa indiferencia pretendida que es, a la par, singularmente efectiva. Oscilando entre la melancolía y el humor negro, el sevillano tocó de aquí y de allá haciendo las delicias de los de siempre, pero sin convencer del todo a los escépticos. Y es que su concierto, irregular, alcanzó más de un auge (con ‘Los Ángeles’, ‘La resistencia’, ‘El Rayo Verde’ o ‘el Alfabeto Morse’), casualmente enlazado con los temas de su último disco; pero también más de un deslustre (de la mano de ‘Ésta Tampoco’ y ‘Scalextric B-12’). Y tras temazos y cancioncillas, la cosa llegó a su fin. Luque, que había tocado solo -todo hay que decirlo- se fue como si nada, y, desafortunadamente, «en nada se quedó el montón». (CS)

Sr. Chinarro y el Teatre Principal

Zu
Estos italianos hundieron el Teatre Principal de Castelló con su free-jazz completamente loco. Saxo y bajo distorsionadísimos y un batería completamente fuera de sí, picando contra los cimientos del edificio. Llevaban ellos un arsenal de pedales de distorsión que hacía encajar sus temas con la descripción más libre del free-jazz. Al terminar el concierto, más de uno coincidió que a pesar de no atreverse a escuchar jamás su música en casa, el de Zu tenía pinta de ser uno de los recitales del festival. En definitiva, caña, mucha caña calentando el respetable para lo que iba a venir después… (EG)

Zu, hundiendo el teatro

Dälek
Otra de las sorpresas de la noche fue, a la par, una de las propuestas más arriesgadas del festival: los estadounidenses Dälek. Olvídense del folk, las camisas de cuadros y los ukeleles que han corrido por los escenarios, porque no serían precisamente el paradigma definitorio de esta banda que emerge en nuestro país (pero que ya ha causado estragos en el otro lado del charco). Pronunciados como «di-a-leck», el dúo (convertido en trío para la ocasión) convirtió durante casi una hora el teatro en una enorme jam -en el sentido de abarrotado, no de improvisación- cargada de fluidez, gamberrismo, explosiones disonantes y mucha mala leche. Un ejemplo de vanguardia sin género (su Abandoned Language (Ipecac, 2007) se mueve en el alt-hip hop ruidista e industrial sin establecerse en ninguna parte) y sin pizca de prosodia, que conectó tanto con el público, al que empujó a vaciar los asientos (tras ya seis conciertos ofrecidos) para lanzarse a mover el esqueleto en cualquier recoveco disponible. Tan inesperado como apoteósico. (CS)

Dälek

Fotos de Andrea Valverde i Carlota Surós para Scanner FM

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